1176 horas en cuarentena

822 140 53
                                        

-Me parece increíble que te gustara y no me hubieras contado nada, tía. ¡Que soy tu amiga!

Una indignada Aitana rompe el silencio que reinaba en la mesa desde que habían comenzado a cenar. El menú de hoy está especialmente bueno y ninguno había dicho una sola palabra desde que el arroz había entrado en sus platos hasta que la catalana había sentido una necesidad imperiosa por verbalizar sus pensamientos, aunque nadie los hubiera pedido.

Miriam deja ir una risa nerviosa y busca con la mirada los ojos de Cepeda, que se queda congelado, con la cuchara a medio camino hacia su boca.

Raoul y Agoney se ríen descaradamente, encantados con la intervención de la chica.

-Por lo menos no eres así de sincera solo conmigo. -dice el canario.

-No, ¡qué va! La niña habla sin pensar con todo el mundo. -termina el catalán.

-Es que, ¿no os parece fuerte que me haya tenido engañada todo este tiempo?

-Aitana, cariño, que nosotros nos enteramos hace tres días, no te creas que lo sabemos desde el principio.

O sea que lo sabes hace tres días, ¿y no se te ocurre decirme nada? -la chica se cruza de brazos, molesta por que su amigo no le haya contado lo que estaba pasando.

-Es que no es mi vida. Es ella quien te lo tiene que contar, si quiere.

-¿Y por qué no quieres? -pregunta Aitana, dirigiéndose a su amiga con cara de pena.

Miriam resopla y se decide a dar una explicación.

-No te había dicho nada, porque no había nada que contar. La primera vez que quedamos fue anteayer y ayer solo estuvimos hablando toda la noche.

Raoul y Agoney comparten un guiño silencioso. Porque ambos saben que no solo estuvieron hablando. Esta mañana, han subido a desayunar después de pasar la noche en la pequeña habitación del rubio y la chica todavía seguía allí.

Aún no habían podido hablar con ellos, porque se había ido enseguida a trabajar y a Cepeda no había quien le sacara información, pero una persona no se queda a dormir en la habitación de otra solo por haber "estado hablando". O puede que sí, pero les divierte pensar que no fueron los únicos que acabaron durmiéndose desnudos y agotados.

-Es que no te creo, Miri. ¿Cómo vais a estar solo hablando si en cuanto hemos entrado por la puerta, te has puesto a mirar al suelo y a sonreír como una tonta?

-Te estoy diciendo la verdad.

-Y aunque sea verdad, si anteayer quedasteis a cenar es porque a ti ya te gustaba de antes. ¿No podías haberme contado eso?

-Perdona que interrumpa esta conversación -empieza Cepeda -, pero me estoy sintiendo bastante incómodo. ¿Podríamos hablar de cualquier cosa que no implique mi vida amorosa o sexual? Lo agradecería mucho.

-¿Ves? -continúa Miriam -No es cosa mía.

Le regala una sonrisa y Aitana vuelve la mirada al plato refunfuñando.

-Ten amigas para esto.

-Aitana. -le advierte Raoul.

-¿Qué? -contesta -Es que me da mucha rabia que aquí todo el mundo esté conociendo a alguien menos yo. ¡Regaladme una novia, anda! -pide con un puchero.

-El espacio es limitado, pequeña, tampoco es tan fácil. -dice Agoney.

-El espacio es igual de limitado para vosotros y aquí estáis. Todos encoñados y yo más sola que la una.

La chica se cruza de brazos, indignada.

-Aiti, dentro de pocos días podremos salir de aquí y podremos empezar a quedar con gente. Y para entonces te prometo que buscaré a alguna amiga para presentarte. O si no... ¿Ago, tú conoces a alguna chica?

-Sí, claro, conozco chicas.

Los ojos de Aitana se abren interesados.

-Pero, ¿chicas solteras? -pregunta.

-Sí, chicas solteras.

-¿Y guapas?

-Guapísimas.

La catalana sonríe conforme y da por finalizada la conversación.

-Muy bien, Raoul, me gusta cómo eliges a tus novios, sigue así.

Quarantine |Ragoney|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora