Capítulo 31 - Entre cajas y verdades

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Después de terminar todas mis clases, caminé hasta el auto con la intención de irme directamente a casa. Sin embargo, antes de salir del estacionamiento, vi a Alex parada en la banqueta. Supuse que esperaba un taxi.

—Te llevo, guapa —dije, bajando el cristal de la ventana.

—Sería un placer —respondió con una sonrisa.

Después de dejarla en su casa, mi mamá me mandó un mensaje avisándome que ese día comenzaría la mudanza y que el camión llegaría en unas horas. Lo que significaba que tenía que ponerme a recoger mis cosas ya. Cuando llegué, me encontré con un mundo de cajas apiladas en la sala.

—¡Mamá, papá! ¡Ya llegué! —grité al abrir la puerta.

Escuché pasos acercándose y, al mirar hacia el pasillo, vi la silueta de una chica. A medida que se acercaba, la reconocí.

—¡Ay por Dios! —gritó Madison, corriendo hacia mí.

—¡Madi! —le respondí, fundiéndome en su abrazo. Madison era hija de la hermana menor de mi papá. Siempre habíamos sido muy unidas, como hermanas. De esas con las que compartes todo, incluso los silencios.

—¡NO PUEDO CREER QUE ESTÉS AQUÍ!

—¡También vine yo! —dijo su madre, acercándose con una sonrisa.

—¡Tía Lisaaa! —exclamé, corriendo a abrazarla—. ¿Y mi mamá?

—Fue a comprar algunas cosas. Está feliz con la mudanza.

—Lo sé, se le nota.

—Pero tú no te ves tan feliz.

—No es eso, estoy de acuerdo con la idea... pero siento nostalgia. Toda mi vida está en esta casa.

—Eso es normal. Pero vas a hacer nuevos recuerdos en la nueva casa, y se mezclarán con los que ya tienes. Tu madre está tan feliz que me pidió que decorara la casa.

Después de conversar un buen rato con mi tía, subí a mi habitación con Madi para cambiarme y empezar a empacar. No sin antes poner música, claro. Yo empecé con los cuadros y fotos, y Madi con los libros. Cantábamos a todo pulmón mientras guardábamos nuestras memorias en cajas, hasta que la voz de mi tía nos interrumpió:

—Cariño, te buscan.

—¡Voy! —grité desde mi habitación.

Al bajar, me encontré con Alex. Había olvidado por completo que le había pedido que viniera a ayudarme con mi cuarto... eso fue antes de saber que Madi también estaría.

—Tía, ¿recuerdas a Alex?

—¡Claro! Aunque tú sí que has crecido, jovencita.

—Siii... La última vez que la vi fue hace tres años. Todavía tengo la camisa que me regaló en Navidad.

—Me alegra que aún conserves ese recuerdo mío.

—¿Madison también vino?

—Sí, está arriba. Vamos —dije, jalándola hacia mi habitación.

—¡Manos a la obra! —dijo Madi al vernos entrar. Nos reímos las tres y seguimos empacando.

Gracias a la ayuda extra de Madi y Alex, pudimos guardar casi todo. Aunque dormiríamos una última noche en la casa. Mi papá había pedido permiso para faltar al trabajo y terminar de recoger lo que faltaba al día siguiente.

Ya Alex se había ido. Y yo estaba recostada en lo que pronto dejaría de ser mi habitación, sobre un colchón inflable junto a Madi.

—¿No te alegra que estemos compartiendo cama otra vez?

—El único consuelo que tengo es saber que no me voy a caer, porque estamos en el suelo —respondí riéndome.

—¿Y qué ha pasado con Rockstar?

—Él y yo ya casi no hablamos como antes. En su lugar, tengo un drama diario con Lando —dije, mirando al techo. Aunque Madi no viviera cerca, siempre la mantenía al tanto de todo lo que pasaba en mi vida.

—¿El que te besó en su casa? ¿No estaba saliendo con otra chica?

—Sí, pero es raro. Se comporta de una manera y luego de otra. Solo logra confundirme más.

—Ya me ha pasado. Y lo único que te puedo decir es que te alejes. Eso es tóxico y termina desestabilizándote emocionalmente. Necesitas estar con alguien que te vea como prioridad, no como opción.

—Franco me trata como prioridad —susurré.

—¿Y tú por qué lo tratas como una opción?

Me quedé en silencio unos segundos. Luego lo dije sin filtros, así, directo:

—Me gusta Lando.

Madi se incorporó de golpe y me miró con los ojos bien abiertos.

—¿Qué?

—Lo escuchaste bien. Y me siento como una estúpida por eso.

—No lo eres. A veces el corazón quiere lo que quiere, y no podemos hacer nada para evitarlo. Sabes que te quiero, eres la hermana que siempre soñé tener... y lo último que quisiera es verte sufrir por alguien que no ve a la increíble chica que tiene justo enfrente.

—Me alegra tanto que estés aquí... no sabes la falta que me hacía hablar contigo.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora