—Estaré ahí.
—¿Cómo?
—Que quiero presentar "Estaré Ahí".
Raoul lo tiene claro. Sostiene los cascos de Agoney en la mano después de hacer una escucha exhaustiva de las producciones de todas sus composiciones.
Sí. Estaré ahí. Tiene que ser Estaré Ahí.
—¿Es tu favorita? —pregunta Agoney.
—No es mi favorita, pero es la que creo que suena más a mí. La que más muestra cómo soy y, sobre todo, como quiero ser. —relata el rubio.
—En eso tienes razón. Suena muy a ti. —confirma el canario.
—Y, además, la vivo como una experiencia cada vez que la canto. Hay otros temas que me gustan, pero, lo que siento cada vez que oigo las primeras notas, no lo siento con ninguna otra canción. Tiene que ser esa.
Agoney lo mira orgulloso y sonríe. Le encanta que tenga las ideas tan claras, que no dude. Que sepa definirse a la perfección en forma de acordes y melodías.
Para él no fue tan fácil al principio. Se sentía cómodo cantando tantos estilos que incluso temió no ser capaz de encontrarse en las canciones. Pero, con el tiempo, entendió que su versatilidad podría ser su marca más personal y así es como consiguió conectar con todo el público.
—Estoy muy orgulloso de ti, mi niño. —confiesa, dándole un beso suave en la mejilla.
—Mi cerebro todavía no asimila que Agoney me esté ayudando con mi primera canción.
—¿Y tu cerebro sí asimila que Agoney es tu novio? ¡Qué raro eres! —Se ríe y contagia su risa a Raoul.
—Es curioso, pero es real. O sea, es como si en mi cerebro hubiera dos personas. —Trata de explicarse —Por un lado, mi novio, el chico más dulce y bonito que he conocido y, por otro, la estrella, la persona que se sube al escenario y deja al mundo entero con la boca abierta. Y, cuando me doy cuenta de que sois la misma persona y de que un cantante de tu nivel me está ayudando con la música, me explota la cabeza.
El canario sonríe dulce y se acerca a su chico para besarle. Apenas un pico suave, pero que significa demasiado.
—No sabes lo importante que es esto para mí. Que me mires a los ojos y no veas a un famoso por ningún lado, que solo veas a una persona. Y que, cuando te das cuenta de quién soy, te asustes y te sorprendas. No sabes cómo de difícil es encontrar a alguien así en mi situación.
Vuelve a besarle en los labios y Raoul cierra los ojos para unirse a ese beso.
—Soy único en mi especie. —bromea el rubio, regalándole un nuevo roce de labios a su novio.
—Eres la persona más bonita del mundo.
Raoul se lanza sobre su chico y le llena las mejillas de besos. Le abraza, le respira y le siente feliz a su lado. Su pecho se ensancha de algo parecido a la emoción más absoluta y sigue apretándole contra su cuerpo hasta que no pueden más y aflojan el agarre volviendo a mirarse.
—Gracias por haber producido todas mis canciones. Jamás las había escuchado así.
—Gracias a ti por confiar en mí para hacerlo.
—Creo que les va a encantar. —dice Raoul.
—Entonces... ¿Estaré ahí? —pregunta Agoney.
—Estaré ahí.
Ambos se recolocan sobre el sofá y el canario le entrega el portátil al catalán con el archivo seleccionado en el escritorio.
Raoul abre su cuenta de correo electrónico, escribe la dirección a la que tiene que enviar su propuesta, escribe un asunto sencillo, un cuerpo del mensaje corto, pero suficiente y firma con una sonrisa. Adjunta la pista de sonido montada y espera a que se cargue por completo antes de pulsar la opción de enviar y notar un escalofrío enorme recorrer su cuerpo.
Agoney le mira y, cuando ve que su expresión muta, le retira el ordenador de las rodillas y lo coloca sobre la mesa para acariciarle con suavidad.
—¿Cómo estás?
Raoul no sabe responder. Se muerde el labio sin ser capaz de hilar dos palabras seguidas.
Nota un cosquilleo burbujear en el estómago y su cerebro trabaja más rápido de lo que debería. Las manos le tiemblan y lo único que le hace estar unido a la realidad son esos dedos que siguen el recorrido de sus muslos con sutileza.
—Nervioso. —reconoce, al fin, tragando saliva.
—Es normal, mi niño. Es tu primera canción y quieres que salga bien.
—¿Crees que les gustará? —pregunta, preocupado.
—Les encantará.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque sé lo que buscan en ti y también sé que lo has dado con creces.
—¿En serio? —Los ojos de Raoul brillan de ilusión y Agoney no puede evitar que sus labios se curven hacia arriba.
—Sí. —termina.
—Gracias por todo, mi amor.
—Creo que aquí soy yo quien más tiene que agradecer.
—Estás muy equivocado.
—Pues no.
—Pues sí.
Se enzarzan en una pequeña pelea por ver quién tiene la razón, por quién es más bonito, por quién tiene los ojos más brillantes y por quién besa mejor. Y, todo el tiempo, intentan que sea el otro quien reúna los mejores requisitos.
Porque, realmente, se ven así. Perfectos en los ojos del contrario.
Pasan unos minutos de nervios compartidos y de piropos inconexos y se centran tanto en ese momento que, cuando el teléfono de Agoney empieza a vibrar sobre la mesa, éste descuelga sin entender por qué han interrumpido su momentito de intimidad.
—¿Sí, quién es?
Y la voz que habla al otro lado le hace sonreír.
Se quita el teléfono de la oreja y se lo acerca a Raoul.
—Es para ti, mi niño.
El chico alarga la mano y coge el móvil con algo de miedo, pero con muchas más ganas, porque sabe quién le está llamando.
—Hola, buenas noches. Soy Raoul. Dígame.
Todo lo que viene a continuación, es el silencio para Agoney. Le ve gesticular con la cara, decir alguna palabra suelta y sonreír todo lo que puede. Y sabe lo que está pasando. Claro que lo sabe.
Lo sabe, porque lo ha vivido.
Para cuando Raoul cuelga, el canario ya tiene una sonrisa enorme en la cara y recibe el cuerpo de su novio que impacta contra el suyo en un enorme abrazo.
—Ago, ¡que les gusta mucho! —chilla el rubio.
—Te lo dije.
Se abrazan, se acarician y se besan tanto como les apetece. Porque lo que empezó como una mala casualidad, de pronto, es una oportunidad enorme que el mundo le está dando a Raoul.
Y Agoney solo sabe ser feliz cuando ve a su pequeño mojar su pecho de lágrimas de emoción.
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Quarantine |Ragoney|
Hayran KurguUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
