Y así, casi sin darse cuenta, llega la última noche en el hotel que se ha convertido en su segunda casa y también, un poquito, en su nueva vida.
Aitana destapa la fuente que contiene el plato principal dividido en cinco raciones. Pincha la carne para confirmar que el punto es el correcto y reparte las cortadas en varios platos. Uno para cada uno de sus amigos.
Cuando los tiene preparados y con la salsa vertida encima, levanta la cabeza y mira a la mesa en la que todos están esperando.
Miriam tiene la cabeza apoyada en el hombro de Cepeda y el chico le da un beso en la frente, antes de volver a la conversación que está teniendo con Agoney. Raoul, por su parte, no puede estar al lado de su chico sin tocarle, así que se aferra a su brazo y le mira como si no fuera real, como si solo fuera fruto de su imaginación.
Aitana sonríe.
Incluso así, en la distancia, le resultan adorables. Y tiene algo de envidia, porque no puede evitar querer tener algo así en su vida. Alguien que aparezca sin avisar, pero que le haga volver a sentir ilusión por las cosas, que se cuele poco a poco en su corazón y que, cuando se de cuenta, ya signifique demasiado para ella.
Pero, en ese momento, también es consciente de que esas comidas y cenas que han compartido, le han hecho ser mejor persona. Ahora, que los ve y sabe que es la última, está segura de que les va a echar muchísimo de menos.
Coge dos de los platos en las manos y camina hacia la mesa, hablando con un retintín divertido en su voz.
—Venga, tortolitos, ya está bien de tocarse, que me estáis dando mucha envidia.
Raoul se separa de su chico y se recoloca sobre la silla mientras le contesta.
—Ya paramos, ya paramos.
Pero Miriam le lleva la contraria.
—Pararás tú, que te vas a vivir con Ago, pero yo me niego a parar. Me queda un día achuchando a este señor y no voy a desaprovecharlo, ya te lo digo.
—Raoul, ¿tienes los tapones para los oídos? Porque sospecho que esta noche los vamos a necesitar. —bromea Agoney provocando que las mejillas de la pareja se enciendan.
—Bueno, por primera vez no soy yo la que dice algo sin filtro. —dice Aitana —¡Gracias, Ago!
—No hay de qué. —responde el canario con una sonrisa.
—Escuchad. —comienza Miriam —Bromas aparte, os voy a echar mucho de menos. A todos.
—A mí, no. —añade Aitana —Que yo no me pienso ir de aquí.
—A ti, no, claro. Menos mal que tú te quedas, porque, si no, creo que se me iría la cabeza.
—¿Cómo es posible que hayamos conseguido esto en solo dos meses? —pregunta Raoul.
—Menos. —puntualiza Cepeda.
—No hemos estado ni dos meses aquí encerrados y tengo una nueva familia. ¿Qué ha pasado?
Agoney besa a su novio en la cabeza y el rubio se aferra a él de nuevo. Es demasiado bonito.
Aitana les mira con una sonrisa y habla pasados unos segundos.
—No sé qué ha pasado o qué ha dejado de pasar, pero la cuestión es que sois mis amigos. Todos vosotros. Y quiero que organicemos ya una excursión para vernos.
Agoney resopla.
—Yo lo tengo complicado ahora. El disco tiene que estar para el año que viene y tengo muchísimo trabajo por delante.
—Habló la estrellita. —bromea Miriam.
—Nos había conseguido engañar, pero sigue siendo una estrellita. —añade Aitana.
Agoney se ríe con gusto, porque sabe que así es como le llamaban cuando llegó al hotel. Estrellita. Creyéndose esa falsa imagen de seguridad que muestra a todo el mundo, aunque, en el fondo, se sienta pequeño. Esa imagen que le ha causado más de un problema.
Pero, esta vez sabe que es una broma y le resulta incluso adorable que le llamen así.
Las quiere muchísimo.
—Oye, a mí me parece buena idea. —comienza Cepeda —Podríamos organizar un viaje para el verano o algo así. Para cuando todo esto se haya calmado un poco. —Agoney trata de interrumpir, pero el guardaespaldas no le deja —Ago, cállate, que tienes tiempo de sobra para el disco. Además, ¿qué problema puede haber, si voy contigo? Mira, te hago una oferta. Llevas guardaespaldas y no hace falta que me pagues. Todos ganamos.
El canario resopla, intentando quitarle la razón, pero su corazón gana la batalla y sonríe.
Hace años que no se da unas semanas de descanso. Es posible que no las haya tenido desde que empezó su carrera. Siempre centrado en trabajar, en grabar, en componer, en producir, en cantar... Y, por primera vez, le apetece coger un avión o un tren para irse, simplemente, a ser feliz con sus amigos.
—¿Qué te parece, amor? —Consulta con Raoul, aunque está claro cuál va a ser la respuesta del chico.
—¿Tú qué crees?
—Entonces, ¿tenemos trato? —pregunta Aitana con una sonrisa enorme y la voz teñida de ilusión.
—Tenemos trato. —confirma Miriam justo antes de darle un beso en la mejilla a Cepeda, que le devuelve una mirada feliz.
—Son solo unos meses. Unos meses y volveremos a vernos. —le dice a la chica.
—Solo unos meses. —se mentaliza Miriam, sin dejar de mirarle —Creo que eso puedo hacerlo.
—Claro que puedes.
Miriam y Cepeda se besan por primera vez delante de sus amigos.
Raoul y Agoney se miran y tienen que esconder una risa nerviosa. Aitana, por su parte, rueda los ojos y resopla, cansada de que siempre le toque a ella ser la única que tiene que apartar la mirada.
Pero, en el fondo, también echará de menos esos momentos.
Y, aunque los cinco intenten disfrutar todo lo posible de esa cena de risas y secretos inconfesables, saben que es la última noche de su pequeña familia en ese lugar.
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Quarantine |Ragoney|
FanficUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
