720 horas en cuarentena

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Los tweets se suceden unos tras otros llenando la pantalla del teléfono del canario desde hace veinticuatro horas. Minutos y minutos de locura y descontrol que muestran las teorías más diversas en su timeline.

Veintitrés horas de trending topic mundial y todavía no ha bajado ni un milímetro. Como si hubiera sacado nuevo disco. Como si el hecho de que un chico sin camiseta se hubiera colado en su directo fuera la mejor promoción del mundo.

Y esto le asquea. Porque siempre odió que hablaran de su vida personal. Siempre desmintió todos los rumores sobre él, su familia o sus relaciones, aunque fueran ciertos. Siempre escondiendo a las personas que le importan, porque él eligió ser reconocido, pero el resto no.

Por eso, conforme desliza el dedo por la pantalla y lee más y más tweets, se siente culpable. Porque Raoul no merecía esto.

No merecía tener que cerrarse el instagram en cuanto Agoney se dio cuenta de lo que había pasado, no merecía recibir varias llamadas de sus amigos e incluso una de sus padres, preocupados porque le habían visto en alguna noticia que se había colado en sus Facebooks. No merecía recibir miles de solicitudes de seguimiento en sus redes sociales, ni otros tantos mensajes privados interesados únicamente en saber qué relación tiene con él.

Si es su amigo, si trabaja con él o si es algo más.

Agoney ha optado por permanecer en silencio y leer en las sombras, porque, sinceramente, no sabría qué decir. La noche anterior terminó muy tarde, cuando Raoul se quedó dormido entre sus brazos por puro agotamiento psicológico de verse tan expuesto sin avisar. Pero el canario no había conseguido pegar ojo.

Con las neuronas trabajando a mil por hora, revolviéndose sobre la cama, pero haciendo un esfuerzo inmenso por no despertar al chico que se cobijaba en su pecho y le abrazaba que sí había conseguido sucumbir al cansancio.

—Joder, mira esta. —dice mientras alarga la mano con el móvil para mostrarle a Cepeda la pantalla y leer el titular.

"El extraño rubio en la habitación de Agoney. Fuentes cercanas al cantante nos confirman que se trata de su primo pequeño."

Cepeda se ríe con fuerza, porque ha leído muchos titulares, pero ninguno tan absurdo y surrealista.

—Ya no saben qué inventar...

—¿Por qué no me dejan ser maricón en paz? —pregunta Agoney intentando sentirse mejor con una broma.

Pero lo único que consigue es enfadarse todavía más. Consigo mismo. Con ese periodista. Con los medios en general. O con el mundo entero. Está enfadadísimo y no ve la salida a ese bucle. Resopla intentando calmarse y Cepeda le frena al instante.

—Ago, por favor, para. Ya sabes como son las noticias de Internet. Hoy eres portada, pero en tres días nadie se acordará de esto.

—Ya, pero, ¿y mientras se acuerden, qué hago? Porque Raoul no para de recibir insultos, peticiones de entrevistas, preguntas incómodas... Joder.

—Eso no lo puedes cambiar. Hiciste todo lo que estaba en tu mano. Le aconsejaste que se cerrara todas las redes sociales antes de que llegaran hasta él y tuvisteis suerte. Cuando dieron con su Instagram ya no pudieron ver más que la foto de perfil.

—Pero tienen su nombre. Y, si saben cómo se llama, es cuestión de tiempo que lo encuentren todo. A su familia, a sus amigos... Es cuestión de unas horas que sepan hasta cómo se llama su gato. Mierda.

—¿Tiene un gato?

Lo pregunta como acto reflejo, aunque no le interesa. Solo para ver si es capaz de calmar un poco a Agoney.

Quarantine |Ragoney|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora