CAPÍTULO LV

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Cerca del mediodía un jinete llegó al castillo de Erontios. El hombre lucía cansado y sucio y llevaba consigo unas cartas realmente importantes, las cuales ayudarían en cuanto al destino de la guerra.

—¡Jungwon! ¡Un jinete llegó al castillo! —anunció Heeseung con emoción entrando al despacho donde el menor se encontraba revisando algunos papeles.

Apenas escuchó esto, el chico dejó de hacer lo que estaba haciendo y salió corriendo detrás de su amigo. Al llegar al vestíbulo se encontraron con el hombre, quien lucía un tanto mal nutrido y cansado.

—Príncipe Yang, príncipe Lee. —Hizo una reverencia—. Soy Quintus Mayor, me mandó el príncipe Jay para entregar estas cartas —sacó los importantes sobres de su bolsillo y los entregó con manos temblorosas.

Jungwon tomó las cartas sin pensarlo dos veces y observó con adoración la tosca letra que se encontraba en cada uno de los sobres.

—¿Cómo se encuentran todos? —preguntó Heeseung al hombre.

—Mal señor, han habido múltiples bajas y hay varios heridos. Esas tierras son más peligrosas de lo que habríamos llegado a pensar. —Al escuchar eso el pelinegro lo volteó a ver inmediatamente.

—¿Cómo se encuentra el príncipe Jay? —preguntó intentando ocultar su preocupación.

—El general está bien. Carga con la esperanza de todos los soldados para encontrar algo útil ante la guerra, parece que no se dará por vencido hasta realizarlo. —Jungwon sonrió al oír esto, sabía lo terco y testarudo que podía llegar a ser el príncipe Jay.

—¿Qué tan largo fue el viaje? —preguntó el pelirrojo.

—Partí cuando había luna nueva. —Fue su única respuesta.

—Por favor, denle a este buen hombre una habitación y sírvanle toda la comida que quiera —ordenó Jungwon siendo incapaz de apartar la mirada de las cartas que sostenía entre sus manos.

—Gracias, sus altezas —se despidió el recién llegado antes de avanzar en compañía de algunos sirvientes.

—Tú, busca a la princesa Dabin y dile que la veremos en mi despacho —ordenó el de ojos bonitos a otro de sus lacayos.

Los muchachos corrieron ansiosos hasta el despacho del menor, donde minutos más tarde los alcanzó la heredera de Nostriel.

—¿Han llegado noticias? —preguntó la chica entrando a la habitación.

—Así es, Jay ha mandado cartas. —Dabin sonrió aliviada al oír eso—. Una de ellas es para ti. —Heeseung le extendió la carta que llevaba escrito el nombre de la princesa.

—¿Qué hay de las otras? —La chica señaló con la cabeza las otras dos cartas que Yang sostenía entre sus manos.

—Una es un reporte y la otra es para mí —contestó el pelinegro mientras abría el reporte y comenzaba a leerlo.

—¿Qué dice? —El pelirrojo intentó ver sobre el hombro del más joven para leer algo.

—Es el reporte sobre defunciones y heridos —soltó el príncipe con seriedad mientras fruncía el ceño—. Los números no son buenos y se están quedando sin suplementos.

—¿Hay alguna buena noticia? —preguntó la muchacha con evidente preocupación.

—Mmm... ¡Sí! Encontraron una cueva con lo que aparenta ser una profecía, ahora se dirigen hacia el lugar que les marcaba, se llama el Castillo del Sol Yacente, creen que ahí pueden encontrar algo que termine con la guerra. —Los chicos intercambiaron miradas.

Cursed-Blessed {Enhypen}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora