Esta idea ya la tenía hace tiempo, pero fue Mon quien me animó a escribirla. Así que, Ship_shadow, este capítulo es para ti. 💜
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La llave gira en la cerradura y, en cuanto abren, la azotea del gran hotel les da la bienvenida en medio de una oscuridad solo iluminada por la luz de las estrellas.
Raoul entra y estira de Agoney, al que tiene cogido de la mano, para que le siga. Cierra la puerta con cautela e intentando no hacer ruido, porque una cosa es que le hayan prestado la llave en secreto (aunque puede que la haya tomado prestada sin preguntar) y otra muy distinta es que cualquiera pueda escucharle y joderles su momento.
Cuando ha guardado la pequeña llave de nuevo en su bolsillo, se fija en Agoney y le encuentra allí, con su silueta perfecta recortada contra la luz de la luna, mirando fascinado todo lo que se ve más allá del edificio en el que lleva encerrado cerca de un mes.
Se acerca a él y le abraza la cintura por la espalda, dejando un beso suave en su cuello.
-¿En qué piensas, amor? -pregunta.
-¿Por qué tengo que estar pensando en algo?
-Porque te conozco. Y nunca estás tan quieto si no es porque no quieres que interrumpan tus pensamientos.
-Y tú, aun sabiéndolo, has venido a molestar. -ríe suave.
-Eh, ¡que yo no molesto! -se enfada Raoul, supliendo el beso en el cuello por un mordisco suave.
El canario se sobresalta y se queja por el leve dolor.
-Ay, Raoul, ¡qué bruto!
Se zafa de su agarre y se da la vuelta para mirarle a los ojos.
Están cerca, muy cerca. Las estrellas se reflejan en ellos y el color miel se vuelve reluciente, a pesar de hallarse sumidos en una calmada oscuridad.
-¿Qué? -pregunta Raoul.
Y Agoney se da cuenta de que lleva demasiado tiempo callado.
-Nada. -comienza -Solo pensaba en la suerte que tengo.
-Suerte, ¿por qué?
-Porque este lugar es mágico. -señala a su alrededor y vuelve a darse la vuelta para mirar al horizonte, en el que las luces de unos pocos edificios con vida se funden con la oscuridad profunda de la lejanía.
-Te dije que venir a la piscina era una buena idea. -comenta Raoul y Agoney solo asiente.
Respira hondo, llenando sus pulmones de oxígeno puro. Es cierto que, a pesar del encierro, en su suite hay una terraza lo suficientemente grande como para sobrellevar la asfixia, pero hoy, en ese lugar, siente que todo el aire es suyo, que todo lo que sus pulmones pueden captar entra en ellos sin barreras. Sin límites. Llenándole de vida.
De repente, a su espalda, escucha un chapoteo disimulado que le hace esbozar una sonrisa.
-Raoul, ¿no te había dicho que...?
Pero no llega a terminar su pregunta, porque una ola de agua acaba de impactar contra su pierna izquierda con fuerza. Se gira rápidamente y se encuentra con la sonrisa mordida de Raoul que intenta ocultarse tras el bordillo. Con sus manos blancas aferradas a la piedra y con el cuerpo completamente hundido en el agua.
»Eres tontísimo, mi niño.
Se ríe mientras se quita los zapatos y los calcetines que chorrean por culpa de su chico. Con suerte, cuando acaben de bañarse, se habrán secado y podrá volver a ponérselos para bajar. Pero Raoul no parece estar de acuerdo con eso y salpica una segunda vez, esta vez mojándole parte del bañador y las piernas por completo.
Agoney levanta la mirada con fingido enfado y lo único que recibe como respuesta es una carcajada brillante, que rompe el silencio y llena el alma de Agoney que mil sentimientos diferentes.
-¡Va, Ago, métete! -le insta, jugando con el agua, impulsándose con las piernas hacia atrás para quedar tumbado sobre la superficie líquida, como si fuera un niño pequeño en una mañana cualquiera de verano.
Y Agoney no puede hacer otra cosa más que terminar de desnudarse. Se quita la camiseta y corre hacia el bordillo para meter el pie derecho en el agua y comprobar que la temperatura es adecuada.
-Está muy buena. -dice.
Raoul rueda los ojos y responde.
-Ago, te acabo de duchar entero. ¿De verdad necesitabas meter el piececito? -Se ríe de nuevo.
-No. Solo necesitaba comprobar cómo se sentía el agua para poder tirarme de golpe.
Raoul le lee las intenciones en los ojos maliciosos y susurra nervioso.
-¡Ago, no! ¡Ago, no te atrevas!
Pero el canario no le escucha, solo da unos pasos hacia atrás para coger carrerilla y saltar al agua, desalojando toda el agua que es capaz de una única zambullida.
Las gotas golpean el rostro de Raoul y tiene que cerrar los ojos en medio de una carcajada. Se pasa la mano por la cara, tratando de secarse y repasa su pelo que está completamente empapado, cuando nota un cuerpo caliente que se pega al suyo bajo el agua y unos labios reconocibles que le besan antes de que abra los ojos.
Se abraza a su cuello como acto reflejo y ambos se dejan hundir sin separar sus labios. El agua templada les rodea, les limpia y les libera, mientras se besan bajo el agua y ambos piensan que es imposible que exista algo más parecido a la felicidad que ese momento.
Cuando vuelven a emerger y se separan, sus respiraciones son agitadas y notan que los pulmones necesitan volver a tolerar aire, pero no se alejan en absoluto. Agoney nada un poco hasta que Raoul nota los azulejos a su espalda y lleva los brazos hacia atrás para apoyarse en el bordillo.
Se miran a los ojos, se sonríen y vuelven a besarse.
-Raoul, gracias por esto. -dice Agoney.
-No ha sido nada. Solo he tenido que convencer a Miriam de que me dejara quedarme en recepción un momento, abrir el armarito de las llaves y coger las de la piscina.
-Y, ¿no te traerá problemas?
-No, si no me pillan. -sonríe travieso.
-Eres el peor empleado que he conocido en mi vida.
-Pero también el mejor novio que has tenido en tu vida. -sigue, divertido, viendo como Agoney rueda los ojos.
-Y el más creído. -continúa.
-Reconoce que es lo que ibas a decir después de darme las gracias.
-En realidad, iba a decir que, después de esto, ya me he aprovechado bastante de ti.
Raoul abre mucho la boca y se lleva la mano al pecho, exageradamente ofendido. Emite un sonido de decepción y tuerce los labios y en una mueca enfadada, pero para Agoney es la persona más adorable del mundo.
Le acaricia la mejilla, le gira la cara para que le mire de nuevo y le besa una vez más.
-Vale, amor, tu ganas. Eres el mejor novio que tuve en mi vida. -reconoce Agoney, despertando a Raoul de su enfado y abrazándole con todas sus fuerzas, dejando que sus cuerpos vuelvan a hundirse de nuevo en el agua templada en esa noche de estrellas brillantes y amor sin igual.
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Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
