—¿Me dejará volver a mi hogar, señor Mills?
Estábamos acostados, las sábanas envolvían nuestros cuerpos desnudos.
Sonríe, con su sonrisa perfecta, ¿tenía algo este hombre que no fuera perfecto?
—Esperaba pasar el resto del día con usted, señorita Robbins.
—¿Tienes ganas de más?— pregunté impresionada.
Yo estaba destrozada, me dolían las piernas ya. No sé de dónde saca tantas energías.
—Si, de pasar más tiempo contigo.
Es tan encantador.
—¿Y cómo planea pasar este tiempo?
Me acerco a él y le doy un beso, suave. Después de todo lo que había pasado, tenía que aprovechar esos labios.
—Podríamos pasar el domingo en la cama— dice juguetón.
Empiezo a reír.
—Por muy tentadora que suene la oferta, creo que debería irme.
Pone una cara triste y no me puedo resistir, vuelvo a sus brazos.
—Está bien. — suspiro— No es como si quisiera hacerlo, de todos modos. Aunque usted va a explicarle mañana a mis profesores por qué estaré tan cansada.
—Con mucho gusto. Total yo pago sus sueldos.
Lo miro incrédula.
—¿De verdad?
—Bueno, no sé si específicamente pero soy un gran benefactor de la universidad.
¿Qué era lo que no hacía?
—¿Hay algo que no haces?
—Muchas cosas, me gustaría poder hacer más de las que hago.
Se muestra tan soñador cuando habla de su trabajo, se nota que lo apasiona. Y, por supuesto, yo no puedo sacar mis ojos de él cuando lo hace.
En realidad, nunca puedo sacar mis ojos de él.
—¿Le puedo preguntar algo, señor Mills?
—Por supuesto.
—¿Por qué no me besaste antes?
Esa duda no me dejaba dormir, quería saberlo.
Suspira y empieza a hablar.
—La primera vez que salimos, cuando nos estábamos yendo del restaurante tu cara se transformó. Entraste en pánico. Me dijiste que era por el vino y fingí creerte pero sabía que no era así.
Mierda, ¿tan transparente era?
—Tenía muchísimas ganas de besarte. Y se incrementaban a medida que te iba conociendo, pero sabía que, si te besaba, no iba a ser capaz de detenerme. Como sucedió anoche. Y sigue siendo complicado, te lo quiero explicar; pero ahora no, más tarde.
Lo dijo muy serio, un escalofrío corrió por mi cuerpo. Tenía un mal presentimiento.
Cuando estaba por preguntar de qué se trataba, escucho mi teléfono sonar. ¿Dónde estaba?
Me levanto para buscarlo; mierda si que me dolían las piernas.
—Qué maravillosa vista— dice desde la cama.
Sus manos estaban detrás de su cabeza y me apreciaba desde la cama. Le sonrío mientras busco mi celular.
Finalmente lo encuentro. Era Anna.
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Un nuevo camino
Chick-LitMuchas veces buscamos un nuevo comienzo, el problema es que no nos damos cuenta que, para lograrlo, debemos superar las cosas que nos llevaron a buscar ese comienzo. La necesidad de encontrar algo nuevo. Parece un juego de palabras, pero es la reali...
