Raoul llega a la puerta de la suite presidencial por última vez. Se le encoge el estómago al pensar en lo nervioso que se ponía cuando acababa de conocer a Agoney y en lo tranquilo que sube ahora. Saca la llave, la introduce en la ranura y pasa al interior de la gran estancia.
Está vacía y se imagina que su chico estará terminando el equipaje, así que camina en dirección a la habitación y se cuela en ella con una pequeña mochila a la espalda y con un nudo enorme en el corazón.
El canario levanta la cabeza y le mira, esbozando una sonrisa dulce.
—Hola, amor. ¿Vienes a ayudarme con la maleta?
Raoul arruga la nariz y responde.
—No, la verdad es que no. Odio hacer maletas.
—Pues cuando llegues a tu piso vas a tener que hacer más de una.
Deja ir una risa suave que se contagia a su chico.
—Bueno, tengo una semana para organizarme antes de coger el avión a Madrid. Puedo ir haciéndola poco a poco.
—Los dos sabemos que la harás el último día y a toda prisa.
—Odio que me conozcas tanto. —refunfuña Raoul.
Avanza hasta llegar donde se encuentra su novio y le da un beso que Agoney devuelve de buen grado.
—Espero que, al menos, esa maleta sí te haga feliz.
—¿Teniendo en cuenta que al otro lado del mar me estarás esperando? —Suspira —Creo que nunca he tenido tantas ganas de hacer un equipaje.
Rozan sus narices y se besan en los labios. Se dan unos segundos para respirarse mutuamente y Agoney se agacha para cerrar la cremallera de la enorme maleta.
—Pues esto ya está.
La baja de la cama dejándola caer sobre el suelo y tira de ella camino a la puerta.
—¿No compruebas que lo llevas todo? —pregunta Raoul mirando a su alrededor, queriendo asegurarse de que no falta nada.
—Hago la maleta unas cinco o seis veces al mes, amor, tengo experiencia. Y, de todas formas, si me dejo algo, tengo contactos para que me lo devuelvan. —Guiña el ojo, bromista y Raoul se ríe.
—Vamos, que me pedirías que viniera a recogerlo antes de ir a Madrid.
—Tengo una semanita de soledad antes de que llegue a casa mi torbellino personal y pienso aprovecharla.
—No mientas, que me vas a echar de menos.
Agoney coloca un dedo en sus labios fingiendo que se lo piensa, aunque la realidad es que lo tiene tan claro que le abruma.
—Te vas a hartar de mí, porque pienso llamarte en cada descanso que tenga.
—¿Y si me llamas cuando vayas al baño en el estudio y... así nos vemos?
Alza las cejas sugerente y recorre la cintura de su novio con sutileza. Provocando. Fija las manos en las caderas de Agoney y le acerca a su cuerpo con fuerza para que el choque sea tremendamente erótico.
—Cuidado con los nudes en el trabajo, mi niño. —El canario ladea una sonrisa y se lanza a devorar sus labios, pero Raoul se aparta rápidamente y no le da tiempo a besarle.
—¿Y los nudes en casa? —provoca de nuevo.
—Cuando esté en casa, puedes hacer lo que te dé la gana.
Y esta vez, es Raoul quien se abalanza sobre él, chocando contra la pared y besándole con ansia, sabiendo que es la última vez que podrán estar así en una semana. Apasionado, frenético, deseando llegar a más.
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Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
