6. Mensaje

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—Okey, ha llegado la hora —anunció Marco en un tono un tanto fatalista.

Las clases del día finalmente habían terminado. Era la hora en la que Gabriel debía reunirse con Felipe para cualquier cosa que este quisiera tratar con él.

—Tranquilícense, chicas —les dijo el chico de aura azul a Adriana, Vanya y Lorena al ver sus expresiones. Resultaba obvio que ellas pensaban lo mismo que Marco, que aquello se trataba de una trampa—. No me va a pasar nada. Solo tendré que levantar un muro con mi aura y Marco y yo estaremos protegidos. Digo, en caso de que realmente fuera una trampa con un montón de Neumas y Carneros esperándonos.

—¡Gabriel! Ese tipo de cosas no son una broma —le señaló Lorena algo enfadada.

—Ya lo sé —apuntó el joven Costa intentando tranquilizar a las muchachas con una sonrisa—. Por eso llevo a Marco.

—¿Qué sucede si ellos neutralizan con facilidad a Marco? —inquirió Vanya inmediatamente.

—Marco no es fácil de neutralizar, al menos eso creo —contestó Gabriel con una ligera duda en la voz mientras miraba a su amigo.

Por su parte, el chico Martínez solo le regresó la mirada al otro alzando las cejas.

—¿Piensas comerte a Marco o qué, Gabi? —interrogó en ese momento Xóchitl, quien se había acercado al grupo acompañada de José Luis.

Ambos jóvenes interpelados enrojecieron con aquello inmediatamente. Gabriel no tardó mucho tiempo en cambiar la dirección de su mirada hacia el suelo.

—¡Ay, Xóchitl! —exclamó Lorena sin poder disimular una sonrisa. Siempre le hacían reír las ocurrencias de su compañera cuando no iban dirigidas directamente hacia ella.

—¿Qué? —dijo a modo de respuesta la joven con una gran sonrisa burlona—. ¿Qué no viste la mirada de lujuria con la que lo veía?

—¡No era una mirada de lujuria! —espetó Gabriel rápidamente mientras se tensaba.

—¿Entonces por qué te pones rojo? —preguntó Xóchitl tranquilamente ante la actitud de su compañero.

—Acuérdate, ¿eh? —añadió Chelis—. El cuerpo nunca miente.

Para cualquier que mirara la escena resaltaba que la situación estaba incomodando a Gabriel, pero al menos había tenido un efecto positivo. Las tres amigas del chico ya no se encontraban nerviosas, sino más bien se estaban esforzando por contener la risa ante lo que sucedía.

—Ay, ¿saben qué? Yo me voy —anunció Gabriel para después comenzar a despedirse apresuradamente de sus amigos.

—Espérame, que voy contigo —le recordó Marco, quien el movimiento de Gabriel lo tomó algo desprevenido.

—A estas horas si quieren estar solos les recomiendo las canchas —comentó entre risas Xóchitl.

Marco y Gabriel volvieron a ponerse rojos mientras se retiraban del salón de clases para posteriormente dirigirse al lugar donde esperaban encontrarse con Felipe.

—No deberíamos hacerle caso a Xóchitl, ¿sabes? Dice muchas tonterías —comentó tras un rato Gabriel. De cualquier forma, todavía se notaba cierta pena en el tono de voz del chico.

—Sí, ya lo había notado —contestó el otro muchacho para después soltar una risita nerviosa.

Si era totalmente sincero consigo mismo, Marco debía aceptar que el comentario de su compañera lo había puesto a pensar. Había estado tan ocupado negando lo que sentía por su amigo que no se había puesto a pensar qué podría ocurrir si en algún caso llegaban más allá. La idea de estar con Gabriel le parecía sumamente atrayente después de eso.

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