Agoney sale de la ducha y alcanza la toalla que reposa sobre el mármol de la pila. La despliega ante sus ojos, se frota la cabeza para eliminar el exceso de agua de su pelo y seca sus hombros, su espalda, sus brazos, su torso y su estómago para terminar con sus piernas y envolverse la cintura con ella.
Avanza unos pasos y se mira en el espejo, retirando con la mano el vapor que lo ha empañado por completo.
Suspira. Necesitaba esa ducha caliente. La necesitaba porque ha sido un día agotador. Porque su cabeza no ha dejado de trabajar en todo momento. Ayer, se anunció que la desescalada por la pandemia iba a comenzar en pocos días y, aunque fue un motivo de alegría enorme, los miedos y las inseguridades también llenaron sus pensamientos.
Por un lado, porque teme que la gente no siga las recomendaciones al pie de la letra y haya una nueva oleada, un rebrote o incluso que la cosa se ponga aún peor y haya que volver a encerrarse.
Y, por otro, porque el fin del confinamiento implica salir de ese hotel que siente ya como su segundo hogar. No solo porque haya pasado tantas horas en esa suite que se ha encariñado hasta de sus paredes, sino también porque marcharse de allí implica no tener a Raoul a su lado constantemente, no besarle cada vez que le apetece, no montar sesiones improvisadas de música al piano ni poder ver su cara de emoción cada vez que escucha el proyecto de una de sus canciones.
Esa desescalada implica tantas cosas para él que no sabe si algún día estará preparado.
Era previsible. Hacía ya tiempo que todo apuntaba a que la salida estaba más cerca de lo previsto, pero nunca había sido tan real como ahora.
Y las ganas y el miedo chocan como dos titanes intentando hacerse con el control de sus pensamientos y eliminar al otro por completo.
Por eso, hace media hora, decidió meterse en la ducha para relajar los músculos y pensar, aprovechando que Raoul haría lo mismo en su habitación.
¿Podrían haberse duchado juntos? Sí. Pero después de que Cepeda le confesara el día anterior que les escuchaba cada vez, prefería que cada uno se bañara por separado y volver a juntarse después.
Se le escapa un suspiro de gusto al notar las pocas gotas que aún quedan en sus hombros resbalar por su pecho y perderse en la toalla. Se pasa las manos por el pelo e intenta peinarlo con los dedos para que no tenga una apariencia tan salvaje a la vista, pero no lo consigue y deja ir una carcajada cuando se da cuenta de que es imposible.
Abre la puerta del baño y sale de él, dirigiéndose a su habitación, en la que ya tiene el pijama preparado sobre la cama.
Pero, cuando entra en ella, un cuerpo semidesnudo le espera sobre su cama. Tumbado, con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en una de sus manos y el codo sobre la cama, mirándole de arriba abajo sin cortarse lo más mínimo y relamiéndose los labios por la visión.
—Raoul, ¿qué haces aquí? ¿No te estabas duchando?
La voz suena involuntariamente más grave y Agoney se sorprende de la velocidad a la que despiertan sus deseos cuando se trata de Raoul. Pero, ¿cómo contenerse teniendo ese cuerpo terso de piel nívea sobre su cama, insinuándose sin ningún genero de duda?
—Era difícil concentrarme en el agua, cuando cada vez que me enjabonaba el cuerpo, eran tus manos las que me acariciaban.
—Se suponía que nos duchábamos separados para no tener tentaciones. —recuerda Agoney.
—Sí, se suponía. —Un suspiro —Se ve que incluso a diez pisos de distancia me pones nervioso. —Raoul se muerde la sonrisa y Agoney nota el aire atragantarse en sus pulmones.
—¿Y Cepeda? —pregunta, preocupado, recibiendo una mirada calmada de Raoul como respuesta.
—Le he dicho que Miriam había preguntado por él y ha salido disparado hacia el ascensor. —responde, guiñando el ojo y provocando que los músculos tensos de Agoney se relajen de una sola vez.
—Bueno, pues, ya que subiste... —comienza el canario, avanzando hacia su cama, con la mirada encendida y el corazón latiendo con fuerza.
—¿Sí? —incita Raoul, dejándose caer del todo sobre el colchón y separando un poco las piernas para que Agoney pueda acomodarse entre ellas.
—Podríamos hacer algo con este cuerpo perfecto, ¿no?
Raoul de traga un gemido cuando los dedos de Agoney se posan en su cuello y lo acarician con sutileza, avanzando por su torso con presteza y llegando hasta el límite de su ropa interior, que es la única prenda que le separa de la desnudez total.
»¿Subiste desde tu habitación solo con esto? —pregunta, introduciendo los dedos unos centímetros y dejando que la goma golpee la piel que comienza a enrojecerse.
—Sí. —Raoul traga saliva, porque no puede evitarlo. Porque Agoney se tumba sobre su cuerpo, quedando a pocos milímetros de su boca.
—¡Qué travieso, mi niño! —Inspira sobre los labios del catalán y éste tiene que cerrar los ojos como acto reflejo —¿Y qué hubiera pasado si te hubieran visto por los pasillos así vestido? O así desnudo.
Raoul jadea sin poder evitarlo y se esfuerza en responder, con voz entrecortada.
—Por suerte no ha pasado, ¿no? —Sonríe contra sus labios y la boca de Agoney también se curva en una sonrisa.
—Sí, por suerte...
Deja las palabras desvanecerse en el aire mientras sus oídos dejan de tolerar el sonido exterior y solo escuchan los jadeos de Raoul, que nota su piel erizarse por completo por donde están estimulando las manos del canario. Le mira, embelesado, fascinado por su belleza y todavía no puede creerse que ese chico tan perfecto se haya enamorado de él.
—Ago... —gimotea Raoul.
—Dime.
—Tócame, por favor... No puedes estar tan cerca y no tocarme.
Raoul vuelve a cerrar los ojos porque no se siente capaz de soportar tan intensidad.
La temperatura de la habitación ha subido varios grados y las sábanas parecen heladas por el contraste con su piel. Nota los labios de su novio rozar su boca y la abre para dejarle entrar con todas sus ganas.
Un último suspiro necesitado y las palabras de Agoney que resuenan en lo más hondo de su cuerpo, tensándole de una sola vez.
—Tus deseos son órdenes, mi niño.
ESTÁS LEYENDO
Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
