Lucía no sabía qué había hecho mal exactamente, pero no paraba de ganarse el enfado de ese hombre y ella ya empezaba a temerlo. Le esperó sentada en una de las sillas que había dispuesto frente a su mesa de trabajo. Estaba nerviosa y no paraba de frotarse las manos. Cuando entró James al despacho, cerró la puerta tras de sí con llave. Lucía vio cómo metía la pieza dorada en su bolsillo del pantalón, sin entender porque lo hacía.
- Bien... ¿Puede explicarme porque siempre la encuentro ociosa, en lugar de hacer el trabajo por el que le pago? -le preguntó James-.
- Su abuela está durmiendo ¿Puede decirme exactamente qué es lo que tenía que estar haciendo mientras?
- Vigilar ¿Le recuerdo que le dio un infarto mientras dormía hace un mes?
- Usted no necesita una enfermera, usted quiere una esclava que esté acompañándola las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana y los trescientos sesenta y cinco días al año.
- Llámelo como quiera, pero es justo eso.
- ¿No se da cuenta que llevo dos años así? Sin un día de descanso, ni vacaciones... Y desde que usted vino no hace más que decir que no hago bien mi trabajo... ¡Pues despídame y búsquese a alguien mejor!
Lucía ya no pudo aguantarse más, pero después de gritarle, observó como una sonrisa cínica de satisfacción se dibujaba en su boca.
- ¿Despedirla? ¡No! Voy a estirarla y moldearla cual arcilla en mis manos, hasta convertirla en lo que yo quiero... Y para empezar, no vuelva a levantarme la voz nunca más, porque sino probará mi ira.
- ¡Está loco si cree que puede hacer eso! Me marcharé yo, si usted no me despide.
- Bien. Espero su carta de renuncia en mi mesa, pero recuerde que debe darme un mes antes de irse, para que pueda sustituirla por alguien, así que mientras tanto, el tiempo que Rose duerma, la espero en mi despacho todos los días.
- ¿Qué? ¿Para qué? -preguntó conmocionada Lucía-.
- No se preocupe por eso, ya lo averiguará ¿A qué hora se despierta mi abuela?
- A las cuatro.
- Son las tres y media, así que esta media hora que le queda, me ordenará los papeles que están sobre mi mesa.
- ¡No soy su secretaria!
- ¡Será lo que yo quiera que sea! Y cuidado con ese tono...
La cabeza de Lucía hervía como una olla a presión. Los insultos y maldiciones revoloteaban dentro sin poder escapar por su boca.
- Cogeré mis cosas y me marcharé de aquí –pensaba Lucía- ¿Quién se ha creído que es?
Pero sabía que tenía razón respecto al mes y como había visto que se había guardado la llave, vio que no tenía otra alternativa que obedecer. A las cuatro en punto James abrió la puerta y Lucía escapó de allí como una exhalación. Subió a la habitación de Rose y la preparó para su tarde con sus amigas. Después de dejarla en la cafetería, se fue a un locutorio y llamó a su madre.
- ¡Oh! ¡Cariño! ¡Cuánto tiempo sin oírte! ¿Dónde has estado? ¿Qué has estado haciendo? -le preguntó su madre-.
Lucía no hablaba con su familia desde hacía un año. Cuando su mundo se desmoronó no tuvo el valor de enfrentarse a ellos y se marchó sin decir a dónde, sin embargo, en las Navidades pasadas, la morriña le pudo e hizo una pequeña llamada para decirles que estaba bien y que les quería mucho. Hasta ese momento Lucía no había sentido la necesidad de volverlo a hacer.
- ¡Oh! Mamá... -dijo llorando-. Voy a volver a casa. Ya estoy cansada de estar aquí y dentro de un mes volveré con vosotros. No me importa ya lo que pasó...
- ¡Oh! Cariño... Me alegro tanto... No te preocupes por nada, todo quedó en el pasado, me entiendes?
- Sí mamá...
- Sólo dime dónde estás? ¿Y si estás bien?
- Estoy en Escocia mamá. Estoy bien, pero tengo que dejar el trabajo que estoy haciendo para poder irme.
- ¿Escocia?
- Sí.
- ¿Arreglaste tu situación laboral durante el Brexit?
- ¿Brexit? ¿Qué quieres decir? ¿Qué tenía que hacer?
- No lo sé exactamente, pero Reino Unido lleva fuera de Europa un año y sé que los visados eran muy estrictos ¿Por qué no hablas con la embajada y te informas?
- Sí mamá, eso haré. Te mantendré informada.
- Si por favor.
- Gracias mamá... y... lo siento... Por todo el daño que os he hecho...
- No digas eso hija. Nosotros sólo queremos que vuelvas y volver a tenerte entre nosotros.
Después de colgar a su madre y secarse las lágrimas, buscó el contacto del consulado o embajada española en Edimburgo y les mandó un email explicándoles su situación.
Aquella noche volvió a llover y Lucía volvió a sentir que algo iría mal y fue a la habitación de Rose para comprobar que todo estuviese bien y pasó allí la noche; total no podía dormir... El presentimiento y las palabras de James y su sonrisa torcida le traían pesadillas en las que ella era un pequeño muñeco de barro y él iba manoseándolo, poniendo aquí y allá y dándole forma...
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En sus manos
RomantikTras un suceso vergonzoso, Lucía decide huir a Escocia, donde quiere empezar de nuevo. Allí encuentra un hogar y un trabajo, y empieza una relación, pero su jefe, un guapo pero trastornado hombre, se interpondrá en todos sus planes... ¿Estará prepar...
