Capítulo 46.

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Dakota tomó su rostro entre sus manos y comenzó a llorar en silencio, su cuerpo temblaba, y no podía controlarlo, aquella confesión de su hija mayor le había roto tanto. Cassandra suspiró y miró por la ventana, no quería llorar y sólo se estaba distrayendo viendo aquella vista hermosa que le brindaba su habitación, mientras su madre lloraba en silencio.

—Perdóname, por favor.— La voz de su madre sonó en súplicas y Cassandra cerró sus ojos por un breve segundo.

—No importa, madre.— Murmuró Cassandra.

Dakota se levantó de su asiento y se sentó al lado de ella, y la abrazó, Cassandra no pudo resistirse ante aquél abrazo, porque era algo que ella había soñado por muchísimos años, qué su madre la abrazara y la consolara.

Su cabeza se recostó en su pecho, y el olor de Dakota jamás se le pudo haber olvidado, su fragancia tan delicada y suave, era un tranquilizante para ella.

—Jamás tuviste qué pasar por algo tan inhumano.— Susurró Dakota mientras acariciaba la espalda de Cassandra con delicadeza.

—Ni tú.— Murmuró.

Dakota besó su cabeza y Cassandra aún seguía abrazada a ella, no quería soltarla, quería estar ahí aferrada a su madre como una niña pequeña.

—Necesito decirte algo.— Murmuró Dakota, Cassandra se separó un poco de ella y la miró a los ojos con atención, su madre limpió sus lágrimas con delicadeza, y fijó sus ojos azules en su hija mayor.— Hace dos días escuché a Deerek hablando con sus hombres en la oficina, era un asunto relacionado contigo, no sé qué era exactamente, pero por favor, te pido que te cuides, ustedes jamás se han llevado bien.

Cassandra suspiró y pasó su mano por su cabellera castaña.

—Tranquila.— Murmuró Cassandra y tomó la mano de Dakota.— Cuídate tú, yo sé lo qué debo hacer, gracias por informarme.

Dakota se acercó a su hija y besó su mejilla con delicadeza.

—Te quiero, Cassandra.— Murmuró su madre acariciando su mejilla.— Jamás fui fuerte, pero tú lo eres, y eso te hace valiente.

Cassandra besó su mano y sonrió.

...

1 mes después.

Quería creer qué aquella hermosa luna Emma la estaría viendo mientras Cassandra la abrazaba por detrás en aquella terraza de su suite. Pero no era así, Emma no reaccionaba, seguía igual, pero Cassandra iba todos los días a verla, besaba su mano y le contaba su día, algunas veces dejaba una carta en su mesa de noche después de leérsela, y otras veces dormía a su lado en la silla mientras tomaba su mano.

Su relación con su madre se había fortalecido de tal manera qué eso la hacía sentir un poco animada en medio de su miseria. Aveces desayunaban juntas en el restaurante del hotel de Emma, otras veces caminaban tomadas de la mano en algún parque de Londres, y otras veces salían a montar caballo. Cassandra iba casi todos los días a la mansión a visitar a su madre, ya que Deerek y Hunter estaban en un viaje de negocios, y eso le daba alivio de volver a ir a la mansión.

Y por otro lado, Harper y Angélica seguían en Londres, Cassandra cenaba todas las noches con ellas, y Ben. Keyla tuvo que regresar a Estados Unidos por la universidad, pero siempre estaba en contacto.

Los días se habían vuelto grises, Harper y Cassandra habían trabajado mucho en la investigación del accidente de Ben y Emma, pero el causante de aquél accidente se había vuelto un anónimo, y su única pista había sido el hombre que los chocó.

En tú mirada (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora