Capítulo 27.

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Emma volvió a colocar ese expediente en su lugar y colgó el cuadro de Harper. Su corazón no podía soportarlo más, sentía que en cualquier momento iba desfallecer ante tanta locura.

Caminó hasta Cassandra y se se sentó a su lado, la ojiverde aún seguía inconsciente, pero tocó su pulso y seguía firme, un poco débil. Toda su ropa estaba llena de sangre, sus labios estaban rotos al igual que sus cejas y mejillas.

—Gracias.— Susurró Emma abrazándose a ella.— Gracias por pelear por mí.

Su voz sonó rota, y comenzó a llorar en silencio, estaba tan rota por dentro que el miedo de estar sola en aquella mansión con miles de demonios, había desaparecido.

No quería separarse de Cassandra, tomó su mano y la acarició, sus nudillos estaban completamente rotos y llenos de sangre, le daba de todo verla así, inconsciente por el dolor.

Estuvo con ella abrazada como si su vida dependiera de ella en esos momentos, hasta que Ben llegó.

La puerta de la mansión se abrió y Emma miró a Ben junto a Adam, su expresión fue seria, sin vida, el brillo de sus ojos estaba apagado, y verlos a ellos dos sólo sintió rabia.

Ben corrió hasta Emma y la levantó inspeccionando cada detalle de su rostro, y Adam se acercó a Cassandra y la levantó con cuidado para llevarla a la camioneta.

—No quiero que me toques, Ben.— Murmuró Emma y lo miró seriamente.

Ben se alejó un poco y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Perdóname, Emma.— Susurró el ojiazul con su voz débil.— Por culpa mía estás aquí.

Emma lo miró con su ceño fruncido y pasó su mano por su nariz para quitarse un poco de sangre.

—¿A qué te refieres?— Preguntó la rubia viéndolo.

—Yo te envié el email.— Susurró.

Emma lo miró y su rostro por primera vez no expresó nada, sólo se escuchaba los latidos de su corazón.

Adam se acercó a ellos y miró a Emma, su rostro fue completamente de tristeza y quería abrazar a su sobrina, pero sabía perfectamente que ella lo haría a un lado.

—Llevaré a Cassandra a una clínica.— Murmuró Adam.

—Ben y yo nos quedamos.— Dijo Emma firme.— Aún tengo cosas por saber.

—Emma, por favor.— Dijo su tío viéndola.

—Vete Adam.— Dijo Emma viéndolo seriamente.

El sólo bajó la cabeza y asintió, dió la vuelta y se marchó dejándolos solos en aquél lugar.

—Llévame al laberinto.— Dijo Emma.

Ben caminó hasta la puerta y la abrió para que ella saliera primero, el y Adam habían venido en carros diferentes, y Ben abrió la puerta del copiloto para que ella ingresara y lo hizo, luego el se subió y manejó por la parte de atrás de la mansión. Había un camino que seguía derecho, había un portón muy grande, y el se bajó a abrirlo rápidamente y luego subió al auto de nuevo. Siguió conduciendo por unos 10 minutos, y estuvieron al frente de un laberinto inmenso.

Emma se bajó y Ben la siguió, recordó que debía seguir un hilo de sangre, y comenzó a inspeccionar el lugar, y en la entrada del laberinto había sangre seca, y comenzó a seguirla, Ben iba detrás de ella, y la rubia seguía caminando hasta el final del hilo.

Se detuvo en el piso, y vió que no había nada, y comenzó a pisar fuerte y se escuchó un eco.

—Toca ahí.— Dijo Emma ya que no tenía la fuerza para arrodillarse.

En tú mirada (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora