CAPÍTULO XLIII

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Las princesas Altea y Mina se encontraban jugando cartas en una de las múltiples habitaciones del té. Ambas chicas se había vuelto buenas amigas en cuestión de días y disfrutaban ampliamente pasar el tiempo juntas, pues por primera vez en sus vidas tenían una amiga en quien confiar.

—Gané. —Mina mostró sus cartas dejando a la vista una flor imperial perfecta.

—Demonios, eres increíblemente buena en este juego. —Altea dejó sus cartas con desgano.

—Es solo cosa de suerte —comentó la pelinegra mientras recogía las cartas—. ¿Otra partida? —La menor negó.

—Juguemos otro juego.

—Mmmmm... —La mayor llevó un dedo a su barbilla y comenzó a pensar—. Está bien. ¿Qué te parece si jugamos verdad o reto?

—Nunca he escuchado de eso. —Mina sonrió con fingida sorpresa.

—No te preocupes, es realmente fácil. Yo te pregunto ¿verdad o reto? Si eliges verdad te haré una pregunta sobre lo que yo quiera y tú tendrás que contestar, si eliges reto te daré un reto a cumplir. Será divertido y así podremos conocernos mejor —explicó la princesa de Erontios.

—De acuerdo.

—Genial. ¿Verdad o reto?

—Reto.

—Te reto a pararte de manos por 10 segundos.

—¿Y si no puedo?

—Tendrás que intentarlo. Pero si no puedes como castigo tendrás que lamer el suelo. —La castaña se asqueó ante la idea.

Se levantó de su asiento y tras varios intentos finalmente pudo conseguir su cometido.

—¿Verdad o reto? —preguntó Altea esta vez.

—Reto.

—Te reto a hacer lo mismo .—La chica rodó los ojos e imitó la acción lográndolo al primer intento.

—¿Verdad o reto?

—Verdad.

—¿Ya diste tu primer beso? —La castaña asintió con vergüenza—. ¿Cuándo? ¿Con quién?

—Creí que sólo podías hacer una pregunta.

—Cierto, pero soy tu amiga y quiero saber la historia completa de eso. Cuéntame, cuéntame, ¿sí? —rogó la mayor.

—Está bien. Fue con el príncipe Ni-ki, en la torre de astronomía hace unos días.

—Picarona. —Le dio un golpe juguetón—. ¿Qué tal estuvo? ¿Te gustó? —La chica asintió nuevamente mientras sentía su rostro arder.

—Mi turno. ¿Verdad o reto?

—Verdad.

—¿Cuál es tu lugar favorito del castillo?

—¿Qué clase de pregunta es esa? Ya sabes que el santuario de mi madre es el favorito. La próxima vez haz otro tipo de pregunta.

—¿Qué tipo de pregunta entonces?

—No sé, algo cómo ¿quién es el príncipe más guapo? ¿Dónde di mi primer beso? O algo por el estilo. —Altea asintió—. ¿Verdad o reto?

—Verdad.

—¿Qué es lo más lejos que has llegado con Ni-ki? —preguntó mientras alzaba las cejas con picardía.

—¿A qué te refieres? —Altea se veía realmente confundida ante esta pregunta.

—Ya sabes, algún tipo de toque, beso o caricia en tus senos o ahí abajo. —Ante esta idea las mejillas de la menor se sonrojaron violentamente.

—No. No —negó enérgicamente con la cabeza—. Nada de eso.

—Qué lástima, es una experiencia realmente excitante. —Un brillo extraño iluminó sus ojos—. Ya lo verás, apenas te ponga una mano encima ya no podrá alejarlas de ti y te pedirá por más y más.

—¿Verdad o reto? —preguntó Tea rápidamente para cambiar el tema.

—Verdad.

—Ahora tú cuéntame sobre tu primer beso y dame todos los detalles.

—De acuerdo. Fue hace unos meses atrás antes de que ustedes llegaran. Al principio él era muy dulce y atento conmigo y a veces solíamos pasar el tiempo juntos, jugábamos y nos divertíamos así que lentamente me fui enamorando de él. Un día estábamos jugando dardos justo en esta habitación y luego de estar bromeando por un rato algo mágico sucedió, nos quedamos mirando a los ojos fijamente, él se acercó a mí, tomó mi rostro entre sus manos, me dijo lo hermosa que era y luego me besó. —La chica sonrió con melancolía ante este dulce recuerdo.

—¿Llegaste muy lejos con él?

—No tanto como me hubiera gustado —suspiró—. Creí que lo nuestro era amor verdadero, la conexión que teníamos se sentía como si ya lo hubiera vivido antes. Pero él sólo me utilizaba para satisfacer sus necesidades carnales —comentó con tristeza—. Lo que más me entristece es que le haga lo mismo a varias chicas, solo las trata y utiliza para su propio bien, pero apenas consigue lo que quiere las desecha como si fueran basura.

—Eso es horrendo. ¿Quién fue el chico que te hizo eso? —La pelinegra sonrió con malicia.

—Lo siento, ya fueron muchas preguntas por este turno así que tendrás que esperar a la próxima vez que elija verdad —La menor frunció el ceño—. ¿Verdad o reto?

Las princesas se la pasaron jugando por varias horas, las preguntas lentamente se fueron transformando hasta convertirse en algo más personal, pues Altea comenzó a preguntar más sobre la vida familiar de la mayor antes de la guerra, mientras que la otra se concentró en obtener más información sobre sus hermanas, mostrando un interés especial en la vida de Selina. Luego de un rato también abandonaron la habitación para cumplir con los retos que les eran asignados en otras partes del castillo.

—¿Qué opinas sobre esta pintura? —soltó Mina señalando el cuadro de un paisaje amorfo que se encontraba colgado en una de las paredes.

—¿Quieres mi sincera opinión? —La chica asintió—. Creo que es feo, parece como si hubiera sido hecho por niños.

—Lo sé —ambas rieron—. Creo que le hace falta algo, ¿qué te parece si intentamos arreglarlo? —La castaña asintió y sonrió.

Luego de mandar a traer las cosas necesarias ahora ambas chicas se encontraban pintando sobre el cuadro, al principio habían hecho un gran esfuerzo por intentar arreglarlo y le pintaron flores y avivaron los colores que tenía, pero en cierto momento habían comenzado a jugar y ahora se dedicaban a hacer cualquier tipo de garabatos sobre la superficie.

Varias risas se escucharon por todo el pasillo llamando la atención de las muchachas quienes voltearon a ver hacia dónde estas provenían encontrándose con la princesa Selina y el príncipe Jake, quienes reían a carcajadas a causa de un mal chiste que había contado el chico. Ambos lucían realmente felices y cómodos el uno con el otro y estaban tan absortos en su mundo que no notaron la presencia de las menores.

—Fue Jake —soltó la princesa de Erontios de la nada. Tea la miró confundida.

—¿A qué te refieres?

—Él fue el chico con quien di mi primer beso y me rompió el corazón —dijo mientras los seguía con la mirada—, ahora posiblemente haga lo mismo con tu hermana. —Este último comentario inquietó a la menor.

Vio lo feliz que lucía Selina junto al muchacho y luego pensó en el terrible dolor que sufriría si él la utilizaba como lo había hecho con su amiga y le terminaba rompiendo el corazón. Esto la preocupó y la hizo enfadar un poco, realmente no quería que eso sucediera. 

Cursed-Blessed {Enhypen}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora