624 horas en cuarentena

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Una noche más en la que Raoul se prepara para salir a cantar. Se mira al pequeño espejo que tiene en el camerino y canta una escala para confirmar que su voz está caliente.

Lo está. Lleva ya un buen rato entonando algunos de los temas que va a cantar y moviendo los dedos con velocidad para asegurarse de que da las notas que desea cuando se ponga ante el piano.

Es su rutina en días de espectáculo. No son todos, pero sí son muchísimos en todo el tiempo que lleva trabajando allí. Ya lleva varios conciertos a las espaldas, pero no puede evitar seguir poniéndose nervioso.

Reconoce las cosquillas en el estómago, la respiración un poco más acelerada de lo habitual y cómo su corazón bombea con fuerza contra su pecho.

Respira hondo una vez más y pregunta, dándose la vuelta.

-¿Cómo lo haces, amor?

Al otro lado le recibe Agoney, sentado en el sillón del camerino, con el móvil entre las manos leyendo sus redes sociales.

Cierra todas las aplicaciones y bloquea el teléfono mientras le habla.

-Cómo hago, ¿el qué?

-Cómo lo haces para no tener nervios.

Al canario se le escapa una carcajada mientras guarda el aparato en el bolsillo y se cruza de piernas para responder.

-Tengo nervios cada vez que tengo que cantar, mi niño.

-Ya, pero cómo canalizas todo el agobio antes de actuar delante de miles de personas. Si yo tengo un público de poco más de cien personas y siempre tengo la sensación de que me voy a hacer pis encima...

-Pero los nervios siempre son los mismos. No importa cuántas personas hayan ido a verte. Todas ellas se merecen que des lo mejor de ti cada vez.

-La verdad es que hoy me apetece muy poco salir a cantar.

-¿Por qué? -pregunta Agoney, intrigado.

-Porque, joder, después de lo del otro día... Pienso que esas mismas personas que nos obligaron a salir corriendo del restaurante son las que hoy están ahí sentadas y solo quiero llorar.

El canario se levanta del sillón y camina lentamente hacia su chico hasta llegar a su altura. Le deja un dulce beso en la mejilla y vuelve a hablarle.

-Cielo, lo que viviste fue horrible y lo reconozco. Pero no puedes dejar que esa gente te impida hacer lo que más te gusta en el mundo.

-Pero es que no se merecen que les regale mi tiempo, ni mi esfuerzo, ni mi voz. Ni nada. -resopla frustrado y se lleva las manos a la cabeza, porque no quiere, joder. No quiere y es la primera vez que no se muere de ganas por pisar el escenario y sentarse ante el piano.

-Eh, eh, calma, Raoul. -Coloca sus manos sobre los hombros del chico y le mira fijamente a los ojos para que le preste atención -No pienses en ellos. Piensa en el resto. En todas las personas que se quedaron quietas en sus sitios sin acosarnos. En todas las que ni siquiera estaban y que hoy quieren darle una oportunidad a tu música. Y piensa en mí. Piensa que bajé de la habitación solo para verte encima del escenario.

Sonríe dulce y Raoul se da cuenta de que tiene razón. De que todo vale la pena si solo hay una única persona que ha ido allí porque disfruta viéndole cantar.

-Tienes razón, Ago. -dice, acariciando las mejillas de su chico, que le da un beso en los labios que provoca una sonrisa involuntaria en ambos -Voy a salir y voy a cantar mejor que nunca. Para ellos. -respira hondo y termina -Y para ti.

Agoney coge la mano de Raoul y la besa con ternura antes de dar un paso atrás y dejar al rubio con una sonrisa enorme que se da la vuelta y se dirige al escenario que le espera a solo un pasillo de distancia.

El cantante cuenta hasta diez y le sigue a una distancia prudencial hasta llegar al lateral del escenario. Allí, entre las sombras, nadie puede verle, pero él sí que lo ve todo.

Ve cómo Raoul sube al escenario, con paso firme y seguro, camina sobre la madera y provoca que se inicie el primer aplauso.

Y Agoney se siente orgulloso de esa pequeña personita que podría ser él mismo hace muchos años.

Soñador, luchando por un objetivo y aferrándose con uñas y dientes aunque muchas veces ni siquiera tiene ganas de hablar.

-Buenas noches y bienvenidos a este concierto. -comienza a hablar el rubio, ya sentado al piano -Mi nombre es Raoul Vázquez y esta noche quiero invitarles a que disfruten de este concierto.

Un par de palmadas dispersas por el patio de butacas provocan que el aplauso vuelva a arrancarse y el chico tiene que callarse un momento antes de seguir hablando.

-Durante la próxima hora haremos un repaso por varios estilos musicales muy diferentes para poder agradar a todos, tanto a los más jóvenes como a los más mayores. Y, para empezar, me gustaría cantar una canción que seguro que muchos de vosotros conocéis. Que puede que incluso hayáis coreado en alguna ocasión, porque pertenece al artista más grande que tenemos actualmente.

Agoney se queda parado un momento, porque la primera canción que tenía prevista era "I Wanna Dance With Somebody" y esa canción ni la interpreta un hombre ni, por desgracia, sigue actualmente en el mundo.

Así que no sabe qué es lo que está haciendo Raoul, ni por qué ha decidido cambiar el repertorio en el último momento.

-Se trata del preludio del que fue su primer disco. Para él fue el comienzo de una carrera magnífica y brillante que todos admiramos profundamente. Y hoy para mí, esta canción significa un comienzo. El comienzo de la historia más bonita que jamás imaginé vivir. Esto se llama "Libertad".

Y unos acordes que Agoney reconocería en cualquier parte inundan el aire.

Los ha escuchado tantísimas veces que forman ya parte de su vida. La primera vez, en su viejo teclado en la habitación de su infancia. Y la última, hace apenas unos días, en el vídeo de uno de sus conciertos más grandes. Una canción que lo resume todo en solo un minuto y veinte segundos de pura magia.

El vello se eriza de golpe, el corazón se le encoge y las lágrimas acuden a sus ojos, listas para dejarse llevar. Avanza un par de pasos más y le da exactamente igual si la luz le alumbra y el público le ve allí. Porque, en ese momento y en ese teatro, solo existen dos personas.

Dos pares de ojos, miel y azabache, que se miran en la distancia diciéndose "te quiero" sin hablar.

Quarantine |Ragoney|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora