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Capítulo 46

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 —Sigo estupefacta— declaro una vez que el helicóptero aterriza en Barcelona de nuevo.

—Me alegra que te haya gustado— me dice Felipe con una sonrisa.

—Suena como un gran hombre tu papá.

—Sí,— suspira— lo era.

—¿Te gusta recordarlo?—

—No me psicoanalices— me advierte divertido.

—Oh, cariño,— río— lo hago todo el tiempo, sólo que no lo notas.

Felipe baja la cabeza y niega con diversión.

—¿Qué haré contigo? 

—Oh, yo tengo muchas ideas…— le digo seductoramente.

—Estoy seguro de eso, señorita Robbins. 

“Meredith, estoy haciendo unos trámites que tardaron más de lo que esperaba y no llegaré a nuestra sesión. ¿Quisieras agendar otro día en la semana o nos vemos el otro miércoles directamente? De verdad, lo siento”

Terminé de leer el mensaje de Carla y suspiré, le pido que me diga qué día podía ir en la semana y guardo el celular. Era una hermosa tarde, el verano ya estaba por terminar y quería disfrutarlo antes de que eso suceda. Decido caminar hasta el edificio, sin avisar a Felipe. 

Mi celular empieza a vibrar y miro quién me llamaba; Laura. Frunzo el ceño ya que no había hablado con ella en mucho tiempo. 

—Hola— digo al contestar.

—Hola, Meredith, ¿cómo estás?

—Bien, Lau, ¿y tú?

—Bien, ¿estás ocupada?

—No, acabo de salir del trabajo— digo con no mucha seguridad.

—¡Oh, genial!— chilla— Te necesito aquí de inmediato.

—¿Qué? ¿Para qué?

—Te necesito para un concurso; no tengo a nadie como tú. Así que ven ahora, yo te doy todo lo que necesites.

—No, Laura. Ya no lo hago más, entiéndelo.

—Meredith, no me estás entendiendo. ¿Tengo que recordarte que yo salvé tu vida? Que si no fuese por mí estarías en un centro psiquiátrico gracias a tus queridísimos padres.

—Basta, Laura. No lograrás manipularme— digo con enojo.

—No te estoy manipulando, te necesito aquí. Me lo debes.

—No iré y es mi última palabra.

Cuando estaba por cortar, vuelvo a escuchar su voz.

—¿Felipe te perdonó? ¿Perdonó todo lo que le ocultaste?

—No lo metas a él en todo esto— advierto.

—¿Te perdonaría si todo el mundo se entera que su novia es una puta? ¿Qué diría su familia? ¿Y la tuya?

—No harás eso, podrías ir a la cárcel— digo sintiendo las lágrimas agolparse en mis ojos.

—¿Yo? ¿Por sacar fotos? No lo creo. Tú, en cambio, eres la que estuvo metida en todas esas cosas ilegales; tu huella está en todos esos lugares. Yo soy una simple fotógrafa que no sabía en qué cosas estabas tú metida.

Ahogo un sollozo, no quería que me escuche. 

—No lo haré, Laura. Haz lo que quieras, ya no me interesa formar parte de tu mundo— digo firmemente y corto la llamada.

Un nuevo caminoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora