Raoul, Agoney y Cepeda bajan en el ascensor del hotel que ya se ha convertido en su segunda casa. Hablan divertidos, comparten anécdotas y bromean poniendo caras feas en el espejo del fondo.
Cuando llegan al piso de abajo y las puertas se abren, Raoul hace ademán de salir, pero Cepeda se le adelanta, frenándole con una mano en el pecho, que provoca que se quede congelado en el sitio. ¿Qué?
El gallego sale de la caja metálica, mira a su alrededor un momento y anuncia.
—Todo bien.
Agoney le sonríe y sale del ascensor, dejando a Raoul dentro y sin entender nada.
Cuando han avanzado un par de pasos, el canario se da cuenta de que no les sigue y se da la vuelta.
—Amor, ¿qué pasa?
—¿Por qué Cepeda no me ha dejado salir? —pregunta el rubio con cara de extrañeza, avanzando y dejando atrás el aparato que cierra las puertas a su espalda.
Agoney se ríe suavemente y se acerca a él para explicarle.
—Es deformación profesional. Lo hace sin querer.
Raoul se gira para confirmarlo con el guardaespaldas.
—En mi trabajo no puedes dejar nada al azar. Siempre tengo que estar atento para localizar a cualquier loco que quiera molestar a Agoney. Por eso a veces lo hago aunque no haya ningún peligro cerca. Lo siento, tendría que haber avisado.
El rubio observa fijamente a Cepeda, intentando averiguar si le está diciendo la verdad o si le está vacilando. Pero la mirada limpia de ambos le hace pensar que es posible que no le estén engañando.
—¿De verdad?
Ambos asienten con una sonrisa y Raoul decide creerles, aunque algo en su interior sigue sospechando que le están gastando una broma.
¿En serio es tan peligroso ser alguien como Agoney que tiene que llevar siempre a un tío pegado al culo?
Pero sus dudas se disipan cuando llegan a la puerta del comedor del hotel y todas las cabezas de los huéspedes se giran de golpe para mirarles.
Las conversaciones se van cortando, dejando en su lugar un silencio sepulcral que nadie parece llenar. Solo se rompe cuando una empleada del hotel les saluda.
—Eh... buenas noches. Yo... —titubea un instante sin poder apartar la mirada de Agoney.
Por eso Raoul decide intervenir.
—Thalía, cariño, tenemos la mesa 26 reservada para tres personas. Supongo que estará a su nombre. —dice, señalando al cantante que mira a su alrededor, algo incómodo por la situación.
—Ah, sí... —La chica rebusca entre sus papeles hasta que da con el nombre que buscaba y trata de calmar su respiración para volver a ser la profesional que es —Síganme por aquí.
Les hace un gesto con la mano y se dirige hacia el fondo del restaurante mientras los tres chicos la siguen a poca distancia. Raoul acelera el paso para llegar a la altura de su compañera.
—Si puedes ponernos los paneles para aislarnos, te lo agradecería.
Pero la chica no le está escuchando. Solo le susurra al oído exaltada, mientras camina sin parar.
—Raoul, ¡dime que no!
—¿Qué pasa? —pregunta, al mismo volumen.
—Mira que Miriam me dijo que te gustaba uno de los huéspedes del hotel, pero... ¿Él? ¿En serio? ¿Precisamente él?
Raoul deja ir una carcajada suave antes de responder.
—Sí, él. Tampoco pasa nada. Todos nuestros huéspedes son gente importante y, en muchos casos, famosa. Estás acostumbrada a rodearte de músicos.
—Ya, pero no siempre uno de mis compañeros se los está tirando en la suite presidencial. Raoul, ¡reacciona! ¡Dime que no es fuerte!
—Fortísimo. —reconoce el rubio, dedicándole una sonrisa y alejándose de la chica cuando llegan a la mesa 26 y busca una de las sillas para sentarse en ella.
Agoney y Cepeda se dirigen a las otras dos que han quedado libres y se sientan a su vez. El cantante ha elegido el sitio encajado en una esquina, frente a Raoul, mientras que el guardaespaldas ha optado por quedar en el sitio que da al resto del local. Seguramente, para frenar una posible horda de personas que quieran acercarse al canario durante su cena.
Thalía se despide de ellos amablemente y les insta a que elijan uno de los platos de la carta para que los camareros se lo sirvan lo antes posible.
Se le nota nerviosa. No para de alternar su mirada entre Agoney y Raoul y sus mejillas se encienden un poco cuando se aleja.
Pero, cuando considera que está lo suficientemente lejos como para que nadie la vea, se gira de nuevo y busca los ojos de su compañero para vocalizar un "Estoy flipando" que provoca una carcajada en el rubio que hace que la chica siga su camino más que avergonzada.
—¿Qué te ha dicho? —pregunta Agoney.
—Me ha dicho que está flipando.
—¿Nunca ha visto una cena romántica de tres amigos? —bromea.
—Romántica y de tres, me gusta la idea. —Le sigue el juego con los ojos entrecerrados.
—Ah, no. A mí no me metáis en vuestras cosas. —pide Cepeda —Yo solo estoy trabajando. El romanticismo os lo dejo a vosotros.
—Cepeda, no seas aburrido, anda. —Agoney forma un puchero con sus labios y el guardaespaldas rueda los ojos —Si en el fondo eres un bollito.
—Yo soy un bollito si tú quieres, pero la próxima vez que queráis "hacer ruido" en tu habitación —marca unas comillas con los dedos y Raoul se sonroja cuando lo entiende —avisadme para que me baje a dar una vuelta, por favor.
Agoney se ríe de nuevo y coge a Raoul de la mano cuando se da cuenta de que va a explotar de la vergüenza.
—A la próxima te avisaremos para que puedas darte a la fuga. ¿No, amor?
Y Raoul asiente rápidamente porque lo único que pide es que esa conversación termine lo antes posible.
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Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
