744 horas en cuarentena

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-¡Hombre, guapo! ¡¡¡Al fin te veo!!! Pensaba que te había superado la situación y habías salido del hotel corriendo a pesar de la cuarentena.

Raoul se gira en cuanto escucha la voz de Aitana que le asalta nada más entrar a la cocina. La reconocerían en cualquier parte.

-Sí, hombre, tengo dinero como para jugármela a una multa. ¿Tú quién te crees que soy ahora? -bromea su amigo de vuelta, mientras la chica se acerca a él y le abraza a modo de saludo -Hola, bonita. -Le da un beso en la mejilla y espera a que ella se lo devuelva.

Sin soltar su agarre, Aitana comienza a hablar.

-¿Cómo es que tengo el honor de coincidir con un personaje de tanta fama como tú? -pregunta, rimbombante y fingiendo una reverencia exagerada ante él.

-Eres idiota, Aitana. -El rubio se carcajea y comienza a recoger las fuentes que le han preparado los de la cocina para subirlas a la suite presidencial.

-Seré idiota, pero ayer mi madre me llamó porque te había visto en un programa de cotilleo.

Raoul bufa, agotado.

Los dos últimos días han sido una auténtica locura. No tanto por los miles y miles de privados que siguen llegando a sus redes sociales, ni por las llamadas bromistas de sus amigos que le han visto en medios digitales. Sino porque ayer consiguió calmar un poco a Agoney y logró que, después de cenar, se sentaran a ver una película en la tele antes de irse a dormir.

Pero la felicidad apenas había durado unas horas, porque, nada más levantarse, el canario había salido rapidísimo de la cama, móvil en mano, para despertar a Cepeda y culparse una vez más por todo lo que había pasado.

No es culpa suya y Raoul no se cansa de repetírselo, pero no puede evitar que se sienta así todo el tiempo.

-Estoy un poco cansado, la verdad. -reconoce finalmente.

-¿Por qué?

-Porque Ago no está bien. No hace más que preocuparse por mí y porque yo no me agobie, cuando el único que está agobiado de verdad es él. Sí, es cierto que tengo que acostumbrarme a salir sin camiseta en las portadas, pero sé que esto pasará pronto, en cuanto haya algún otro famoso al que acosar.

-Pero también entiéndele. Si no fuera por su fama, tú no serías nadie interesante al que acosar. No es por su culpa, pero sí es por su causa. Es una mierda, pero hay poco más que hacer. Además, estamos encerrados y eso acaba volviendo loco a cualquiera. No se lo tengas demasiado en cuenta.

-Intento no pensarlo demasiado, pero es muy difícil verle así y no recordarlo a cada segundo. Él está fatal. Se culpa muchísimo, más de lo que debería y no sé cómo hacerlo para que se relaje.

-Bueno, siempre puedes recurrir a tus artes de seducción, rubito, que creo que alguien me contó alguna vez que se te daban bastante bien -Guiña un ojo, retándole y pensando que eso le sacará de la preocupación, pero Raoul solo niega con la cabeza y continúa.

-Qué va, Aitana. Esta mañana lo he intentado y no ha habido manera.

Apenas unas horas antes, Raoul se había propuesto hacerle cambiar de idea. Al salir de la ducha, no se había vestido ni se había secado el pelo. Solo había rodeado su cadera con una toalla y se había dirigido a la habitación del canario, en la que un Agoney triste se encontraba recostado en la cama.

Se había acercado a él, había gateado por la cama, tentándole, provocándole a conciencia. Y se había colocado sobre él para morderle los labios y besarle el cuello con toda la sensualidad del mundo, todavía con el pelo mojado que no dejaba de gotear por su frente.

Pero apenas habían sido unos besos apasionados, unos ojos brillantes de excitación, algún que otro roce más de lo normal antes de que la culpa volviera a sustituir a la tristeza. Agoney había acabado pidiéndole que se vistiera y le abrazara, porque no tenía ganas de nada más que de sentir su calor rodeándole.

-Y tú, ¿cómo estás? -pregunta Aitana, acercándose a él preocupada.

-Yo bien. Quiero decir, no me hace gracia, entiéndelo. Apenas acabamos de empezar a salir y no sabemos cómo va a funcionar esto una vez estemos fuera, pero... está muriendo gente en los hospitales. Que los medios digan que soy el novio de mi novio tampoco me parece tan grave. Yo ya sabía quién era Ago cuando le conocí y me dio exactamente igual.

-Te daba tan igual que te enamoraste de él.

-Sí. -Raoul se sonroja involuntariamente y Aitana se abraza a su cuello, mimosa.

-Sois tan monos.

-Bueno, ya te estoy viendo. Es cuestión de tiempo que te crees una cuenta de twitter y te pongas a shippearnos en público. -emite una carcajada y la chica se separa de él -¿Sabes que hay un grupo de fans de Agoney que ahora se autodenominan "ragos"?

-¿Ragos? -pregunta intrigada.

-Sí. De "Raoul" y "Ago", "Rago", ya sabes.

Ambos se ríen hasta que Aitana vuelve a intervenir.

-Creo que es el mejor shipname de la historia. ¡Suena cuqui y todo! -la chica le abraza de nuevo y le grita en el oído involuntariamente.

-Te dije que te iba a encantar ese grupo.

-En cuanto termine el turno, voy a descargarme twitter -se ríe en su oreja y Raoul ríe con ella.

-No esperaba menos de ti.

-Pero, si me hago rago de esas, quiero ser tu rago favorita. -dice.

-Ese privilegio siempre será tuyo, ya lo sabes.

Un guiño compartido y una nueva risa que llena el corazón de Raoul de fuerzas para subir a la habitación a seguir dándole motivos a su chico para volver a sonreír.

Quarantine |Ragoney|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora