—Bueno, chicos, me bajo a cenar, ¿vale? Luego vengo.
Cepeda atraviesa rápidamente el comedor de la suite camino a la salida y habla mirando hacia el suelo con un hilo de voz, a ver si tiene suerte y los tortolitos que ven una película en el sofá no se dan cuenta.
Pero le escuchan y Raoul gira la cabeza para preguntar.
—¿No cenas aquí?
—No, porque... —piensa —a vosotros aún os queda un rato de película y... —piensa más —yo tengo hambre ya y eso. Que me voy.
—Ah, pues no te preocupes. Si tienes hambre, paramos la película y bajo ya.
Raoul se levanta del sofá y busca sus zapatos por el suelo para ponérselos y bajar para servirles la cena a los dos.
—No, no te levantes, de verdad. —pide, bajando la cabeza para mirar al suelo.
—Pero que es mi trabajo, Cepeda, no es ninguna molestia. Me pagan por traerte la cena.
—Que no, Raoul, que no, no quiero molestar.
Agoney pausa la película que se reproducía en la pantalla y se incorpora para sentarse y mirar al chico.
—Cepeda, de verdad, no es molestia. Es su trabajo. Déjalo que haga algo productivo. —bromea, guiñándole el ojo a su novio y provocando que le dé un golpe en el hombro.
—¡Pero si soy el mejor empleado que has tenido a tu servicio, mentiroso!
—No, el mejor es Cepeda. —recrimina con una sonrisa.
Raoul se lleva las manos a la boca sintiéndose ofendido. Cambia la expresión lentamente y se muerde una sonrisa para contestar.
—Pues esta noche que te haga Cepeda lo que yo te hice ayer.
Habla bajito, para evitar que el guardaespaldas le escuche desde la puerta, pero la carcajada que se escapa de los labios del canario y el sonrojo en sus mejillas no dejan lugar a dudas.
—No, mi amor, a Cepeda le gustan las chicas. Nuestro amor es imposible.
—¡Eres idiota! —grita Raoul arrugando la nariz y dándose la vuelta para volver a encontrarse el guardaespaldas a punto de salir por la puerta —Tranquilo de verdad, ya bajo yo.
Se acaba de poner los zapatos y camina hacia la salida para bajar a por la cena de los tres, cuando el chico da un paso al lado y se interpone entre su cuerpo y el pasillo.
—No. —dice.
—¿Cómo? —pregunta el rubio, perplejo.
—Que... tengo que bajar yo.
Ambos se miran en silencio y Agoney estalla en una carcajada desde el sofá. Se giran a mirarle y no entienden nada hasta que el canario es capaz de dejar de reír y les habla.
—¿De verdad estás montando todo este jaleo para no decirnos que has quedado con Miriam?
Raoul abre mucho los ojos y se da la vuelta de nuevo para encarar al guardaespaldas, que se intenta esconder tras sus manos para que no le vean, pero fallando en el intento.
—¿En serio estás así por eso? ¿Porque vas a cenar con Miriam y no querías que nos enteráramos?
El rostro del gallego es un poema cuando retira las manos y se atreve a mirarles a los dos y a volver a hablar.
—Ayer, cuando Raoul me dijo que Miriam me estaba buscando, bajé para hablar con ella, pero no sabía nada. —fulmina al chico con la mirada y Raoul da un paso hacia atrás, temiendo que su plan no saliera como lo había previsto —Pero, por una vez las cosas me salieron bien y, cuando estaba a punto de meterme en el ascensor para venir a matarte, me paró y me preguntó si me apetecía cenar con ella hoy, que libraba por la noche. —respira hondo y continúa, cuando ve que Raoul y Agoney le miran interesados —Así que, sí, me voy a cenar con ella. Y os pido, por favor, que os quedéis aquí quietecitos, que os conozco.
Los chicos se buscan con la mirada y se sonríen traviesos, pero ambos saben que no deben intervenir más de lo necesario, así que animan a su amigo a que baje y vaya a buscar a la chica.
—Pues pásalo muy bien, Cepeda. —dice Raoul.
—Y usad protección. —añade Agoney, provocando que las mejillas del gallego se tiñan de rojo.
—¡Qué cabrón!
Se ríe suave y sale de la habitación, cerrando la puerta a su espalda y dejando solos a los chicos, que se miran con una sonrisa.
—¿Tú también quieres cenar, amor? —pregunta Raoul —¿O nos esperamos un rato?
—Yo quiero terminar la peli, anda. —Agoney pone morritos y Raoul avanza hacia él para volver a sentarse entre sus piernas y apoyar la cabeza en su pecho, pidiéndole que vuelva a darle al play.
—¿Te imaginas que acaban liados? —dice Agoney.
—Bueno, pues ya tenemos otra pareja a la que shippear.
—¿Otra?
Raoul gira la cabeza para mirar a su novio, extrañado y Agoney responde como si se tratara de la obviedad más grande del mundo.
—¿Qué pasa, que tú no shippeas Ragoney?
A Raoul se le escapa una sonrisa dulce y besa los labios de su chico antes de contestar.
—No, yo vivo Ragoney.
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Quarantine |Ragoney|
FanficUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
