Parte sin título 49

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Tras acabar con la cosecha de aquel año, Lucía encontró trabajo de enfermera en una residencia privada de la tercera edad. Mientras trabajaba, iba arreglando su casa y el dormitorio del bebé. El médico le había dicho que todo iba bien y que nacería para el próximo mes de julio. Ya cada vez menos pensaba en James... Se imaginaba que ya se habría casado con Marion y que vivirían felices en un apartamento de Edimburgo, mientras Rose estaba con su nueva enfermera en Oban. La vida daba inesperadas vueltas de guión...

De vez en cuando se encontraba con Samuel y éste había resultado ser un buen amigo. Cuando supo de su embarazo, al principio le notó molesto, pero luego se alegró por ella, sobretodo le brindó su ayuda, cuando supo que el padre no aparecería por ningún lado. Una noche se presentó tarde en su casa. Lucía había llegado del trabajo, se había duchado y estaba preparando algo de caldo para cenar. Ya estaba de dos meses y gracias a su constitución delgada, su barriga empezaba a notarse un poco. Samuel entró con una botella de vino y una sonrisa en los labios.

- ¿Quieres celebrarlo conmigo? -le preguntó un Samuel excesivamente feliz-.

- ¡Samuel! ¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Estás borracho?

- Todavía no... pero pregúntamelo al final de la noche.

- ¿Qué estás celebrando?

- Tu vuelta... Tu trabajo... Tu perdón... Nuestra amistad... Tu embarazo... Hay tantas cosas para celebrar...

- Sabes que no puedo beber... -dijo ella-.

- ¡Pues beberé yo!

La velada resultó agradable para Lucía, quien no sospechaba de las intenciones de Samuel, pero que le agradaba contar con él como amigo, como compañero. Cenaron juntos un poco de caldo, algo de pescado y un brownie de chocolate. Lucía tenía las hormonas alteradas y su cuerpo le pedía dulces habitualmente. Jugaron al Trivial, escucharon música, bailaron, rieron y hablaron.

- Samuel... Me gusta que cuides de mí, pero... ¿No hay nadie en tu vida? ¿No sales con nadie?

- Ahora mismo no, Lucía. Terminé hace poco con alguien y no estoy preparado... -dijo faltando a la verdad-.

- ¡Oh! Lo siento...

- No te preocupes; no tenía que ser. ¿Qué hay de ti?

- ¿Qué quieres saber?

- ¿Cuántos hombres ha habido después de mí?

- Sólo uno –dijo con cierta incomodidad-.

- ¿¿Sólo uno en más de dos años ?? -sus cuentas eran distintas, claro!-.

- Sí... ¿Y tú?

- Serias, sólo dos. ¿Lo echas de menos?

- ¿Al padre de mi hijo? -preguntó ella algo perezosa de hablar de James, aunque cada vez se sentía más cómoda de hacerlo con Samuel-.

- ¡No! ¡Al sexo! –Dijo él bromeando- ¡Pues claro!

- No lo sé ... Es complicado ...

- Entiendo. A mí también me resulta complicado hablar de mi ex. Pero oye, si necesitas sexo cuenta conmigo –dijo riéndose de nuevo-.

- ¡Samuel!

- Lo digo en serio. He leído que el sexo durante el embarazo es muy bueno, tanto para la madre como para el feto y nosotros ahora somos amigos... pero en un pasado...

- Está bien, tomaré nota –dijo siguiéndole la broma-.

- Se me ocurre que como sólo has estado con dos hombres... Puedes comparar el sexo que tuvimos nosotros con el que has tenido con él... ¿Quién saldría ganando?

- No puedo hacer eso... Tú y yo éramos muy jóvenes e inexpertos, sobretodo yo. Ahora somos más maduros y nos conocemos mejor. Sólo diré que no cambiaría nada.

- Eso indica que yo saldría perdiendo... -río-. Bueno, te diré que he mejorado mucho desde entonces y que ahora lo hago mucho mejor...

- No lo dudo.

- Para mí nuestra primera vez fue muy especial, Lucía. Nunca podré olvidar tu cuerpo bajo el mío...

- Bueno, ya aparecerá la persona adecuada -dijo empezando a sentirse incómoda por los derroteros de la conversación-.

- ¿Y si esa persona fueses tú? -preguntó un Samuel sibilino-. 

- ¿¿Qué?? ¿Qué estás diciendo Samuel?

- Podríamos volver a intentarlo, Lucía. Puedo demostrarte que he cambiado; que no sólo pienso en mis necesidades; que puedo volverte a enamorar día a día y que puedo querer a ese niño como si fuera mío...

- ¡Oh! Samuel... No sería justo para ti. Ahora somos amigos y yo voy a ser madre así que...

- Te aseguro que estaría encantado de estar en vuestras vidas; de cuidaros; de apoyarte y sustituirte cuando estés cansada; de acompañarte al médico y estar a tu lado en el parto... Quiero cuidar de ti y de ese niño y estoy seguro que el amor vendrá más adelante...

Lucía no podía plantearse estar con otro hombre. Ahora mismo su cuerpo solo podía imaginarse entre los brazos de James; entre sus enredos y en la manera tosca de reclamarla como suya..., pero lo de cuidar y ayudarla con su hijo... eso era otra cosa y Samuel vio la duda en sus ojos, lo suficiente para alimentar su esperanza y volverla a tener en su vida.

En sus manosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora