Límites

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—¿Un mentiroso?, lo dice el que se está escondiendo detrás de un sillón —gritó Nam Joon.

—Estoy en el piso, no en México cómo para que grites —susurró—, ayúdame, se me acalambró el pie.

Nam agarró el antebrazo de Seok Jin y lo ayudó a levantarse, pero no pudo mantenerse en pie, así que recargó sus manos sobre los hombros de Nam Joon. Jin posó su mirada al cuello V que tenía en la camisa, y que dejaba ver el resultado de un ejercicio bien trabajado. Bajó su mano ligeramente sin estar consciente de ello, era como si estuviese hipnotizado, siendo incapaz de controlar sus acciones.

Nam Joon sonrió, mirando la mano de Seok Jin posada en uno de sus pectorales, sintió un consquilleo por la situación, así que tomó la mano del niño mimado, para conducirlo con cuidado hasta su silla.

Jin recobró la compostura, y con esta su seriedad intimidante. Aunque no tardó en percatarse de la embarazosa situación que había protagonizado. «Eres un hombre Kim Seok Jin. No puedes pensar en pectorales, si no son tuyos. Además no son tan asombrosos».

—¿Se encuentra bien?

—¿A qué debo la segunda visita?, ¿ya pasaron ocho meses? —preguntó sarcásticamente, moviendo en círculos el pie que estaba hormigueando.

—Escúcheme Kim Seok Jin —alzó la voz un poco temblorosa, tratando de sonar seguro. Jin se recargó completamente en la silla y juntó las yemas de los dedos entre si, rozándose levemente. Lo miró fijamente con soberbia. «¿Realmente me está prestando atención?», pensó Nam, pasó saliva y se sentó en la silla que había ocupado en la mañana de ese día —. Mejor diga algo, porque realmente me está intimidando. Necesito recordar lo que ensayé.

Jin soltó un suspiro y rodó los ojos. Intentó parar el pie firme contra el suelo, y caminó hasta la gran ventana. Nam Joon lo siguió con la mirada.

—Será mejor que se vaya joven Rap Monsta. ¿Ve esas nubes? —preguntó, mirando a Nam, pero señalando el cielo. No esperó contestación—. En unos treinta minutos la lluvia estará sobre nosotros. La lluvia enferma, y un cantante enfermo no sirve. —Lo miró de reojo. — Ni si quiera un rapero.

Kim Seok Jin y Kim Nam Joon desviaron sus miradas a lados contrarios, uno desinteresado, el otro nervioso. Eran diferentes en personalidad, dos personas como ellos trabajando juntos: «Esto será un desastre», pensaron ambos.

—En esta reunión sí quiero participar. —Se paró de la silla, acercándose a la ventana justo a lado de Jin. La postura recta, la barbilla alzada, el pecho a fuera: proyectaba seguridad.

El joven desinteresado giró hacia Nam, le otorgó una mirada desafiante, terminando con una sonrisa gentil, la primera desde que lo conoció.

—¿Estás diciendo que en la primera sólo yo participé?, yo te vi ahí, sonriéndome. Si eso no es aceptar que estabas de acuerdo, entonces, ¿estabas coqueteándome? —Su rostro mantenía calma, como si nada pudiese perturbarlo.

—Estaba muy nervioso —replicó ofendido.

Se quedaron en silencio, Seok Jin miraba la hermosa vista y Nam Joon al piso.

—Lo lamentó —comentó Jin. Nam alzó la cabeza, su expresión confusa observó al joven a su lado—, pero yo me voy. —Corrió sin aviso, encerrando a Nam con llave. — ¡Park Jimin!, que bueno que pasas por aquí.

—Sí, estaba grabando, pero ya me vo... —pausó al escuchar unos golpes en la puerta.

—No hagas caso a eso —dijo apresurado—. No encuentro a mi secretaria, solo necesito un favor tuyo. —Jimin asintió. — No abras esa puerta hasta que yo esté muy lejos de aquí. —Le entregó las llaves, para después ingresar al elevador.

La musa secreta [NamJin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora