A escasos metros de Garish, Asia escrutaba con interés al joven egiptólogo. La forma de analizar a aquella mole de roca le sorprendió enormemente. No dejó ningún centímetro cuadrado sin analizar. Sin embargo, el tiempo transcurría inexorablemente.
"Tal vez, sería prudente apremiar a Bowman para ponerse en marcha lo antes posible"—reflexionó mentalmente la joven.
Cada segundo contaba en la vida de un hombre.
Apenas unos instantes después, Rashida intentó sacar a su novio de su estado de letargo mental. Intentando no ser muy brusca para que Garish no reaccionara de un modo violento:
—Garish, debemos desvelar el diario de Howard.
— ¿Qué...?—preguntó Garish manteniendo la mirada en el lomo del cuerpo del león.
—El único que lo puedes hacer eres tú.
Tras unos instantes de suspense, al fin, reaccionó:
— ¿Cuánto tiempo he estado ausente?
—El necesario para que empecemos a perder la paciencia contigo—sonrió dándole un golpecito en el brazo.
Asia respiró aliviada al comprobar que Garish volvía al mundo real. Ahora llegaba el momento de establecer una serie de prioridades si querían salir airosos de esta difícil misión.
Amble caminó portando el pequeño manuscrito.
Una vez que Asia llegó hasta la posición de Rashida y Garish, entregó con una sonrisa el diario:
—Creíamos que te perdíamos por unos instantes, Garish.
—Lo lamento, pero, convendrás conmigo que no todos los días uno puede admirar esta obra de arte—señaló con los brazos—. Necesitaba entender que llevaría a una civilización a construir monumentos tan colosales. ¿Qué querían demostrar?—añadió poco después.
Tienes razón, Garish—declaró Asia—. Por muchos que intentemos buscar una explicación coherente, jamás seremos capaces de encontrar los verdaderos motivos a esta encrucijada.
Con el cuaderno en las manos, Bowman analizó con lupa las notas que Sheridan había grabado en las hojas. Unos datos que escapaban a la percepción de una sociedad no tan analítica como la presente.
—Estas notas son de una claridad asombrosa—respondió Bowman.
— ¿Qué quieres decir?—preguntó intrigada Asia.
—Los detalles con los que están dibujados son reveladores—explicó Garish—. Sinceramente, hablan de que miles de años antes, el Antiguo Egipto estaba poblado por otros pueblos más antiguos. Incluso ya, las pirámides habían sido construidas. Por una vez en la vida, debo de rectificar y pensar que los egipcios no llegaron a construir nada de lo que vemos aquí. Sería estúpido mantener mi versión.
Rashida empezaba a sentirse más tranquila, al comprobar que Garish por fin, había recuperado el sentido común.
Días atrás, Asia trató de darle un enfoque más dinámico a la información que poseía. No obstante, visto desde otra perspectiva, no era ni por asomo igual que la que Garish pudiera ofrecer.
Y eso, Bowman supo valorarlo.
—Asia, valoro mucho el tratamiento que diste a la indagación de Howard, te lo aseguro. Obvio es que te encontraras en un atasco importante o simplemente, te sorprendió.
—Garish, necesitaba que alguien con mucha más experiencia en este campo supiera entender a lo que nos enfrentábamos. Desde mi más pura ignorancia, quise enfrentarme sola al cúmulo de reseñas que hay en este cuaderno de campo. De todos modos, algo aprendí de Sheldon, pero no fue lo suficiente.
Anotado en la hoja de papel, una frase llamó la atención del egiptólogo:
"En los albores de la humanidad, la sangre de Horus volverá a reinar. Resurgiendo un nuevo Faraón que perpetuará nuestro linaje".
Confundido por el texto, Bowman pensó en una idea descabellada:
"¿En la actualidad hay descendientes de los reyes egipcios? Eso es absurdo".
Pronto la desterró.
Se esforzó en vaciar sus pensamientos para que de una vez por todas sintiera fluir las ideas. Por lo menos así, sentiría que podría discernir con sentido su atasco mental.
La presión por encajar las piezas del rompecabezas, solo hizo acrecentar más su ansiedad.
"Tal vez, sería mejor si me tomara unos segundos de descanso"—pensó Garish llevándose su mano a las sienes.
Cerró sus ojos y respiró profundo.
Hasta que, por fin, la bombilla se encendió:
— ¡Qué estúpido he sido!—exclamó Garish.
— ¿A qué te refieres?—respondió Asia.
—Lo he tenido delante todo este tiempo. El papiro de Turín. ¿Has oído hablar de él?
—No, es la primera vez.
—Según el papiro de Turín los seguidores de Horus, gobernaron Egipto durante seis mil años, entre el reinado de los dioses y los primeros . Algunos autores traducen como compañeros de Horus, seres semidivinos con grandes conocimientos astronómicos que trasmitieron a los sacerdotes y faraones. En un intento de mantener a salvo sus conocimientos, trazaron un plan para ocultar toda esa información que pudiera comprometerle. Pero a lo largo de los siglos, esta sociedad secreta, quizás la primera de la historia, desapareció sin dar señales de vida—comenzó a esgrimir su argumento.
Ambas mujeres seguían con atención la explicación de Garish.
—Pero el entusiasmo por la cultura egipcia, hizo que afloraran numerosas logias masónicas cuya única temática fue el Antiguo Egipto durante todo el siglo XVIII y parte del XIX. Y una de ellas, aseguraba que sus miembros descendían del mismo Akhenaton. También recuperaron el Ritual Antiguo y Primitivo de Memphis y Mizraim.
— ¿Es decir, que han vuelto a reunificarse y tal vez, han secuestrado a Lachner para que encuentre los documentos que escondieron?—preguntó Rashida intrigada.
— ¿No te parece probable que pudiera ser una suposición? A no ser que tengas algún argumento nuevo que aportar.
— ¿Y la ciudad que hay excavada en la Esfinge?
— Nada de particular sea que para evitar que fueran descubiertos la construyeran para refugiarse.
Contra todo pronóstico, Garish consiguió desgranar parte de las claves que Howard había recopilado a lo largo de su vida.
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La sangre del faraón
MaceraMark Lachner es secuestrado por una antigua sociedad secreta. A pocos días de una exposición, Asia Amble, Conservadora del Departamento de Egiptología del Museo Británico, encuentra por casualidad un diario donde se detalla el hallazgo de una ciudad...