—Debo viajar a Londres.— Dijo Cassandra mientras se colocaba su pantalón.
Emma se arregló el cabello, y terminó de colocarse su braga, y se sentó para ver a Cassandra, que seguía vistiéndose.
—¿Algún compromiso?— Preguntó.
—Es el cumpleaños de mi madre.— Dijo la castaña y se sentó al lado de Emma viéndola con atención.— Me pidió que estuviera, tú hermano irá.
—No lo sabía.— Murmuró Emma.— ¿Prometes cuidarte?
Cassandra sonrió de una manera cálida y luego tomó la mano de la rubia acariciando sus dedos con suavidad.
—¿Es importante qué lo haga?— Preguntó Cassandra viéndola a los ojos fijamente.
Emma suspiró y luego miró hacía la puerta por unos segundos, para después posar sus ojos azules en los verdes de Cassandra.
—¿Te importa mi respuesta?— Preguntó Emma.
El rostro de Cassandra se tornó más serio, pero no dejaba de verla, su mirada se volvió más intensa, queriendo entrar en el alma de Emma y acorralarla por mucho tiempo.
—Sí.— Susurró Cassandra.
—Estoy enamorada de ti.— Confesó Emma y Cassandra soltó su mano de ella lentamente.
Acto que Emma le dolió, ver sus ojos verdes llenos de brillo, para luego bajar su cabeza y ver como respiraba hondo.
—No te diré qué no debías hacerlo, porque no es así, eres libre de amarme.— Susurró Cassandra y levantó su vista para verla.— Y se siente bien, Emma.
—Es la primera vez que esto me pasa.— Susurró Emma.— Por favor, no me dejes sola con este sentimiento.
—Emma.— Dijo Cassandra acercándose a ella y tomando su mano nuevamente.— No quiero hacerte daño, te haría el amor mil veces, y mil veces te volvería amar en otras vidas.
Emma la miró fijamente sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas, y Cassandra se levantó y la tomó con cuidado, haciendo que se levantara, tomó su rostro entre sus manos y la besó con suavidad. Luego de unos segundos alejándose con lentitud, y juntando su frente con la de ella.
—Me haces feliz.— Susurró.— Pero no puedo permitir que te arrastres conmigo.
—Cassandra, por favor.— La voz de Emma sonó tan rota y una lágrima rodó por su mejilla.— Te necesito, y si quiero estar contigo, eres un maldito torbellino de dolor todos los días en mi cabeza, y es tan irónico que seas la cura de ese dolor. Cada día me levanto con la esperanza de verte, y me jode tanto que no estés en mi cama viéndome con ganas de destruir cada parte de mí.
Cassandra tenía sus ojos cerrados, su mandíbula estaba firme, y sus mejillas se tornaron rojas, al igual que la punta de su nariz, pareciendo contener algo con todas sus fuerzas.
—No puedo.— Susurró Cassandra y su voz sonó tan ronca.
—¿Entonces qué hacemos aquí?— Preguntó Emma viéndola a los ojos.— ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me hiciste el amor en esa maldita mesa? ¿Y por qué me amas?
El rostro de Emma se tornó tan rojo, su rabia comenzó a apoderarse de ella y Cassandra la miró seriamente.
—No lo sé.— Dijo Cassandra viéndola fijamente.— Me gusta estar contigo, más no puedo seguir teniéndote de esta forma.
—¡Maldita sea, Cassandra!— La voz de Emma sonó más fuerte y luego empujó a Cassandra molesta.— ¿Sabes qué me estás dañando de esta forma? ¡Lo estás haciendo!
—Emma, por favor.— Dijo Cassandra tomando sus manos para calmarla, pero Emma las quitó de un manotazo.
—¿Qué coño quieres de mí?— Preguntó Emma viendo a Cassandra seriamente, y la castaña suspiró y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Quisiera tener la respuesta de esa pregunta.— Murmuró Cassandra.— Pero no tengo ninguna.
Emma cerró sus ojos con fuerza y colocó sus manos en su rostro cubriéndolo, estuvo unos minutos así, y después miró a Cassandra quién tenía su vista fija en ella.
—Si no podemos estar juntas, por algo que ni puta idea sé, entonces vete.— Dijo Emma con firmeza.— Te estoy entregando cada parte de mí, y tú simplemente lo rechazas tanto que duele Cassandra, y yo no soy una maldita estúpida para arrastrarme a ti, y suplicar tú amor.— Su voz sonó tan seria pero tan rota al mismo tiempo.— Valgo más de lo que imaginas, te amo, pero me amo a mi primero sobre cualquier persona.
Cassandra en ningún momento apartó su vista de Emma, sus ojos verdes habían perdido ese brillo que tenía al principio, y su piel se tornó más pálida de lo que ya era. Pero esa mirada verdosa se había vuelto un enigma peligroso, intimidante, como si estuviera sangrando, y nadie podía ayudarla, su mirada se volvió tan rota pero jamás pidiendo auxilio para ser salvada.
Cassandra se acercó a la rubia y acarició su mejilla con suavidad, los ojos azules de Emma no se apartaban de su mirada, estaba llorando, pero en silencio, y eso la estaba quemando.
—Tengo envidia de tú autoestima.— Susurró Cassandra.— Me vuelve loca, pero tienes la razón.— Su voz sonó suave.— Sé lo mucho que vales, sé lo mucho que me amas, pero también sé lo mucho que sufres mientras te bañas.— Susurró Cassandra acercándose más a ella.— Te amo Emma, y lamento no ser quién pueda tomar tú mano mientras te derrumbas en el baño.
Emma comenzó a llorar con más fuerza, y pegó su frente en el pecho de Cassandra, y ella acarició su espalda y besó su cabeza con suavidad.
—Te escucho mientras duermes pidiendo ayuda.— Susurró Emma llorando.— He escuchado tú llanto mientras pides ayuda, yo te beso y te abrazo, llorando junto a ti.— Y se rompió en sus brazos.— ¿Quién te ha dañado tanto para no dejar que te ame como quiero?
—Emma.— La voz de Cassandra sonó tan rota y Emma sintió como aquella mujer lloraba en silencio tratando de no hacerlo, pero no podía evitarlo.
—Confía en mí, cielo.— Susurró Emma tomando su rostro entre sus manos, viendo como Cassandra lloraba con sus ojos cerrados, le dolía en el alma verla tan rota sin pedir ayuda.— Por favor, Cassandra.
—Yo quiero hacerlo.— Susurró Cassandra aún con sus ojos cerrados mientras lloraba.— Quisiera que hubiera una salida de este infierno que llevo por dentro, que hubiera un botón para detener mis pesadillas, quisiera poder levantarme todas las mañanas sin tener que tomar alguna pastilla, pero me estoy quemando en mi propio infierno, me estoy muriendo y nadie lo nota, soy ajena al dolor de los demás, pero nunca al tuyo, te amo tanto que duele, te amo tanto que es libre, pero no puedo amarte como quieres mientras estoy encadenada.
Emma besó sus labios, sintiendo sus lágrimas, su boca estaba caliente, pero el llanto de Cassandra fue más fuerte y se separó sólo un poco, juntando su frente con la de ella.
—Lo siento, Emma.— Susurró Cassandra y abrió sus ojos, que estaban rojos, y su color era impresionante, un azul turquesa perfecto pero roto.
—Te amo.— Susurró Emma en un llanto desesperado.— Te amo, pero por favor dime que vas a mantenerte fuerte a dónde quiera que vayas.
Cassandra besó su mano y luego la miró fijamente.
—Sigues siendo patética ¿Sabes?— Dijo Cassandra con una pequeña sonrisa.— Pero eres esa mujer que el mundo necesita día a día.
—Eres mi mundo.— Susurró.
—Lo sé.— Dijo Cassandra y la besó con delicadeza.
—Te odio tanto, Hamilton.— Dijo Emma cerrando sus ojos y aferrándose al cuello de Cassandra.— Te odio porque me has roto el corazón, te odio porque te vas y me dejas sola, pero también te amo tanto que puedo soportar ver como te marchas.
Cassandra sonrió y besó su frente.
—Tú vida es buena, Emma.— Susurró Cassandra.— Quiero arrebatarla y hacerla mía, pero ese privilegio sólo ha sido otorgado para alguien más fuerte que yo, y esa eres tú.
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En tú mirada (#2)
RomansaSus ojos podrían ser los más hermosos que haya en el mundo, pero su mirada podría matar a quién quiera a su paso, envenenar tú alma y arder en el infierno con ella, pero también podría sanarte del mal en el que estás, aunque desgraciadamente ella se...
