3. Reunión

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—¡Fue su culpa! —gritó una voz con fuerza.

Sebastián se encontraba en uno de los mundos paralelos donde se escondían los Neumas. Aquel mundo en especial era sumamente conocido por ellos y los Carneros, ya que ahí era donde los Neumas que se encontraban libres solían reunirse. Aquello se debía sobre todo a que ese mundo en particular tenía la forma del antiguo salón del trono de la Atlántida. En aquella ocasión, el objetivo de la reunión parecía ser una especie de juicio en contra del Carnero de aura roja.

—No fue la culpa del chico —intervino Venus, con lo cual todos se quedaron callados. Nadie se atrevía a interrumpir a la antigua diosa del amor y la belleza—. Belial y su arrogancia fueron los únicos culpables de su caída. Este chico fue más listo que su maestro y decidió retirarse cuando tenían alguna oportunidad. Belial decidió quedarse a luchar solo y pagó las consecuencias de sus actos.

—¿Cómo te atreves a decir algo como eso, Afrodita? —le inquirió Hermes, quien tenía como siempre su rostro escondido bajo su casco—. Nosotros hemos ayudado a cada uno de nuestros discípulos mostrándoles los secretos de la magia, secretos que permanecen ocultos para los seres humanos actuales. Lo menos que podríamos pedir a cambio es un poco de lealtad.

—Belial siempre me aseguró que yo era libre de hacer lo que quisiera —habló con voz fuerte y clara Sebastián, con lo cual consiguió captar la atención de los Neumas y Carneros reunidos en la habitación—. No tengan duda de que mi lealtad está con todos ustedes y, si dejé a Belial en contra del joven maestro Alejandrino y el chico de aura azul, no fue porque antes no haya intentado convencerlo de que la mejor idea era la retirada.

—Incluso así —expresó Argos—, por tu culpa hemos perdido a nuestro más poderoso aliado.

—Yo también tengo mucho poder —contestó Sebastián—. Les aseguro que seguiré usándolo para lograr el regreso de todos ustedes a la Tierra, si me lo permiten.

Un solitario aplauso se escuchó entre los presentes. Todo mundo volteó y se encontró con una chiquilla de no más de veinte años con el cabello y la ropa negras. Tenía facciones afiladas, cara alargada y nariz ligeramente puntiaguda.

—Un excelente discurso propio de un Carnero —opinó la chiquilla.

—¿Quién eres tú? —inquirió Alatiel, quien se encontraba al lado de su maestra Afrodita.

—Mi nombre es Thiana —contestó la muchacha—. Estoy aquí por la misma razón que todos ustedes, para asegurar el regreso de los Neumas a esta Tierra. No deben llorar por Belial, ya que un poder más grande que él ha llegado en su ayuda.

—¿Te refieres a ti? —inquirió burlonamente Hermes—. ¿Tienes tú un poder mayor que el de Belial? No me hagas reír. ¿De quién es aprendiz esta chiquilla? Es obvio que no sabe nada de lo que podía hacer Belial.

En ese momento Sebastián vio que Fobos y Deimos daban un par de pasos alejándose de aquella muchacha. El joven no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la columna vertebral al ver aquello. La fortaleza de Fobos y Deimos radicaba en que asustaban a su enemigo y de esa manera ellos obtenían más fuerza. Jamás los había visto retroceder con precaución en ninguna circunstancia, ni siquiera en presencia de Belial.

—Mejor no la hagas enojar, Mercurio —expresó la voz de un Neuma que de repente surgió de entre las sombras detrás de la chiquilla—. No querrás que utilice sus poderes contra ti.

—¡Imposible! —exclamaron varios de los presentes en la sala, especialmente los Neumas.

Por su parte, el Carnero de aura roja no entendió aquella reacción de sorpresa. Era obvio que se trataba de otro Neuma, aunque desconocido para él, que llevaba una túnica negra y un casco de guerra. Su tono de piel era morado y sus largos dedos terminaban en unas garras terroríficas. Sin saber por qué, aquel Neuma le repugnaba más que cualquier otro que hubiera conocido antes.

—Yo soy el maestro de Thiana, Mercurio —anunció el Neuma recién llegado poniendo una mano sobre el hombro de su alumna—. Ella encontró el mundo donde estaba encerrado y me ayudó a escapar de él, cosa más asombrosa que la que haya hecho cualquiera de los aquí presentes.

Un silencio absoluto se apoderó de la estancia. De repente la mayor parte de los Neumas parecían estar atemorizados, con lo cual lograron sembrar la confusión entre sus pupilos.

—Este debe ser todo un banquete para Fobos y Deimos —comentó como si nada el Neuma recién llegado mientras se contemplaba una mano—. Quizás deberían aprovechar toda esta energía para regresar al mundo de su maestro y liberarlo.

—¿Quién es usted? —inquirió Sebastián imperativamente.

Muchos Neumas lo miraron como si estuviera totalmente loco, pero el joven se había cansado de sentirse confundido.

El ser de piel morada lo miró fijamente con una mirada de desdén durante un momento antes de abrir la boca.

—Nadie me habla así —le contestó el Neuma antes de alzar su mano rápidamente y lanzarle un rayo de energía.

Afortunadamente, Sebastián actuó rápidamente. Levantó su mano y lanzó igualmente otro rayo para contraatacar. Dicen que la mejor defensa es un buen ataque y al menos el Carnero pensaba que en su caso era especialmente cierto. Cuando ambos rayos colisionaron el chico de aura roja descubrió con sorpresa que eran del mismo color.

El Neuma también se había quedado sorprendido. Evidentemente no se esperaba algo como aquello.

—¡Vaya, vaya! —exclamó el Neuma con algo de complacencia—. Aunque había conocido a unas cuantas otras personas con el aura roja jamás había conocido a alguien que tuviera una potencia como la tuya. ¿Cómo te llamas?

—Creo que yo hice esa pregunta primero —contestó Sebastián con la guardia en alto, listo para lanzar otro rayo en caso de ser necesario.

—Ja, ja, ja —se carcajeó el ser—. Tienes agallas y eso me gusta. Sin embargo, me sorprende que siendo un Carnero no hayas oído hablar de mí. ¿Me estás diciendo que tu maestro nunca te habló del Neuma que poseía el aura roja más poderosa conocida? Digo, yo en su caso jamás habría dejado pasar esa información considerando que también tu aura es excesivamente poderosa.

—Plutón —susurró el Carnero comprendiendo de pronto todo. Belial le había hablado de aquel Neuma de aura roja en un par de ocasiones.

—El mismo que viste y calza —contestó el antiguo dios de los muertos—. Ahora es tu turno.

—Soy Sebastián —contestó el muchacho con una ligera reverencia—. Carnero exaprendiz de Belial.

—Vaya, vaya. ¿Quién lo diría? —inquirió en tono irónico Hades—. Belial entrena a un chico de aura roja mientras que yo entreno una chica de aura negra. ¡Qué agradable coincidencia!

Algunos de los presentes ahogaron un grito mientras todos volteaban a ver a la chiquilla que acompañaba al Neuma. Sin embargo, al parecer el recién llegado no tenía tiempo para más explicaciones.

—De acuerdo —expresó Plutón—. Al parecer tienen bastantes problemas. Así que un chico de aura azul se ha unido a los Alejandrinos.

El Neuma miró a su alrededor al parecer esperando que alguien confirmara lo que acababa de decirles. Al ver que nadie iba a tomar la palabra el Carnero de aura roja decidió intervenir.

—Su aura es extremadamente poderosa, tanto como la mía —respondió el muchacho—. Sin embargo, la última vez que lo vi solo sabía usarla para golpear y patear.

—Pero cada día tiene la posibilidad de aprender más cosas y, estando de parte de nuestros enemigos, seguramente contará con el mejor maestro que estos le puedan conseguir —afirmó Plutón—. Tenemos que detenerlo y matarlo lo más pronto posible.

—Ninguno de nosotros tiene la fuerza necesaria para eso —repuso Hermes.

—Exacto, ninguno de ustedes podrá hacerlo —coincidió Plutón—. Pero yo y mi discípula podremos hacerlo. No se preocupen por eso.

Sebastián miró a la chica dándose cuenta de que Fobos y Deimos se encontraban lo más lejos posible de ella. ¿Debería temerla también él, aunque tenía el aura de color rojo puro?

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Bueno, en esta ocasión nuestros protagonistas quedaron un poquito de lado para que pudiéramos contemplar lo que pasa en el bando enemigo. ¿Cómo podrán los Alejandrinos enfrentarse a estos nuevos y poderosos enemigos?

Libro AmarilloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora