Capítulo 16.

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—¿Cuatro años?— Preguntó Emma sorprendida.

La rubia se acomodó un poco para verla mejor a los ojos, amaba tanto su mirada, su manera de mirarla y poseer cada parte de su cuerpo y alma sin pedir permiso.

—Una vez viniste a una carrera de caballos hace cuatro años con tus madres.— Susurró Cassandra.— Para ese entonces tenía veintiún años, era en Londres, un evento organizado por mis padres, estabas con Hunter, y apenas eran unos niños de diecinueve y dieciocho años, me gustaba cada gesto tuyo, apenas a tus diecinueve años sabías envolverte en el mundo empresarial de tú madre, Harper.

—¿Cómo es qué sabías mi edad para ese entonces?— Preguntó Emma intrigada.

—Sé todo de ti.— Murmuró.

Esos ojos verdes estaban oscuros, pero su mirada seguía intacta, sarcástica, malévola y mala.

—¿Estuviste detrás de mí todo este tiempo?— Preguntó la rubia y acarició su abdomen.

—Sí, eres muy interesante, incluso hasta en tú manera de llevar tú trabajo, te envuelves de una manera muy ágil, Harper debe estar muy orgullosa de ti.— Murmuró Cassandra.

Emma sonrió y luego recostó su cabeza en su pecho, podía sentir su corazón acelerado, su respiración, su aliento mentolado a cereza. Se quedó ahí por un buen rato sin decir nada, sólo sintiendo el silencio entre ambas.

—¿A qué edad te sentiste exitosa?— Preguntó Emma luego de un rato en silencio.

—No lo sé Emma, pero para lograr el éxito hay que pasar por muchos fracasos.— Susurró la ojiverde.

Y cuanta verdad había en sus palabras.

Emma cerró sus ojos y sintió la paz invadir cada parte de su cuerpo mientras estaba encima de un ser tan demoníaco como lo era, Cassandra Hamilton.

El sueño había invadido sus cuerpos, sobre todo el de Cassandra. Pasó tres horas durmiendo en su pecho, y al despertar, el reloj marcaba las 5:30 pm.

Emma se levantó con cuidado, Cassandra aún seguía dormida, sus mejillas seguían rojas y sus labios igual pero aún rotos, se acercó hasta ella y dejó un suave beso en sus mejillas.

Se levantó, y caminó fuera de la habitación de la ojiverde, su apartamento era tan de lujo, sus colores eran de blanco, negro y un poco de rojo, le encantaba el diseño de su cocina, su sala, todo. Era algo nuevo para ella estar en el hogar de alguien que tanto le causaba curiosidad.

Caminó hasta su oficina, y en las paredes habían títulos de graduación y mejor puntería en el tiro blanco, también tenía una foto junto a Hunter, Keyla y Trevor abrazados. Se veían tan felices y tan jóvenes.

Pero no había nada más que solo papeles del trabajo, pero también le llamaba la atención lo organizada y pulcra que era con sus cosas, toda estaba tan impecable, tan perfecto.

Sólo vió la cantidad de armas que tenía guardada detrás de un cuadro, y todas tenían la inicial de "CH".

—¿Te gusta?— La voz de Cassandra la asustó.

—Perdóname.— Susurró Emma y se volteó para verla.

—No importa, pero dime si te gustan mis armas.— Dijo Cassandra y se acercó hasta ella y la miró por un momento, y luego tomó un arma.— Esta la compré en Irlanda.

—Es linda.— Murmuró la rubia.

—Fue la primera que me compré.— Dijo Cassandra y la colocó en su puesto.

Emma sonrió un poco, y vió como la ojiverde se dificultaba para caminar, la ayudó a sentarse en uno de los muebles que estaban en su oficina y luego se sentó al frente de ella.

No decían ni una palabra, pero sus miradas estaban ahí, intactas, descifrando cada parte de su alma.

—¿Te vas ya?— Preguntó Cassandra.

—Sí, tengo cosas que resolver.— Dijo Emma.

Cassandra asintió y luego cerró sus ojos por un momento como tratando de soportar un dolor.

—¿Nos veremos de nuevo?— Preguntó Cassandra.

—Quiero verte siempre.— Susurró Emma.

—No me digas eso.— La voz de Cassandra sonó tan ronca y suave al mismo tiempo.

Emma se levantó del mueble en el que estaba y se sentó al lado de la ojiverde, tomó su rostro con cuidado y poco a poco su mano iba a su pecho, sintiendo los latidos de su corazón.

—No sé que me pasa cada vez que estoy contigo.— Susurró Emma tan cerca de los labios de Cassandra.— Pero no sabes las ganas que tengo de pecar contigo.

Cassandra la veía con una sonrisa tan sarcástica y su mano derecha se posó en la pierna de la rubia, haciéndola temblar con su tacto.

—Y no sabes lo mucho que deseo que peques conmigo, Barker.— Murmuró Cassandra.

Emma cerró sus ojos y pegó su frente con la de ella, sus manos tocaron su abdomen y sintió la piel fría de Cassandra.

—Debo irme, vendré luego.— Murmuró Emma y besó la mejilla de Cassandra.

La rubia se levantó para irse pero Cassandra tomó su mano y la hizo voltear, sus miradas se conectaron, esos ojos verdes no perdían cada detalle de esos ojos azules.

—Aún hay miseria en tus ojos.— Dijo Cassandra y su mirada se tornó tan maldita.

—¿Ni siquiera en tú lecho de muerte dejas de ser tan desgraciada?— Preguntó Emma con una sonrisa divertida.

—Hasta que no seas mía.— Dijo la ojiverde con una sonrisa burlista.

—Jamás seré tuya.— Susurró Emma.

—¿Qué deseas apostar?— Preguntó Cassandra.

Y su mirada se volvió tan mala como el mismísimo infierno, pero para su sorpresa, Emma Barker tenía esa misma mirada, y esa misma sonrisa.

—Todo lo que quieras, Hamilton.— Dijo Emma desafiante.— El dinero no es problema para mí.

Cassandra sonrió y luego se levantó para estar frente a ella, quedando un poco más alta que la rubia, pero su mano fue hasta su rostro y lo acarició, su dedo tocó su labio y lo acariciaba con lentitud, su mirada verdosa estaba perdida en sus labios, pero luego levantó la vista y la miró fijamente, tomó su cintura con fuerza y la acercó a ella.

—No necesito dinero, y lo sabes.— Murmuró Cassandra tan cerca de sus labios.— Te necesito a ti, te quiero a ti.

Emma sintió cada parte de su cuerpo una corriente, y sus manos fueron hasta el cuello de la ojiverde y pegó su frente con la de ella, sintiendo su respiración y su olor tan embriagante.

—¿Por qué no me tomas sabiendo lo dispuesta qué estoy de entregar cada parte de mi cuerpo a ti?— Preguntó Emma con sus ojos cerrados y sintiendo la respiración de Cassandra en sus labios.

—Porque no sólo deseo tú cuerpo.— Murmuró Cassandra.— Deseo tú alma, cada parte de ella y tenerla junta a la mía.

Emma abrió sus ojos lentamente y vió esos perfectos ojos verdes mirándola con atención, quería besarla tanto y perderse en sus labios, quería hacerla suya hasta que su cuerpo no diera más, quería tanto entregarse a Cassandra Hamilton, pero había algo que la detenía por completo.

—Te quiero.— Murmuró Emma y se fue, sabiendo el peso de su confesión.

En tú mirada (#2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora