26. Avances en el entrenamiento

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El tiempo comenzó a ser una noción confusa para los chicos. Racionalmente sabían que los días pasaban, sin embargo, su noción de los acontecimientos variaba. Mientras sus entrenamientos continuaban con Marco, sentían que llevaban toda una vida practicando magia; en tanto que los trabajos escolares les recordaban que apenas un año atrás aquellas eran todas sus responsabilidades.

Los entrenamientos como Alejandrinos solían celebrarse dos o tres veces por semana, dependiendo de la cantidad de trabajo escolar que les dejaran en la preparatoria. Gabriel y Lorena estaban siempre presentes cuando se citaban en casa de Octavio, aunque no se podía decir lo mismo de los demás. Adriana faltaba a una de cada dos citas, mientras que Vanya y Chelis lo hacían en una de cada tres. No habían conseguido una buena respuesta que justificara las ausencias de las chicas, ya que solían contestar con evasivas; sin embargo, todos reían cada vez que José Luis contaba el motivo de sus ausencias. Xóchitl podía no ser una novia celosa, pero sí algo empalagosa en el sentido de que le gustaba pasar demasiado tiempo con Chelis. El joven no se quejaba, después de todo se divertía a lo grande junto a su novia, no en el sentido romántico y pasional como la mayoría de las parejas lo hacían (aunque también tenían sus episodios de esa clase), sino más bien como un par de buenos amigos que disfrutaban de pasar tiempo juntos. Sin embargo, a veces Xóchitl parecía tener una habilidad asombrosa para adelantarse a los planes de Marco y citar a Chelis antes de que pudieran concretar los Alejandrinos un entrenamiento. En una ocasión en que José Luis había estado libre incluso Xóchitl fue por él hasta a su casa como parte de una sorpresa que le había preparado. Además la chica mostraba un vivo interés por las actividades de su novio en compañía de sus amigos, así que muchas veces José Luis prefería mantenerla apartada para que los demás pudieran hablar con tranquilidad de sus asuntos sin que Xóchitl estuviera escuchando.

—Tristemente ese es uno de los problemas más comunes cuando los Alejandrinos buscamos pareja —comentó un día Marco—. ¿Cuáles son nuestras posibilidades de encontrar a nuestra alma gemela dentro de la sociedad Alejandrina? Muy pocas, la verdad.

—Pero Chelis tiene contacto con un maestro Alejandrino —opinó Gabriel—. ¿No podrías hacer que Xóchitl forme parte de los Alejandrinos?

—Quizás podría planteármelo si no estuviera tan ocupado con todos ustedes —contestó el joven Martínez.

En aquello tenía razón. Lorena en lo personal se sorprendía de que Marco hubiera dicho unas semanas atrás que ya solo les hacían falta unos cuantos detalles para pulir y que hubiera tomado en serio la propuesta de irse a Inglaterra. Había un montón de cosas nuevas que el joven les estaba enseñando y obviamente los muchachos necesitaban vigilancia para no hacer un desastre con aquello.

No obstante, a pesar de la vigilancia que Marco mantenía sobre ellos no podía evitar un par de desastres, como cuando Vanya se teletransportó a la escuela en lugar de hacerlo a un terreno baldío al que Marco los había llevado teletransportándolos él mismo. Sin embargo, la chica Lima aparentemente no se concentró realmente en aquel terreno y acabó apareciendo en un salón de la escuela frente a un grupo de chicas que se quedaron anonadadas cuando la vieron aparecer entre una nube de luz rosa. Le costó mucho trabajo a Marco encontrar a aquellas jóvenes y borrarles la memoria antes de que le contaran a alguien más lo sucedido. Lamentablemente, el problema no acabó ahí. A los chicos Alejandrinos les había tocado ver una escena un tanto triste cuando una de las muchachas desconoció a su novio, quien la cortó en ese instante molesto.

—¡Demonios! —exclamó Marco contrariado—. Se me fue la mano.

—Bueno, los hechizos sobre la memoria rara vez son precisos, como tú nos dijiste en el pasado —opinó Gabriel tras soltar un gran suspiro—. Si la chica tenía en la cabeza contarle la experiencia de aparición de Vanya a su novio no es tan sorprendente que te hayas jalado también los recuerdos asociados al chico.

Después de ver eso, Lorena se dio cuenta de que no tenía intenciones jamás de realizar un encantamiento de memoria. Pensó que el semestre pasado se le había pasado por la cabeza la idea de usar uno sobre Gabriel para mantenerlo alejado de la sociedad Alejandrina por su "propio bien". No quería ni imaginarse qué lagunas podría haberle provocado a su amigo borrando su memoria en contra de su voluntad, incluso si su magia no hubiera afectado fácilmente al joven gracias a su don.

Por su parte, el joven Costa no había querido probar la teletransportación, si bien era algo que podía intentar por su cuenta sin que se le pudiera atribuir a Marco el habérselo enseñado. No obstante, él creía que dado que aún tenía problemas con otra clase de hechizos, no lograría hacer una teletransportación adecuada y que lo más probable era que se terminara teletransportando a Japón o a Corea.

—¿Por qué a Japón o a Corea? —inquirió con el ceño fruncido Marco una vez que su amigo hubo expuesto lo que pensaba.

Por toda respuesta, el joven de aura azul soltó una risita nerviosa. Los demás pensaron que Marco se estaba haciendo tonto él solo, ya que solo tenía que recordar lo que sucedió cuando Gabriel conoció a Hiroshi para saber por qué pensaba que podía terminar en Japón o Corea.

Afortunadamente, incluso con su reveses, el entrenamiento de los chicos avanzaba, a veces lentamente y otras con una rapidez inusitada. Gabriel podía cometer errores con la mayoría de los hechizos, sin embargo, aquellos que implicaban transformaciones le salían a la perfección (aunque a veces no convertía las cosas en lo que debía). Lorena había mejorado sus poderes con la naturaleza y había empezado a hacer crecer plantas con magia, una tarea ardua, difícil y tardada que sin embargo le gustaba bastante. Le encantaba ver como las flores se abrían gracias a su habilidad con la magia. Los golpes de José Luis con su energía cada vez se volvían más certeros (era capaz de disparar a un objetivo en movimiento ocho de cada diez veces) y de acuerdo con Marco su potencia parecía incrementarse cada vez. Adriana descubrió ser tan hábil con los escudos físicos como lo había sido con los escudos meramente mágicos y, aunque Vanya en ese aspecto no había resultado ser tan buena, sus escudos mágicos habían aumentado hasta tal nivel que incluso competían con la magia de Gabriel. Marco podía lanzarle los encantamientos más fuertes que se le ocurrían pero no lograba traspasar las barreras que conjuraba Vanya.

Sí, los muchachos mejoraban notablemente a cada paso que daban. A veces les daba la impresión de que nada podría detenerlos, ni siquiera la amenaza de la chica de aura negra que Marco y Gabriel se habían encontrado el otro día. Sí habían logrado derrotar a Belial anteriormente, ¿por qué no iban a poder derrotar también a esa chica?

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