A qué mala hora se le ocurrió mandar esa foto.
Si hubiera sabido que el jueguecito se le iba a volver en contra de esa manera ni de coña hubiera cogido su móvil recién salido de la ducha, ni se hubiera tumbado en la cama completamente desnudo, ni hubiera pulsado el botón de fotografiar en su pantalla, ni hubiera utilizado el efecto blanco y negro para disimular un poco su evidente desnudez, dejando su cuerpo semioculto entre las sombras... Ni muchísimo menos la hubiera enviado por whatsapp.
A qué mala hora había tomado esa decisión.
Porque la venganza de Raoul había sido terrible.
El chico había permanecido callado durante varios minutos y Agoney continuó tumbado en su cama, sintiendo la frescura agradable de las sábanas directamente contra su piel, riendo suave al pensar en el rubio teniendo que dejar de hacer lo que estuviera haciendo para desahogarse pensando en él.
Pero nada más lejos de la realidad.
Sí, es cierto que Raoul había sentido la tentación de correr al baño más próximo para utilizar esa foto como fantasía y desfogar su excitación imaginando cómo se vería apresado bajo su cuerpo. Pero no lo hizo.
Porque era mucho más divertido respirar hondo, aguantar el tirón y esperar a que la dureza de su entrepierna bajara del todo para volver a coger el ascensor camino de la suite.
Había llamado a la puerta con toda la confianza y ni se había inmutado cuando Agoney le había recibido con su pantalón blanco. Ese pantalón blanco que no dejaba absolutamente nada a la imaginación.
Aunque en realidad, decir que no se había inmutado era mentira. Su vientre se había contraído necesitado y sus dedos picaban por tocar justo ahí. Pero decidió respirar hondo y disimular cuanto podía. Y lo cierto es que le salió bastante aparente. Podía con eso y con mucho más.
Así, sin dejar de mirarle, caminó hacia atrás a paso lento, provocando que Agoney avanzara por inercia, sin acercarse demasiado, pero sintiendo cómo la temperatura del pasillo subía sin razón aparente.
Raoul le había dicho que cerrara la puerta, porque a Cepeda no le importaba nada de lo que le tenía que decir y él había cedido sin preguntar, porque los ojos encendidos del chico le habían hecho entender que no tenía nada que hacer.
Así, sin avisar, Raoul había llevado su mano al bajo de su camisa y había comenzado a recorrer su estómago con delicadeza. Sutil, pero demasiado evidente.
Los ojos del canario se habían salido de sus órbitas por completo, perdidos en ese movimiento que le erizaba la piel sin hacer absolutamente nada.
Había continuado hacia arriba y, cuando no podía insinuarse más con tanta ropa, había optado por quitarse el chaleco del uniforme y desabrochar su camisa lentamente, tratando de disimular el temblor inevitable de sus dedos conforme dejaban más y más piel a la vista.
Había lanzado la prenda al suelo y había seguido el camino que habían iniciado sus manos segundos atrás, esta vez por su torso y por su cuello, marcando a conciencia cada uno de sus músculos para provocar que de la boca de Agoney escapara un jadeo desesperado.
—Raoul, no me hagas esto. —había pedido el canario con voz ronca.
Pero el catalán solo había ladeado una sonrisa antes de deslizar su mano hacia abajo hasta rozar con disimulo la cinturilla del pantalón. Todo ello, sin dejar de mirarle, con los ojos encendidos en una mezcla pasión y placer que le hacía perder la cabeza.
Había continuado bajando, bajando, bajando. Introduciendo su mano por completo dentro del pantalón y acariciando su erección sin poder reprimir un gemido suave, pero igualmente placentero.
Y Agoney había gemido con él. Agoney había reproducido su sonido exactamente igual de excitado.
Justo en ese momento, cuando el cantante se estaba planteando empezar a desnudarse él también para devolverle el favor, Raoul había sacado la mano de su ropa interior, se había agachado a recoger su uniforme y se había dirigido de nuevo al ascensor, no sin antes despedirse.
—Nos vemos mañana, Ago.
Un guiño de su ojo derecho y había entrado en la caja metálica, dejando a Agoney con la boca completamente abierta, con sus pulmones tratando de tolerar el aire y con su cerebro derretido y preguntándose sin parar qué acababa de pasar.
Por eso, cuando abandona el recuerdo en el que es encuentra sumido y escucha los nudillos reconocibles de Raoul al otro lado de la puerta, da un respingo en el sofá y se dirige a ella corriendo para abrirle.
Esta vez va vestido. No quiere seguir tentando a la suerte. No después de haber sufrido tanto la noche anterior. Porque, sí, había sido un sufrimiento enorme. Agradable, sexy y placentero, pero sufrimiento al fin y al cabo.
Abre la puerta temeroso, sin saber muy bien lo que puede encontrarse al otro lado, pero el mismo Raoul de siempre es quien le recibe. Con su sonrisa de anuncio, sus ojos brillantes de color miel y el uniforme perfectamente abrochado y ajustado a su figura. Joder. Cada vez que lo ve está más bueno que la anterior.
—Veo que ya has aprendido la lección. —saluda el rubio mordiéndose la sonrisa.
—Sí, tranquilo. Ya sé que contigo no debo jugar con fuego. —sonríe de vuelta y se aparta para dejarle pasar.
—Podemos jugar. Pero, de momento, es mejor que tengamos las manitas quietas.
—Tienes razón.
Y Raoul comienza con su rutina de los últimos días.
Pone la mesa, saca la cena de sus recipientes y comprueba que todo está en orden antes de entrar en el baño, quitarse los guantes y lavarse las manos para poder disfrutar de su cena con el cantante.
Cuando vuelve a salir, se encuentra con Agoney ya sentado en su sitio, esperándole para empezar a comer.
—Mañana cenaré bajo, si no te importa. —inicia Raoul.
—¿Por qué?
—Me apetece pasar algo de tiempo con mis compañeros de trabajo y tú deberías cenar con Cepeda. El pobre lleva una semana cenando solo casi todos los días.
El canario asiente comprensivo.
—Sí, creo que tienes razón. Está bien que mañana cenemos cada uno por nuestra cuenta.
Lo que ninguno de los dos sabe es que van a incumplir esa promesa.
ESTÁS LEYENDO
Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
