Confesión

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Hola C: me reporto hoy porque la semana que viene no subiré, una por la uni, y otra para descansar un poco de Word... tengo otros planes de vida como terminar la construcción de universidad en mis sims 4 y vaguear.

ACLARACIÓN: en el fic aparecerá una palabra "ceceo" para el que no lo sepa, el ceceo es un trastorno fonético (del habla) que impide que los niños o niñas pronuncien correctamente el fonema (sonido) /s/ y /c/ (ce, ci). Cuando un niño o niña habla con ceceo, en vez de decir: /Ayer viajé en bus con mi tía Cecilia/ , ellos dicen /Ayer viajé en buz con mi tía Zezilia/

Pd. Me dio pena escribir este capítulo :c

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Confesión

Durante esa tarde la faelienne se convirtió en el objeto de miradas de muchos y muchas, sobre todo de MUCHAS, guardianas del C.G. En sus rostros, la castaña podía vislumbrar ápices desde el asombro hasta el enfado, eso obviamente no impidió que la humana no se paseara por los pasillos del cuartel ventilando su cabello recién lavado, y como no, si sentía como cada fibra de pelo había quedado a gusto con los costosos productos de su "amigo".

Sin embargo, aunque ese día había probado los mejores productos de baño del mundo, eso no impidió que al pasar cerca de aquellas chicas se sintiera cada vez más y más incómoda. Se sentía como si ella misma fuera un trozo de carne en descomposición y las demás solo fueran un montón de aves carroñeras, aunque, aún sin esas miradas, la castaña ya desde hacía mucho tiempo que las consideraba unas buitres, que lo único que hacían era posarse sobre la sombra de Nevra. Tenía bastante claro que el vampiro no era una paloma blanca que revoloteaba inocentemente por el aire, ya que muchas veces lo vio a él sentado muy a gusto con esas "buitres", pero debía admitir que esas mujeres también alimentaban sustancialmente el egocentrismo del pelinegro.

Ante aquellas ideas que la invadían, la oji violeta negó rápidamente, no iba a caer ante la celopatía de ver al hombre, con quien compartía bellos momentos, compartir otros momentos con otras mujeres, si de algo estaba segura era de que al menos ella tenía la posibilidad de pasar tiempo a solas con Nevra, incluso estaba casi segura de que él nunca había llevado a una muchacha a la ducha como lo había hecho con ella.

-¿Y si ya lo ha hecho antes? Por algo no tuvo muchos reparos en comenzar a quitarse la ropa... frente a mí. –susurró muy despacio mientras agachaba la cabeza.

Aunque no lo quisiese admitir, esas "dudas" la comenzaron a invadir toda la tarde, a tal punto, que en ella entró aquel bichito que corrompía, de alguna manera, aquel depósito de confianza que tenía en el azabache.

Con algo en el estómago, caminó hasta su habitación con el fin de descansar un poco. Se recostó encima de su cama mientras miraba al techo. Su mano llegó hasta el primer cajón del mueble de al lado, y de ahí sacó una hermosa gargantilla de plata. Al abrirla, vio dos hermosas fotos, una de su madre y la otra de su padre.

-Para que siempre estemos juntos...

Recordó aquellas palabras que una vez le dedicaron, aquellas palabras que, en el ahora, le desgarraban el alma. Quizás por la noche nublada, o quizás porque la única luz estable que podía encontrar en ese momento era la de una vela, comenzó a sentir dolor, ese dolor que llega cuando sientes que alguien falla. Volvió a colocar cuidadosamente el collar de fotos en el cajón, barrió el dolor y se dirigió hasta la cantina.

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-Ahora no lo puedes negar... antes de que te fueras a la misión te vimos dándole un beso en la boca. -habló Ezarel mientras tomaba una cucharada de sopa.

Te recuerdoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora