Untitled Part 42

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Llegaron a la mansión Campbell un poco antes de las diez de la noche. Llevaban fuera desde el sábado y la excursión les había dejado felices pero exhaustos. Mary les abrió la puerta.

- ¡Buenas noches Sr. Campbell! ¡Lucía! ¡Qué gusto volverlos a ver! ¿Qué tal el fin de semana?

- Muy bien Mary, muchas gracias por preguntar. ¿Qué tal la Sra. Campbell? -preguntó Lucía-.

- Acabo de dejarla en la cama.

- Subiré a verla antes que se duerma.

- ¿Me permiten un segundo? -preguntó el ama de llaves-.

- Claro Mary. ¿Qué ocurre? -preguntó James-.

- El sábado, poco después que se fueron, vino su abogado, el Sr. Flinch.

- ¿Henry? ¿Y qué quería?

- Bueno ... Eso es lo raro ... Quería verte Lucía y como le dije que no estabas ... me pidió tu número de teléfono.

- ¿Se lo diste? –Preguntó James visiblemente molesto-.

- ¡No señor! Le dije que yo no estaba autorizada para eso, que sólo Lucía podía dárselo.

- Muy bien -dijo más relajado-.

- Entonces ... me apuntó el suyo en un papel y me pidió que por favor te lo diera –dijo mientras le entregaba a Lucía un trozo de papel, bajo la severa mirada de James-. También llamaron de la embajada española. Me dijeron que mañana volverán a contactar contigo y que vayas preparándote para finales de semana. No me dieron más detalles ... -dijo Mary-.

Lucía y James palidecieron mientras se dedicaron una severa mirada.

- Gracias Mary. Voy a ver a Rose -dijo Lucía-.

Lucía subió corriendo las escaleras. Fue su manera de huir del golpe de realidad que le vino.

- ¿Sra Campbell? ¿Puedo pasar?

- ¿Lucía? ¡Claro niña pasa!

- ¿Cómo está? ¿Cómo han ido estos dos días sin mí?

- ¡Oh! Bien, cariño. Te he echado mucho de menos pero he estado bien, tranquila.

- ¡Cuanto me alegro!

- Pero dime tú ¿Qué tal vuestro fin de semana? -preguntó la anciana-.

A Lucía le empezaron a brillar los ojos tras aparecer en ellos algo de humedad.

- ¡Oh! Muy bien, Rose ¡He visto lugares preciosos!

- ¿Se ha portado bien mi nieto contigo?

Una lágrima comenzó a formarse en los ojos de Lucía.

- ¿Por qué lloras mi niña? ¿Te ha hecho algo malo? ¿Tengo que regañarle?

- ¡No! Su nieto ha sido maravilloso estos dos días Rose, sólo que ...

- Os habéis enamorado ...

- ¿Qué? ¡No! Yo ... -balbuceó Lucía-.

La lágrima terminó rodando por su rostro.

- ¡Oh! Mi niña ... No era una pregunta ... Os habéis enamorado y eso es ¡fantástico! ¿Por qué lloras?

- James acabó firmando la declaración hace más de diez días y ... la próxima semana tendré que irme ...

- ¡Oh! -dijo sorprendida Rose-.

Después de que ambas mujeres hablaran durante un buen rato y pusieran las cartas sobre la mesa, Lucía dejó descansar a Rose. Ahora que sabía que pronto iba a irse, se daba cuenta del cariño que había recibido en esa casa. Bajó a su habitación y se metió en el baño para darse una ducha y acostarse. Había perdido todo apetito. Salió con la toalla de la ducha envuelta alrededor de su cuerpo y al traspasar la puerta que separaba el baño de su dormitorio, notó una fuerza ajena que la llevó hasta la pared del lateral. La estancia estaba a oscuras, aunque ella había dejado la luz encendida.

- ¿Vas a llamarlo? -preguntó James-.

- ¿Qué? ¿A quién? 

- A Henry.

- ¿A Henry? ¡No! -dijo Lucía-.

- Puedes hacerlo si quieres ... –dijo con una voz derrotada, mientras eliminaba la presión del cuerpo de Lucía y se sentaba sobre la cama, de espaldas a ella-.

Lucía dio nuevamente la luz y se dirigió a la cama. Se colocó en cuclillas frente a él y vio sus ojos rojos e hinchados por haber llorado.

- James...

Pero él no contestó e intentó ocultar sus ojos a la mirada de ella.

- James ... -volvió a intentar- ¿Aún no sabes que soy tuya? –Dijo temblando y desenvolviendo su cuerpo desnudo de la toalla, mostrándose ante él, de todas las formas vulnerables posibles.

- ¿Eres mía?

- Completamente.

James se puso al mismo nivel que ella; bajó hasta el suelo y se colocó enfrente.

- No te vayas ... -le pidió él-.

- Mañana hablaré con la embajada y arreglaré esto ...

Era lo único que él quería escuchar. Se abalanzó hacia sus labios y tomó posesión de ellos, de su cuerpo y de su alma por fin. Aquella noche no follaron, aquella noche fueron conscientes que se estaban haciendo el amor; que se entregaban el uno al otro como nunca antes habían hecho, esperando que eso fuese suficiente para no tener que separarse nunca.

En sus manosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora