CAPÍTULO L

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Jungwon despertó al atardecer. Se estiró sobre su cama y al recordar lo sucedido la noche anterior, sonrió por primera vez en mucho tiempo. Examinó el lugar en busca de Jay pero suspiró al darse cuenta que no se encontraba ahí, y no se le hizo de extrañar debido a la hora en que estaba despertando, por lo que pensó que seguramente el chico había tenido que hacer varias cosas tras su llegada al castillo.

Se levantó de la cama y fue al baño para tomar una ducha caliente, arreglarse e ir a cenar, pues su estómago le pedía a gritos ser alimentado. Tras terminar de arreglarse, abandonó sus aposentos y los soldados que custodiaban la entrada lo miraron sorprendidos, pues era la primera vez en días que salía de su cuarto.

—Que alguien arregle mi habitación, pidan en las cocinas que preparen los platillos favoritos del príncipe Jay y sírvanlos en mi comedor. Y por favor, que alguien le anuncie a Jongseong que lo estaré esperando para cenar. —Tras dar estas órdenes se alejó de ahí.

Jungwon caminó con tranquilidad hacia su comedor favorito, el cual era de un pálido color azul. Entró y tomó asiento en el lugar de siempre. Mientras esperaba, comenzó a pensar en todas las increíbles historias que su amigo le contaría sobre su aventura; se quedó tanto tiempo inmerso en sus pensamientos que apenas si se dio cuenta de que la comida se encontraba frente a él.

El chico miró los deliciosos platillos recién preparados y no pudo evitar sonreír pues sabía que Jay estaría encantado con ello, además que él mismo estaba muerto de hambre debido al ayuno involuntario que había hecho durante los últimos días.

Al principio Jungwon intentó contenerse y no tomar nada de la comida que había ahí, pues quería comer con Jay, pero luego de unos largos minutos en los que su estómago estuvo gruñendo y haciendo ruidos, terminó cediendo a la tentación, pues sabía que el rubio se enojaría más con él por haberlo esperado para comer juntos, que por no haberlo hecho.

Tras terminar con la entrada el chico miró el reloj, ya eran cerca de las ocho de la noche y Jay todavía no hacía acto de presencia.

—Debe estar muy atareado —musitó.

Cuando terminó y sólo quedaba el postre, el de ojos bonitos ya sospechaba que había algo mal. Estuvo apunto de gritar el nombre de su portavoz cuando la puerta del comedor se abrió.

Jungwon se levantó de un salto y con una enorme sonrisa en el rostro, pero esta se desvaneció apenas vio que quien había entrado no era a quien él tan ansiosamente esperaba.

—Príncipe Jungwon. —Heeseung le hizo una reverencia—. Lamento no ser por quien esperabas —comentó al ver el rostro de decepción del chico—. Me alegra ver que finalmente has abandonado tu habitación. —El pelirrojo detuvo sus palabras y entró lentamente al comedor—. Los sirvientes me dijeron que pediste ver al príncipe Jay.

—Así es, me enteré de su llegada y lo he estado esperando para cenar pero no se ha aparecido, supongo que está muy ocupado. —El mayor apretó los labios hasta volverlos una fina línea, debía ser muy precavido con sus siguientes palabras si no quería que el chico regresara a su estado anterior.

—Jungwon... Jay todavía no ha regresado de su expedición. —El pelinegro frunció el ceño con confusión.

—¿Qué? No. Yo lo vi. Estuvo ayer en mi habitación. —Heeseung suspiró y negó con la cabeza.

—Lo siento Won, posiblemente lo soñaste. Él no ha regresado.

—No, no —comenzó a negar el pelinegro con la cabeza—. Heeseung, eso no es posible. Él estuvo conmigo. —Su voz se empezó a cortar y sus ojos se llenaron de lágrimas—. Él estuvo conmigo. Yo lo pude sentir. —El pequeño cayó al suelo mientras se agarraba la cabeza y lloraba—. No fue un sueño, no fue un sueño, no fue un sueño. —Heeseung lo miró con lástima.

Cursed-Blessed {Enhypen}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora