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Capítulo 28

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—¿Podemos irnos?— bufé.

—¿Terminaste de comer?

—Felipe, no eres mi padre— me quejo.

Sale de la habitación enojado; genial, ahora pelearemos.

—Meri, termina de comer—dice mi padre entrando a la habitación.

Lo miré incrédula.

—¿Fuiste a buscar a mi padre porque no quería comer? No tengo 4 años.

—Demuéstralo— me reta.

Lo fulminé con la mirada y empecé mi trabajo de ignorarlo.

—Suerte, hijo— dice mi padre y me abandona.

—¿Por qué estás enojada conmigo?

Lo miro mal y se acerca a mi, saca la bandeja de mi regazo y la apoya en una mesa.

Me mira travieso; ¿qué iba a hacer?

Se tira arriba mío aplastándome.

—¿Qué estás haciendo?— chillo.

—Quiero saber dónde está mi dulce novia, la reemplazaron por una amargada que no quiere comer.

—Quítate.

—Me parece que está por aquí.

Sus manos se dirigen a mis costillas.

—Felipe Mills, no te atrevas a hacerme cosquillas.

Me mira pícaro y clava sus dedos en mis costillas.

—No, para— chillo riendo.

—Mmm estoy cerca de encontrarla.

Sigue haciéndome cosquillas.

—Felipe, no puedo respirar— miento.

Aprovecho que se distrae con eso y me subo encima de él, quedando a horcajadas.

Empiezo a hacerle cosquillas y lo escucho reír.

—Eres una tramposa— ríe.

De repente, me da vuelta y me acorrala debajo de él, agarra mis manos y las deja inmovilizadas sobre mi cabeza.

—La encontré— dice y me besa.

Odiaba el efecto que tenía en mi. Le correspondo enseguida, amaba la sensación de estar así con él; aunque me ahogaba, valía la pena.

Unas horas después, tocan la puerta. Estábamos desnudos y mi madre estaba del otro lado de la puerta. Empiezo a reír y Felipe me fulmina con la mirada. Me pongo su camisa y mi pantalón.

—Entonces, yo tengo que recibir a tu familia así— protesta señalando su torso desnudo.

Le guiño un ojo antes que abra la puerta.

—Veo que te sientes mejor— ríe mi madre y entra.

Me avergüenzo ante el comentario de mi madre; era un adulto pero nunca es cómodo que tu madre se de cuenta que estás teniendo sexo.

—Mañana nos vamos, Meri.

Se me encogió el corazón.

—Oh— alcanzo a decir.

—Papá tiene que trabajar; tiene reuniones que no puede postergar más.

—Está bien, mamá. Entiendo perfectamente.

—Puedes venir antes de irte a Maryland.

Asiento.

—Los puedo llevar al aeropuerto mañana, si quieren.

Un nuevo caminoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora