Te recuerdo, parte 3

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-Cariño, estás bien. –mi madre se acercó para abrazarme mientras yo correspondía con una sonrisa sincera.

Mi padre, por otro lado, me tomó de la mano y me acarició.

-No te imaginas lo mucho que te extrañamos. No debiste irte de esa manera, estábamos tan preocupados.

Las lágrimas comenzaron a recorrer mi rostro, más no me importó que ellos me vieran.

-No se imaginan cuanto los extrañé... papá, mamá... los amo tanto.

-También te extrañamos, cariño. –vi que una lágrima se desprendía de los ojos de mi madre.

Mis ojos se enfocaron en mi cuarto hasta dar con un espejo que mi abuela me había dado hace años. Allí vi mi reflejo, mi yo de 15 años... mi pelo corto y mis facciones de niña aún seguían impregnadas allí... recordé un episodio en donde tuve una pelea con mi mamá y salí corriendo bajo la lluvia, esa misma tarde me encontraron preocupados y me llevaron a la casa.

-Yo recuerdo esto... -murmuré con una sonrisa mientras ellos comenzaban a desaparecer frente a mí. –no se imaginan lo mucho que los extraño. –sonreí triste.

Todo era un recuerdo, yo no estaba junto a mis padres, todo era un sueño... una alucinación hecha por la fiebre.

Desperté cuando sentí un par de manos cálidas entre las hebras de mi cabello, era como un tierno masaje, algo que calentaba mi pelo húmedo.

-Júrame que nunca cortarás tu hermoso cabello. –abrí los ojos y vi a Nevra cerca de mí; yo ya no estaba en mi habitación del mundo humano, estaba en la casa del líder de guardia Sombra.

Me sonrió suavemente hasta que vio mi rostro lleno de tristeza por aquel recuerdo que me hacía daño.

-¿Qué pasó? –preguntó, más yo no respondí a su pregunta.

Suspiró y se alejó un poco de mí. Sacó una toalla del closet y envolvió a Shaitán en ella; lo estaba secando.

-Quédate cerca de la chimenea, Shaitán, lo que menos quiero es que tú también te enfermes.

Me miró por última vez para luego salir de ahí, y para cuando volvió, traía en sus manos una taza de té. Se aceró hasta mí y con una mano me ayudó a enderezarme de la cama mientras que, con la otra mano, sostenía la taza caliente que segundos después me ofreció. Fue a buscar dos jarabes y los puso encima de la cama. Sacó mi cuchara de la taza y abrió el primer jarabe.

-Ten, tomate eso. –me ofreció el remedio. Yo tomé la cuchara y bebí su contenido dulce como las frutillas. Luego él volvió a tomar la misma cuchara, abrió el otro jarabe y volvió verter su contenido en la cuchara.

-¿Q...ue? –de mis labios salió una voz carrasposa.

-No. –negó, el vampiro. –No hables... tomate ese té. Te hará bien.

-P...e. –de mis labios volvió a salir una voz que no era mía.

-No hables, te hará daño. -Se levantó de la cama y caminó hasta una caja que tenía, de allí sacó un cuaderno y un lápiz. Llegó hasta sentarse otra vez en la cama y me tendió las cosas que había sacado. –Lo que quieras decirme, quiero que lo escribas mejor.

-"Solo si tu escribes también". –escribí en el cuaderno, me imaginé algo muy parecido a los chats que había en mi mundo.

-Aah, quieres hablemos por "carta". –sonrió. Yo asentí.

Me quitó el cuaderno y escribió:

-"Entonces hablemos por acá".

Yo leí y sonreí disimuladamente.

Te recuerdoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora