Las puertas se abrieron y ahí estaba él. Primero entró Elizabeth, la siguieron Anna y América. Y después, entré con mi padre. Había muchísimas personas que no conocía; Felipe tenía que invitar a muchos socios y todas esas cosas de empresario que no me interesan. Lo único que me interesaba era las personas que estaban más adelante; mis amigos, el resto de mi familia y mi futuro marido.
Le sonrío cuando me estoy acercando y él hace lo mismo. Me había prometido que no iba a llorar, pero no podía evitarlo. Me aferraba al brazo de mi padre como si la vida se me fuera en ello, estaba tan nerviosa.
—Gracias, Meri, por dejarme ser parte de este momento— me susurra mi papá.
—Gracias por haber cambiado.
Llegamos al final del pasillo, era hora. Mi padre le entrega mi mano a Felipe y se retira.
—Te diría que estás hermosa pero eso no me alcanzaría para describir cómo te ves en este momento.
La ceremonia empezó pero, honestamente, no tengo la más mínima idea de lo que dijo el sacerdote. Y estoy segura que Felipe tampoco. Estábamos absortos en la mirada del otro.
—Meredith, prometo amarte todos los días de mi vida, intentar hacerte feliz y consolarte en los momentos tristes. Prometo ser tu lugar seguro, tu hogar; porque tú eres el mío. Nada importa si no estás a mi lado. Prometo luchar a tu lado ante cualquier problema que nos presente la vida. Prometo amar incondicionalmente a nuestra hija y a nuestros futuros hijos y esforzarme por ser un gran padre. Mi corazón te pertenece, es tuyo desde ese 9 de mayo cuando chocaste conmigo y me hiciste perder en tus ojos. Pasamos por muchas cosas en tan poco tiempo y pudimos sortearlas con éxito. Nuestro amor es el motor de mi vida. Te amo.
Desliza el anillo por mi dedo y sé que es mi turno de hablar.
—Felipe, prometo amarte apasionadamente, en todas las formas ahora y para siempre. Prometo nunca olvidar que este es un amor para toda la vida y saber siempre que en lo profundo de mi alma, sin importar qué nos pueda separar, nos volveremos a encontrar el uno al otro. Tú me devolviste a la vida; estaba atrapada y tú salvaste, me cuidaste y me enseñaste a amar y a saber que me merecía que me amen. Espero poder hacerte tan feliz como tú me haces a mí. Te amo.
Puse el anillo en su dedo y nos miramos; ambos estábamos llorando.
—Felipe Mills, ¿acepta por esposa a Meredith Robbins?
—Sí, acepto.
—Meredith Robbins, ¿acepta como esposo a Felipe Mills?
—Sí, acepto.
—Por el poder que me confiere Dios, los declaro marido y mujer.
Felipe me toma de la cintura y me besa.
—Te amo, preciosa.
—Y yo a ti, cariño. Pero ahora debemos saludar a todas estas personas.
Me besa una vez más y bajamos para saludar a nuestros seres queridos. La primera en abrazarme es mi madre que está llorando.
—Estoy tan feliz por ti, hija. Pensé que nunca podría verte casándote.
—Gracias, mamá.
Una vez que mi madre me suelta, mis tres damas de honor me abrazan a la vez.
—Estamos orgullosas de ti— me dice Annie.
—Finalmente has crecido— dice Mare.
—Yo sólo estoy feliz— dice Liz provocando que riéramos.
Saludo a algunos invitados más como mi padre, a mi hermano, algunos compañeros de la universidad, mi nueva familia política. También estaban Carla y Santiago que habían venido desde Barcelona para la boda.
Nos dirigimos a la estancia en la que se celebraría el casamiento.
—Felicidades, señora Mills— me dice el señor Torres cuando me subo al auto.
Le agradezco y Felipe sube a mi lado.
—¿Cuánto tiempo tenemos que soportar la fiesta?
—Toda la tarde, cariño.
—¿No podemos escaparnos? Tengo unos asuntos que resolver con la señora Mills.
—Felipe— lo reto y señalo con los ojos a Max en la parte delantera del auto.
Él ríe y aprieta un botón para cerrar el compartimiento de atrás.
—Ahora estamos solos— me dice y me besa apasionadamente.
Así de descontroladas estaban mis hormonas que a los segundos estaba sobre él.
La fiesta estaba transcurriendo perfecta; era un día perfecto para estar al aire libre, como si el clima hubiese colaborado con la celebración.
—¡Es hora de lanzar el ramo!— exclamo fuerte para que me escuchen.
Era muy gracioso ver a mis mejores amigas pelear por el mejor lugar para recibir el ramo; no sabían que tenía otra cosa en mente.
Pretendo lanzar el ramo pero, en lugar de eso, me acerqué a mi mejor amiga y se lo entregué en la mano.
—Aunque me estés robando el protagonismo de mi boda, estoy feliz por ti.
Anna me miraba sin entender qué estaba pasando, le sonrío y le indico que mire detrás suyo.
—Puede que no sea el más romántico del mundo, pero sí te puedo asegurar que te amo con mi vida. Y que, aunque poco sea el tiempo que comparto a tu lado, sé que quiero pasar el resto de mi vida contigo. Anna Gilbert, ¿serías mi esposa? ¿Te casarías conmigo?
En los ojos de ambos podía ver cuánto se amaban.
—¡Sí! Claro que me quiero casar contigo.
Henry se levanta y se unen en un apasionado beso.
—Bueno, eso lo dejamos para otro lado, chicos— les digo riendo.
—¿Y tú sabías todo esto?
—Claro que lo sabía; fue mi idea. Henry te quería proponer matrimonio y no sabía cómo, ya sabes cómo son.
Mare se acerca a nosotras y nos abrazamos.
—Dime que tendremos más tiempo de planear tu boda— le suplica.
—Sí, tendremos mucho tiempo— ríe Anna.
Mare estaba mucho mejor; estar en otro lugar le había hecho bien y la habían promovido en su nuevo trabajo por lo buena que era. Seguía con terapia y había hecho grandes progresos.
—Bien, una foto con la familia de la novia— nos dice el fotógrafo.
Mis padres se acercan y Lizzie se excusa con Peter para sacarse la foto. ¿Por qué soy tan buena? Espero no arrepentirme de lo que haré.
—Peter, ven a la foto— digo fuerte para que me escuche.
Una sonrisa aparece en su rostro y se acerca a todos nosotros. No quería ver las expresiones del resto de mi familia porque sabía que todos estarían muy sorprendidos. Felipe apretó mi mano en señal de apoyo y agradecí internamente.
Una vez que nos sacaron las fotos, se acercó la familia de Felipe y nos sacamos todos juntos.
—Ahora se va la familia de la novia y queda sólo la del novio— indica el fotógrafo.
Después de unos cuantos flashes que me hicieron doler la cabeza, terminaron las fotos y la fiesta.
—¿Nos podemos ir ahora, señora Mills?
—Se lo suplico, señor Mills.
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Un nuevo camino
ChickLitMuchas veces buscamos un nuevo comienzo, el problema es que no nos damos cuenta que, para lograrlo, debemos superar las cosas que nos llevaron a buscar ese comienzo. La necesidad de encontrar algo nuevo. Parece un juego de palabras, pero es la reali...
