La puerta de la suite presidencial se abre y Cepeda la atraviesa para encontrarse con un Agoney enfrascado en la lectura de un libro que parece tenerle entretenido. Camina intentando no hacer ruido para no interrumpir su actividad, pero no consigue ser lo suficientemente sigiloso.
—¿Ya volviste? —pregunta, levantando la cabeza del libro.
—Sí, claro. Solo quería dar una vuelta para cotillear cómo estaba todo.
Agoney le sonríe y deja el libro sobre la mesa. Se incorpora en el sillón y mira a su guardaespaldas.
—¿Y has encontrado algo interesante?
El chico niega con la cabeza.
—¿Estás solo? —pregunta Cepeda mirando a los lados.
—Sí. Raoul se acaba de bajar a por la cena.
—¿Y no bajas con él?
—No, qué va. Hoy se ve que había bastante jaleo por el hotel y era muy arriesgado tener que ir por los pasillos en los que duerme la gente.
—Entiendo.
—Sí, es complicado, ya lo sabes.
—¿Qué tal el otro día, Ago? —pregunta de nuevo, acercándose al sillón que enfrenta al suyo para sentarse en él.
—¿Cuándo?
—Cuando te presentó a sus compañeros. Se suponía que subíais en un rato y estuvisteis más de dos horas allí abajo.
Agoney se ríe.
—Raoul pensando que ibas a agradecer quedarte solo y resulta que estuviste atento al reloj todo el tiempo.
—Tampoco es eso. Estuve tranquilo sin tener que ponerme auriculares con música alta todo el rato, no te voy a engañar. —Guiña el ojo con picardía y Agoney se muerde el labio, vergonzoso.
—¿Tanto se nos oye? —pregunta, temiéndose la respuesta.
—Agoney, ¿tú te has escuchado cantar? —pregunta, con una sonrisa ladeada.
El chico no entiende a qué se refiere, pero, en cuanto es consciente, se muere de la vergüenza. Sus haters siempre se meten con él diciéndole que chilla a causa de sus agudos imposibles y es más que obvio que Cepeda está haciendo referencia a ello.
—Joder... —Sus mejillas se sonrojan sin avisar —¡Qué directo eres!
Cepeda alza las manos, exculpándose.
—Has preguntado tú.
—Sí es cierto. —Se ríe, como mecanismo de defensa para que su color de cara no siga subiendo —Calladito estoy más guapo.
—De todas formas, Ago —continúa Cepeda —, no te agobies por mí, en serio. Me alegro mucho de que estéis bien y de que seáis felices. Y me gusta escuchar música, solo tengo que subir el volumen un poquito más.
—¡Eres idiota! —bromea el canario, sin poder evitar que el tono de su piel ascienda de nuevo.
—También me gusta pensar que, al menos, uno de los dos está aprovechando la cuarentena en condiciones. —Guiña el ojo y Agoney se tensa de nuevo.
—Cepeda, para ya, ¡por favor!
—¿Qué? —pregunta el chico —¡Ahora tampoco podré quejarme de mi nula vida sexual!
Agoney resopla queriendo acabar esa conversación cuanto antes. Cierra los ojos y deja caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo del sillón y pensando en dar la orden a su cara de recuperar su color habitual y salir del rojo.
Pero, en ese momento, recuerda algo que pasó un par de días antes y abre mucho los ojos, volviendo a mirar a su guardaespaldas.
—Mira por dónde, puede que tu vida sexual mejore dentro de poco.
—¿Qué dices, Agoney?
—Nada. Que es posible, y solo es posible, que el otro día una chica insinuara que no le importaría tener algo contigo.
—¿Algo de qué?
—Que quería ir a hacer alpinismo contigo. ¿Cómo que algo de qué? Una chica que se puso nerviosa cuando Raoul habló de ti.
—¿Qué chica? —pregunta, interesado, adelantando el cuerpo.
—Qué rápido te ha interesado este tema. ¿Hay alguna chica en el hotel que te ha hecho gracia?
Cepeda se queda callado y mira al suelo sin saber qué contestar. Porque no es que le haya hecho gracia. Es decir, no tenía ninguna intención de fijarse en nadie de ese hotel, porque tampoco es que tuviera previsto quedarse mucho tiempo.
Pero han sido más días de los que iban a ser en un principio y, bueno, puede que sí se haya fijado en una persona.
—¿La conozco? —dice, removiéndose nervioso en el sofá.
—¿Cómo, si no, iba a fijarse en ti?
—No me refiero a eso. Quiero decir: ¿He hablado con ella alguna vez o solo es una chica que me ha visto por algún pasillo o en el restaurante?
Agoney arquea la ceja, viendo cómo su amigo entra en el juego a toda velocidad. Está claro que ese interés no es casual y que va mucho más allá que la simple curiosidad. Está indagando para saber si esa persona que el canario dice es la misma en la que ha pensado varias veces desde que se conocieron.
—Sí, habéis hablado alguna vez. —dice el chico con una sonrisa.
—Vaya...
Eso reduce muchísimo las opciones. Porque, ese caso, todo queda entre cinco personas: la chica que normalmente está en la recepción, la que les atendió aquel día en el restaurante, la de la tienda de regalos a la que le compró la rosa que Agoney encargó para Raoul y también Aitana y Miriam.
Y, sí, la chica en la que él está pensando se encuentra entre esas cinco.
—Mira, ¡que va a ser mutuo y todo! —bromea Agoney al ver la mirada perdida de Cepeda.
—No lo sabemos si no me dices quién es.
Cada vez tiene más ganas de saberlo. Porque no era una opción real para él. Simplemente, una chica muy guapa con la que se había reído más de una vez. Pero nada más que eso.
—Miriam. —confiesa el canario con una sonrisa divertida.
Y Cepeda sólo puede reírse y evitar el contacto visual con su amigo.
Porque solo es una tontería.
Porque prácticamente no se conocen.
Pero es posible que sí sea la misma persona en la que él se había fijado.
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Quarantine |Ragoney|
FanfictionUn hotel de lujo se ve obligado a cerrar sus puertas a cal y canto por decisión de las autoridades sanitarias y todos sus huéspedes y empleados quedan aislados para evitar expandir el virus. Hay muchas reglas: lavarse las manos, llevar mascarilla y...
