"Te amo".
Leyó miles de veces esas dos palabras, tanto que se le hacía imposible de creer.
¿Cassandra realmente la amaba?
Emma lloraba en silencio sintiendo tanto la falta que le hacía aquella mujer con sonrisa sarcástica y mirada tenebrosa. La extrañaba de tal manera qué jamás pensó hacerlo.
—¿Emma?— La voz de Harper la hizo volver a la realidad.
Emma miró a su madre y luego limpió sus lágrimas, estuvo un momento calmando su respiración, para luego levantarse y abrazarla.
—Te amo, y perdóname, si creo en ti.— Susurró Emma mientras se aferraba al cuello de su madre con sus ojos cerrados, sólo sintiendo aquél abrazo.
—Confía en mí, no quiero dañar más a mi familia.— Y la voz de Harper sonaba tan sincera.
Emma se separó sólo un poco y miró sus ojos verdes, a lo que tenían un pequeño brillo, y le sonrió.
—¿Vamos?— Preguntó Harper viendo a su hija con cautela, y ella asintió.
...
Después de una hora y media en camino, habían llegado a aquella mansión maldita, todo se veía tan normal, como si nunca hubiera pasado nada.
Emma miró la hora, y el reloj marcaba las 4:15 pm.
Harper estacionó su camioneta al frente de la mansión, y luego se bajó, Emma también lo hizo, y tomó una fuerte respiración, sintiendo como lo sucedido de aquella noche volvía a su cabeza.
Su madre se acercó a la gran puerta y la abrió, y esperó a que Emma ingresara primero. Todo se veía tan limpio y pulcro, no había ni una gota de sangre, sólo estaba el personal de servicio, a lo que Harper le pidió que se marcharan, dejándoles el resto del día libre.
Emma sólo seguía a Harper, quién caminó al final de la mansión, entrando a una biblioteca y cerrando la puerta detrás de ella. Aquella biblioteca era inmensa, de tres pisos para ser exactos, Emma estaba fascinada por la cantidad de libros antiguos que había, y caminó lentamente acariciando los estantes.
—A cada miembro Barker, nos fascinaba la lectura, somos adictos a los libros.— Dijo Harper mirando el segundo piso.— Adictos a las cosas nuevas.
—Creo que saqué ese rasgo, porque también soy adicta a eso.— Murmuró Emma sacando un libro e inspeccionando cada detalle de su portada y luego lo abrió para ver sus hojas viejas.
—Lo sé.— Dijo Harper.
Su madre caminó hacía unos estantes viejos y al final se vió una puerta de madera, de tamaño normal, pero muy elegante. Y entró, esperó a que Emma entrara y luego cerró la puerta con seguro.
Aquella habitación era espaciosa, tenía varios escritorios viejos, y en las paredes cuadros de los miembros Barker con sus uniformes con aquél logo de una pistola.
—Esta habitación era exclusivamente para los miembros que habían logrado su primer paso, el que era asesinar a uno de nuestros familiares.— Dijo Harper y luego miró a su hija.— Adam solo entró una vez, y jamás volvió.
—¿Por qué?
—Adam es el único que no tiene un expediente.— Dijo Harper y se acercó a uno de los escritorios y sacó una hoja con varias cosas enumeradas.— Mi abuelo lo catalogó como un ser humano débil, inservible, y bruto.
Y Emma se imaginó el dolor que tuvo que haber sentido su tío al vivir en este infierno.
—En esta habitación sólo se hablaba de nuestras próximas víctimas, teníamos clases de manipulación por nuestro abuelo o padre, poníamos en práctica nuestras mentes, y todos los domingos sólo eran para estudiar cosas del colegio, cuando el colegio, era aquí en la mansión.— Dijo Harper y luego le entregó la hoja a Emma.
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En tú mirada (#2)
RomanceSus ojos podrían ser los más hermosos que haya en el mundo, pero su mirada podría matar a quién quiera a su paso, envenenar tú alma y arder en el infierno con ella, pero también podría sanarte del mal en el que estás, aunque desgraciadamente ella se...
