CAPÍTULO V

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Selina despertó de golpe, causando que su agitada respiración irrumpiera el sueño de su hermana menor, quien se había quedado dormida sobre uno de los sillones de la espaciosa habitación.

—Buenos días, ¿te encuentras bien? —La pequeña la miró con preocupación.

—Agua —pidió la chica con un hilo de voz, pues su garganta se encontraba seca debido a los efectos de la maldición.

Tea inmediatamente se levantó y sirvió el líquido para su hermana. Selina tomó el vaso sin titubear y bebió su contenido de un jalón, nuevamente le extiendo el vaso a su hermanita quien le sirvió más agua.

—Veo que Reika no ha despertado. —La peli plateada miró a su melliza con preocupación.

—Esta vez eres la primera. —Ambas chicas se quedaron en silencio.

Selina se levantó lentamente de la cama e inició a examinar el lugar donde se encontraban; la gigantesca cama tenía sábanas blancas con detalles dorados y un hermoso dosel del mismo estilo, al pie de esta había un sillón y a unos metros, unas sillas para el té, una pequeña mesita y una chimenea; el lugar tenía varias cómodas y un enorme vestidor al igual que un baño.

—¿Has conocido a los príncipes? —preguntó la mayor mientras acariciaba la suave tela del dosel.

—No, no he salido del cuarto.

—¿Te mantuviste aquí encerrada los cuatro días? —La mayor la miró con impresión.

—Está bien, tuve tiempo para pensar y procesar las cosas. —Selina se acercó, acarició su rostro con suavidad y le dio un largo abrazo. Alguien tocó la puerta exterior interrumpiendo el momento.

—Seguramente es Indira con el desayuno.

—¿Desayuno? —Los ojos de la mayor se abrieron como platos al oír esto—. Genial, muero de hambre. —La chica salió corriendo del cuarto y no dudó en abrir la puerta, lista para degustar la deliciosa comida que les habían traído.

Para su sorpresa, quien se encontraba tras la puerta no era la sirvienta, sino uno de los príncipes. El chico vestía un pantalón beige con botas negras altas, camisa blanca, saco verde oscuro y guantes negros; su cabello era lacio y de color azabache, sus labios eran gruesos y lo más llamativo de su rostro eran los lindos lunares que lo surcaban, pero el que más resaltaba, era el que se encontraba sobre su nariz.

El muchacho la observó de pies a cabeza con evidente impresión, por un momento había olvidado sus modales, pero los recordó instantáneamente cuando sus ojos se cruzaron con los de la chica.

—Príncipe Park Sunghoon de Ylia —se presentó torpemente con una reverencia.

—Princesa Selina de Engenia. —Ella igual le hizo una corta reverencia.

—Y-yo... he traído presentes. —Por un momento pareció como si el chico hubiera olvidado cómo hablar. Le extendió una caja negra a la peli plateada.

—¿Regalos? —Selina volteó a ver confundida a su hermanita.

—Sí, los príncipes nos hemos organizado para darles un par de obsequios de bienvenida, aunque, por lo que veo, no soy el primero en venir. —Sunghoon le echó una mirada al pasillo, donde se encontraban apiladas varias cajas con distintos obsequios.

Las princesas los observaron asombradas, no esperaban tal hospitalidad de su parte.

—Caballeros, por favor lleven estos regalos dentro —ordenó el joven a los soldados que custodiaban la entrada de la habitación.

—Gracias —agradeció Selina. Él les sonrió a ambas.

—No hay de qué, princesas, espero verlas en el baile de esta noche. Ha sido todo un placer conocerlas. —Esto último lo dijo sin apartar la mirada de la mayor, cosa que hizo que la chica se sonrojara.

Cursed-Blessed {Enhypen}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora