Era un contrato en donde él accedía a darme una suma de dinero al mes, siempre y cuando yo accediera a no sacarle más dinero del pautado. Y, que una vez terminada la relación, tampoco podía sacarle más dinero.
Por supuesto, eso tenía que ser. Él sabía que yo era lo que era. Era una puta; así me quería. Quería mis servicios a cambio de dinero.
¿Cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo pude pensar que alguien podía quererme? Siempre iba a ser lo que era. No importa dónde escape; siempre me iba a perseguir. Felipe no me quería como su novia, me quería como a una puta que por dinero le podía hacer lo que quiera.
Sentía que no podía respirar; necesitaba salir de aquí.
Felipe me miraba atento, esperando mi reacción.
—Necesito irme de aquí— dije atropelladamente.
Me dirigí a la salida.
—Meredith, espera. Déjame explicarte cómo son las cosas al menos.
—No necesitas explicar nada, ya entendí todo. Fui una estúpida al pensar que esta vez las cosas podrían ser diferentes.
—¿A qué te refieres con diferente?
Me costaba respirar, necesitaba aire.
—Déjame ir, Felipe.
—¿Podemos hablar de esto, preciosa?
—No me vuelvas a llamar así, ni de ninguna otra forma. No me vuelvas a buscar. Mañana te devolveré el dinero que me prestaste.
—No quiero eso, Meredith. Déjame explicarte qué es esto, por favor.
No me di cuenta en qué momento había empezado a llorar.
—Ya lo sé. No quiero esta mierda. Me voy de aquí. Déjame ir— dije firmemente.
—Deja que mi chofer te lleve a la residencia al menos.
Accedí porque sabía que si no, me iba a seguir.
—Adiós, Felipe.
—Adiós, Meredith.
Me fui del departamento, no aguantaba las ganas de llorar. Esto no me podía estar pasando. Pensé que las cosas podían cambiar, que podían ir mejor. Pero estaba equivocada completamente.
El chofer de Felipe me dejó en la residencia. Entré hasta el lobby y esperé a que se vaya. Cuando lo hizo, volví a salir y me dirigí al bar del hermano de Tyler. Era una noche fría pero no me daba cuenta; mi cuerpo estaba en pausa. No sentía nada.
Llegué al bar y fui hasta la barra. David me ve y pone cara de preocupación.
—Hey, Mer ¿estás bien?
—Acabo de terminar lo que creía que era una relación. ¿Me das una botella de tequila?
—¿Estás segura?
—Te prometo que no haré nada extraño. Voy a estar bien. ¿Te lo puedo pagar mañana? Ah y una cosa más; si las chicas te preguntan dónde estoy pídeles que no le digan a Felipe.
Asiente y me entrega la botella.
Me siento en un banco lejos de la barra y de la pista y abro la botella. El líquido quema mi garganta pero no me importa.
La gente no se percata de mi presencia. Como era temprano, había muchas personas de after office en el pub.
Media botella después, sentía los dientes dormidos. Veía un poco borroso. No podía seguir bebiendo. Quería una noche eterna para olvidarme de quién era, quién era Felipe, sus besos, sus caricias, sus "preciosa", sus encantos. Todo era una mentira. Pero cierro los ojos y lo veo. Estaba decidida a olvidar lo que sentía por él, por todo. Recobro el aliento y sigo bebiendo.
Una vez que me quedaba un cuarto de botella, decidí que era momento de volver a la residencia. En la mañana tenía la entrevista de Maryland y no quería tener tan mala cara. Mierda, hasta borracha era responsable.
Empecé a caminar fuera del bar; el frío me caló hasta los huesos. Apuré mi paso, como pude, para poder llegar a la residencia. Tambaleaba y estaba segura que me veía completamente patética. Las personas me miraban de forma extraña. Me apresure antes de que alguien advierta a un policía de mi estado. Sentía como las gotas de lluvia mojaban mi cuerpo pero no me importaba.
Llegué a la puerta de la residencia, por segunda vez. No sabía cómo lo había logrado, honestamente. Mi visión era completamente borrosa y mis pasos no se coordinaban para nada. Esa es la razón por la que me caí de bruces en la entrada de la residencia cuando alguien abrió la puerta.
—¿Mer?
Levanté mi vista.
—¿Ty?
—¿Te tomaste eso tú sola? Mataré a David.
—Nooo, yo lo obligué.
—Ven.
Me levantó y me ayudó a llegar a mi habitación.
—Te ayudaré a sacarte la ropa así te acuestas. Anna no está.
—Eres un gran amigo, Ty.
—¿Qué te pasó que bebiste tequila?
—Problemas amorosos.
Asintió y empezó a sacarme la ropa para meterme en la cama.
Tyler siempre había sido tan bueno conmigo. Era muy lindo, ¿por qué nunca me había dado cuenta?
En realidad, una gran pregunta sería: ¿por qué lo estoy besando?
—Mer, ¿qué haces?
Me miraba confundido.
—Bésame— le ordeno.
La confusión se veía en sus ojos pero me devolvió el beso.
Empecé a sacar su ropa y él hizo lo mismo conmigo. Sabía que esto estaba mal, demasiado mal. Pero no podía parar. Necesitaba olvidarme de Felipe, como sea.
—Mer, espera. Estás muy borracha. Siento que me estoy aprovechando de ti.
—No estoy tan borracha, sé lo que estoy haciendo— dije y seguí besándolo.
Terminamos de sacar nuestra ropa y agarré un condón del cajón de la mesa de luz. Esto realmente iba a pasar. Tyler se lo puso y me penetró. No se sentía para nada como Felipe pero no podía pensar en eso ahora.
Cuando terminamos, Tyler se fue al baño y el cansancio me bajó completamente. Podía escuchar que me hablaba pero no podía reaccionar.
Asumo que me quedé dormida, me sentía en paz.
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Un nuevo camino
Literatura KobiecaMuchas veces buscamos un nuevo comienzo, el problema es que no nos damos cuenta que, para lograrlo, debemos superar las cosas que nos llevaron a buscar ese comienzo. La necesidad de encontrar algo nuevo. Parece un juego de palabras, pero es la reali...
