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Capítulo 4

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Suena el bendito despertador y Anna gruñe; una vez que tomo conciencia de la realidad me acuerdo de Felipe diciendo que hoy iba a tener resaca. Automáticamente sonrío. Tenía razón; nada de resaca. 

—Creo que me agrada este hombre;— dice Anna— provocó que estés sonriendo un lunes a la mañana.

—¿Cómo sabes que estoy sonriendo por él?

—Ay linda, eres tan obvia. — ríe— Te conozco hace años, Meredith. Nunca te vi sonreír en la mañana. No creo que sea casualidad.

—A veces me caes mal— le saco la lengua.

Tenía razón aunque no quisiera admitirlo; me había gustado demasiado salir con él.

—¿Qué te vas a poner hoy?— pregunta,

Todas las mañanas hace exactamente la misma pregunta. Nunca sabe qué ponerse para ir a la universidad a la que asistimos hace 4 años.

—Un jean y un buzo Annie, empieza a hacer frío.

—¿Eso vas a usar en tu cita?— me mira horrorizada.

Empiezo a reír.

—Anna, te conozco hace 4 años. Hace 4 años que vivimos juntas. Todas las benditas mañanas me preguntas qué te puedes poner. Cuéntame cómo puedo imaginar que hoy decidiste crecer y pensarlo sola. — río— Y todavía no sé. Después voy a consultar a Mare.

—¡Meredith!— me grita.

—¿Qué pasa?— pregunto asustada.

—¡No tenemos ropa!

Maldición. Habíamos olvidado que teníamos que ir a buscar el resto de nuestras cosas a nuestra vieja habitación.

—Si nos vestimos rápido, no desayunamos y no nos bañamos, lo podemos lograr— digo vistiéndome lo más rápido que puedo.

—Bueno pero después te bañas para tu cita— dice y la fulmino con la mirada.

Vamos rápido a nuestra antigua habitación. La residencia cuenta con 5 pisos; en el de abajo están las oficinas de algunos responsables. Es la residencia más cercana a la universidad. El resto de los pisos está ocupado por habitaciones-departamentos; tienen una pequeña cocina, un baño y, por supuesto, una habitación. Con Anna pagamos una buena suma por estar en uno de estos. En otras residencias el baño era compartido y no había cocina.

Una vez terminada nuestra mudanza, logramos llegar a la universidad con 10 minutos de sobra.

—Ahí están— dijo Mare cuando nos vió— Tomen.

Nos entregó un café a cada una y un muffin

—Los hice anoche— nos cuenta.

Mare amaba cocinar, pero sus padres no le permitieron estudiar eso. Así que estudia Psicología conmigo.

—Eres un ángel Mare— digo mientras como el delicioso muffin.

—Vamos o llegaremos tarde— dice Anna mientras caminamos al edificio.

—Cuéntame todos los detalles de tu chico— exigió Mare una vez que nos sentamos en el aula que nos tocaba.

—La pasé increíble, es un gran hombre. Casi tan grande como su fortuna— bromeo.

—¿Es rico?— pregunta con los ojos como platos.

—Asquerosamente.

—¿Cómo se llama?

—Felipe Mills.

América grita haciendo que todos giren en dirección a nosotras. Por suerte el profesor no había llegado.

Un nuevo caminoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora