Capítulo 30.

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Emma le hubiese gustado pensar que vivió con Cassandra por un tiempo, le hubiese gustado creer que ella quería recorrer el mundo con ella mientras tomaba su mano, o incluso despertar todas las mañanas y ver sus perfectos ojos verdes y su sonrisa sarcástica, le hubiese encantado llorar todas las noches mientras recordaba aquella noche en la mansión, hasta que su miedo fuera cesando. 

Pero Cassandra Hamilton decidió irse dejándola sola por completo.

Su corazón se había roto al escuchar su voz decir "Mañana temprano me iré, puedes quedarte en mi apartamento, te lo regalo sí así deseas, pero necesito irme, y si me amas, lo entenderás."

Y se marchó.

Con sus heridas recientes y su corazón dolido, ella se fue, sabiendo como iba a destruir el corazón de Emma al marcharse.

Habían pasado tres semanas sin ver a Cassandra, ni su paradero sabía, sólo sabía que seguía a cargo de sus restaurantes.

Hunter había llegado al día siguiente en el que Cassandra se marchó, y Emma le dijo que no podía casarse con el, ni siquiera seguir su relación, a lo que el chico enloqueció, pero para Emma no fue nada su reacción, estaba tan rota como para prestar atención a un dolor ajeno, Hunter le suplicó tanto, pero ella negó, y el simplemente se fue dando un portazo con tanta rabia, dejándola sola en la habitación de su hotel.

Emma llegó cansada al apartamento de Cassandra, había aceptado quedarse ahí y no volver a su casa, Harper no la buscó después de aquella pelea, y Angélica se cansó de contactar con su hija, pero la rubia le pidió estar sola, a lo que su madre accedió.

Se sirvió un poco de agua y luego bebió, y su mirada se perdió en el gran ventanal del apartamento, la vista era preciosa en Manhattan, y aquello le hizo sentir tanta nostalgia.

Había renunciado a todo la herencia de Harper, y mientras ella estuvo en el mando de su imperio, construyó también muchos hoteles a su nombre, pero eran más las fundaciones que hoteles, o escuelas para niños necesitados, odiaba tener tanto dinero, sabiendo que hay miles de niños en busca de comida, y eso hacía que su corazón se arrugara.

Caminó hasta la habitación en dónde Cassandra dormía y sintió su olor, no podía evitar llorar al sentir su ausencia, jamás creyó estar tan rota por aquella mujer tan arrogante.

Se acostó en su cama y cerró sus ojos por un momento, imaginando que ella estaba ahí, pero fue estúpido.

Y el timbre sonó, anunciando la llegada de alguien.

Emma se levantó a regañadientes para abrir la puerta, y encontrarse a Harper.

Su madre tenía sus ojos azules en ese momento, su rostro estaba demacrado, le dolía verla así, pero hizo su rabia a un lado y la dejó pasar.

—Sé que has estado viviendo aquí.— Fue lo primero que dijo Harper al estar dentro del apartamento y Emma cerró la puerta.

La rubia caminó hasta la sala y le hizo señas para que se sentara en el mueble, y así lo hizo, luego Emma se sentó al frente de ella y la miró seria, sin ningún tipo de expresión.

—Lo siento.— Comenzó a decir Harper viendo a su hija sin titubear.— Y he asesinado a tantas personas como no te imaginas, si a eso responde tú pregunta, no tengo una cifra exacta, porque no la sé.

Emma no apartaba la vista de ella sin decir nada, y aquella confesión le hizo revolver el estómago.

—¿Qué sientes cuando acabas con su vida?— Preguntó Emma sin dejar de verla.

—Nada.— Susurró Harper.— Jamás he sentido nada cuando asesino a alguien.

—Perdón por decirte esas cosas.— Murmuró Emma.— Pero no sabes lo traumada que quedé después de esa madrugada.

En tú mirada (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora