Epílogo. (ÚLTIMA PARTE)

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PARTE FINAL.

MI VIDA CON EMMA BARKER.

CASSANDRA

Mi ojos se cerraron lentamente, sintiendo como sus pequeñas manos tocaban mi brazo derecho, y su risa llena de alegría inundaba nuestra habitación. Sus saltos en la cama eran descontrolados, y luego se tumbó a mi lado y comenzó a tocar mis tatuajes, y sus grandes ojos azules los miraba con tanta concentración.

—Mami...— Balbuceó.— Gustar.

Sus dedos señalaban mi tatuaje haciendo pequeños círculos y le sonreí. Emma había dado a luz hace dos años y 3 meses, a George, era idéntico a ella. Sus ojos azules, y su cabello rubio liso lo había heredado de mi esposa. Era un niño muy tranquilo, pero aveces me hacía correr por todo un parque detrás de él, cuando veía a las palomas y no duda ni un minuto en perseguirlas.

—¡Buh!— Sus manitas fueron hasta su rostro tapándolo y yo lo tomé haciéndole cosquillas, y su risa no se detenía.

Jamás me vi con un hijo, o desear uno, simplemente no podía. Había quedado embarazada a los 15 años, de una violación, Deerek lo supo y me hizo abortar de inmediato, ocultándole todo a mi familia. Y desde entonces, jamás deseé ser madre, porque aquél recuerdo me traumó de por vida.

—Eres un pequeño monstruo.— Dije levantándolo y el colocó sus manitas en mi rostro y buscó llenarme el rostro de besos.

—Mami.— Dijo riéndose al sentir mis cosquillas.— Gusta, mami.

Decía muy pocas palabras, y todas incompletas, me parecía adorable, y bastante encantador. Era una mini versión masculina de Emma. Mi esposa entró a la habitación con una bandeja de comida chatarra, y se sentó en la cama a mi lado, y George se lanzó a sus brazos dándole besos por todo el rostro, y ella comenzaba a reírse.

Me gustaría decir que el pequeño George Hamilton Barker, era un niño totalmente independiente a la hora de dormir, pero no era así. Tenía una habitación increíble, pero sólo se la pasaba ahí jugando con Rubio o Nieve, y en la noche se metía en nuestra cama y dormía encima de mí, y cuando despertaba primero que ellos, lo veía en los brazos de Emma. No me molestaba para nada, más bien me encantaba, pero aveces tenía que negociar con Harper y Angélica para que lo tuvieran una noche, y poder estar a solas con Emma, ya saben a lo que me refiero.

—George, deja eso.— Dijo Emma advirtiéndole sobre no tocar el control del televisor, y el bufó y se metió entre mis brazos, mirando a Emma con puchero.

—¿Molesto?— Pregunté viéndolo a los ojos y el asintió sin dejar de ver a Emma, y mi esposa le sacó la lengua y siguió comiendo mirando la película, pero veía disimuladamente a George con una sonrisa divertida.

—Mamá, mala.— Dijo el pequeño señalando a Emma y haciendo un puchero con su boca, y Emma le volvió a sacar la lengua y yo sonreí.

—Mamá no es mala, George.— Dije acariciando su cabello.— Sólo tiene celos de que estés en mis brazos.

—¡Eso es mentira!— Exclamó Emma y una sonrisa divertida se asomó en su rostro.— Bueno, sí.

George se comenzó a reír y volvió a los brazos de Emma, dándole pequeños besitos en su mejilla.

—No celos, mamá.— Dijo él tomando su rostro.— Yo tuyo.

Emma me miró y elevó sus cejas orgullosa, y yo volteé los ojos y le robé una papa frita.

—No puedes luchar contra eso, cariño.— Dijo Emma abrazando a George y viéndome con orgullo.

—George.— Dije llamando la atención de mi hijo.— Tendrás que compartir a mamá conmigo.

En tú mirada (#2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora