—Al fin te veo, rubio.
La voz aguda de Aitana interrumpe los pensamientos de Raoul, que está lavándose las manos en el baño de empleados para irse a la cocina a preparar la cena de Agoney. Bueno, también la de Cepeda y la suya propia, pero la más le gusta preparar es la de Agoney.
Siempre elige la mejor cortada de carne o el filete con menos espinas de todos los que puede elegir. Y lo hace, porque le encanta ver a Agoney comiendo, disfrutando de cada bocado. Le hace feliz hacerle feliz.
—Sí, perdón, es que estos últimos días han sido una locura.
—¿Me lo dices o me lo cuentas? El tío de la 219 anoche se bebió todo el minibar anoche y esta mañana he tenido que subir a limpiar la habitación, porque no te puedes imaginar cómo la había dejado. —La chica se lleva las manos a la cabeza antes de comenzar a enumerar —Cristales por el suelo de las botellas rotas, las sábanas colgando de la ventana porque le pareció divertido, el colchón con manchas de chocolate del brownie de la cena... Bueno, un show, ya sabes.
—Joder, ¡qué mal les sienta la cuarentena a algunos!
—No te lo puedes imaginar. Mira que nuestros clientes siempre han sido especialitos, pero es que últimamente se les está yendo la pinza de una manera que no es normal. Los niños del fin de curso intentaron colarse en el teatro para hacer un botellón ahí y casi nos la lían. Suerte que Miriam les pilló antes de que fuera a más y les llevó de una oreja cada uno a su habitación. Pero no me extrañaría que hubieran montado una orgía en una de las habitaciones.
—¡Madre mía!
—No, si al final, tener a la estrellita a tu cargo te ha librado de cosas mucho peores.
—¡Como si me estuviera costando esfuerzo trabajar para Agoney!
—No, claro, tu esfuerzo te lo cobras en carne seguro.
Los vellos de la nuca de Raoul se erizan ante la imagen que Aitana ha colocado en su mente. Joder. En los últimos días, el calor ha ido creciendo en su interior cada vez que están juntos. Pero es que, desde que le recibió recién salido de la ducha, no ha podido pensar en otra cosa.
—Ojalá muy pronto pueda cobrármelo, te lo aseguro.
Aitana comprueba que no hay nadie cerca que pueda escucharles y le pregunta, en un susurro.
—Pero, ¿de verdad que no habéis hecho nada? —sonríe traviesa, segura de que su amigo le está ocultando algo.
—De verdad, Aitana, no hemos hecho nada. No nos hemos acercado a menos de un metro en ningún momento.
—¿Ni un besito? —continúa intentándolo la catalana.
—Que no. Ni un besito, ni un maldito roce de manos. Y no será por falta de ganas, ya te lo digo.
—¿Cómo sigues vivo, entonces?
—Pues porque tengo todas mis esperanzas puestas en la prueba de mañana.
—¿Crees que habrá para todos?
—No lo sé, pero lo espero, porque, si no, creo que voy a ceder todos los pantalones del uniforme y me van a tener que comprar unos nuevos.
—¡Qué bruto eres, Raoul! —La chica se carcajea sin poder evitarlo, porque su amigo está desatado.
—Bruto, no. Es que tú no le has visto, Aitana. ¡Ayer casi me desmayo!
—¿Qué hizo?
—El muy cabrón me recibió recién salido de la ducha, con el pelo mojado y solo con una toallita fina en la cintura.
—¿No me digas? —Abre mucho la boca sin poder creérselo —Joder con la estrellita.
—La estrellita lleva un par de días sacando la artillería pesada y yo solo puedo desahogarme en el baño de mi habitación cuando acabamos de cenar.
—Está siendo duro...
—Sí, está siendo duro, pero más duro estoy yo.
—¡Raoul!
Ambos ríen divertidos y confidentes. Se conocen hace muchísimos años, pero es la primera vez que comparten algo así.
—¿Crees que de verdad las pruebas llegarán mañana?
Aitana mira al suelo un momento, porque no quiere desilusionar a su amigo, pero sabe que es complicado que los tiempos sean los que les han dicho y no se amplíen.
—Raoul, no quiero quitarte la ilusión, pero parece que tardarán algunos días más. Todavía no se han hecho pruebas a todos los sanitarios y sabes que ellos son los primeros por razones obvias. Tienen que ser los primeros para asegurar que no contagian a otros enfermos.
—Lo entiendo, pero... joder, es que tengo tantas ganas...
—Claro que las tienes, pero, bueno, siempre podréis decir que vuestra relación fue diferente. Que os enamorasteis antes de la persona que del contacto.
—Es verdad. A día de hoy es difícil compartir tanto tiempo con alguien antes de pasar por la cama. Vamos, no lo digo yo, es que es así. Y no digo que me esté gustando, porque el no poder ni cogerle de la mano es muy difícil, pero es cierto que lo nuestro tiene algo de mágico. No lo sé explicar bien.
—Bueno, antes todo era un poco así. Darse un beso antes de la boda era casi pecado.
—Sí, la nuestra podría ser una relación a la antigua.
—En algunas cosas, sí. Aunque no creo yo que en el siglo dieciocho se recibieran unos a otros con una toallita atada a la cintura. —Aitana se ríe y contagia rápidamente a Raoul, que se une a ella.
—No, no lo creo. No eran tan cabrones como Agoney.
—Será todo lo cabrón que tú quieras, pero mírate al espejo, que tienes una cara de tonto que no te la quitas.
Raoul se da la vuelta para encontrarse con su reflejo y el color de sus mejillas todavía se acrecienta más cuando se da cuenta de que tiene los ojos brillantes, la sonrisa tatuada y la piel sonrosada.
—Joder, ¡estoy encoñadísimo!
—Sí que lo estás, sí. —confirma la catalana.
Unos segundos de silencio y Raoul vuelve a ponerse en marcha, porque tiene que seguir trabajando.
—Tengo que subirle la cena a Ago, ¿hablamos luego?
—Sí, claro. Luego nos vemos, si no tengo a algún cliente que le da por hacer el pino puente en la cama y me rompe algo, porque tal y como estamos...
—Espero que no. —termina Raoul con una última carcajada antes de despedirse de su amiga y dirigirse a la cocina.
Pero la voz aguda interrumpe su camino cuando le grita.
—¡Pásalo bien con tu novio!
Y Raoul sonríe con el atrevimiento de su amiga, porque, aunque no lo son, esa palabra suena demasiado bien.
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Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
