CAPÍTULO LXVII

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Tras varios meses de lucha, cansancio y muerte en aquellas terribles y desoladas tierras, el príncipe Park Jonseong de Nostriel finalmente había llegado a su tan ansiada meta, el Castillo del Sol Yacente.

La antiquísima estructura se encontraba en los confines de las lejanas tierras del oeste, el castillo parecía estar flotando en el cielo debido al profundo agujero en el suelo que lo bordeaba. El único modo de llegar a su entrada, era por medio de aquellas inestables piedras que alguna vez formaron parte de un glorioso camino hacia la titánica entrada.

Jay miró hacia la antigua estructura y suspiró. Realmente no sabía lo que aguardaba por él ahí dentro pero estaba listo para averiguarlo.

Comenzó a saltar de piedra en piedra con mucho cuidado, pues era consciente de que si llegaba a resbalar, esta vez no habría nadie que pudiera ayudarlo y detener su caída, además de que el futuro de la guerra pesaba completamente en sus hombros al ser el único de sus compañeros capaz de cruzar hacia el otro lado.

Con cada paso que daba podía sentir como el ambiente se volvía más cálido y asfixiante a su alrededor, la magia que ahí habitaba era incluso más fuerte que la energía que se encontraba en la Cueva Circular.

Cuando finalmente llegó hasta la enorme entrada, suspiró aliviado. Volteó a ver a los soldados quienes gritaron con alegría a la lejanía a modo de apoyo. Jay cruzó por el enorme arco que fungía como entrada y comenzó a recorrer las ruinas.

Todo el castillo estaba hecho con la misma piedra amarilla que la ciudad de Austora, la arquitectura incluso era similar, llena de arcos, puentes y arte. Había varias plantas que habían logrado adueñarse del esqueleto de aquel magnífico lugar e incluso el príncipe fue capaz de escuchar agua fluyendo, el único sonido audible era el eco de sus pisadas y eso lo inquietaba un poco. Afortunadamente mucha luz entraba e iluminaba todo el lugar gracias a los inmensos ventanales con los que contaba la estructura, además de todos los hoyos que tenía el lugar a causa del tiempo y de la Guerra Centellante, lo que le permitía caminar con seguridad por el lugar al ser capaz de ver todo lo que había delante de él.

Finalmente llegó a unas escaleras donde tenía la opción de subir o bajar. Primero intentó bajar pero se halló con que estas estaban destruidas y el paso hacia el otro lado exigía un enorme salto que no prometía que hubiera forma de regresar en caso de ir hacia esa dirección, por lo que tuvo que conformarse con subir con cuidado las antiguas escaleras.

Recorrió ese primer piso sin éxito alguno, entró a varias habitaciones y hubieron otras a las que no pudo entrar debido a su completa destrucción, las revisó de arriba a abajo sin encontrar algo importante. Continuó subiendo por todas las escaleras que halló por su camino hasta que finalmente llegó a una amplia e iluminada habitación.

Tenía el techo alto y abovedado lleno de pequeñas ventanas circulares que permitían la entrada de la luz, en medio de la habitación se encontraba un enorme instrumento hecho de oro que mostraba distintos planetas y constelaciones. Jay observó la máquina con curiosidad y caminó alrededor de ella sin ser capaz de separar su vista de esta. No sabía de qué se trataba ni cuál era su función pero sin duda alguna estaba impresionado por su gran tamaño, la tecnología que poseía su maquinaria y la belleza que tenía esta.

Se quedó mirándola embelesado hasta que escuchó un extraño sonido detrás de él.

Rápidamente sacó su espada y se dio media vuelta, listo para atacar, sin embargo no encontró nada que estuviera acechándolo o amenazando con terminar con su vida. Desde que había puesto un pie en ese lugar no había podido evitar sentir que alguien lo observaba pero el hecho de haber visto una sombra esconderse detrás de uno de los pilares llamó su atención y confirmó una vez más lo que tanto sospechaba.

Cursed-Blessed {Enhypen}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora