Nuevamente hetero

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Seok Jin no encontraba explicación a su falta de incomodidad estando cerca de Nam Joon, parecía no pensar, pero temía de las noches, cuando estaba a solas con sus miedos y traumas, porque la culpa de permitirse sentir algo en contra de su educación, lo perseguía.

Nam apartó su cabeza solo para observar el rostro inocente de su desesperado anhelo.

—Sé que esto no es lo que queremos Kim Seok Jin, lo sé. An Haneul es lo que quiere y yo quizá busque alguna chica parecida un poco más a mí —dijo con un leve tono de incredulidad—. He llegado a la conclusión de que todo pasó tan rápido, no nos detuvimos a pensar y solo dejamos que un error creciera. A usted le gustan las mujeres, a mí también. Tomemos esto como la despedida a una mentira que no supimos alejar. —Sus ojos se encontraron, seguían sintiéndose cerca, pero Nam Joon lo liberó de su agarre y caminó al otro extremo de la cocina dejando a Jin con la respiración agitada y un semblante desprotegido. — Quería sentirlo por última vez para dejarlo ir —susurró.

Kim Seok Jin recuperó la postura imponente que lo caracterizaba, pero con un rostro gentil.

—Descuida Kim Nam Joon, entiendo. Dejarnos ir para empezar de cero, estando conscientes de las equivocaciones y de ya no cometerlas —sonrió.

Ambos dejaron que el silencio los acompañara, habían decidido dejar a un lado lo que parecía no ser controlado por ellos, se acercaron y estrecharon sus manos.

—Por favor, prométame que no me dejará caer.

—No comprendo el porqué quieres que prometa eso, se supone que has entendido que esto no es lo que quieres —comentó sorprendido, alejándose hasta donde estaba anteriormente. Se recargó en el umbral de la puerta, cruzando los brazos.

—Lo sé, lo entiendo, pero algo dentro de mí permitió que pasara y no sé si esa parte haya comprendido del todo.

—Te lo prometo.

—Entonces ahora solo somos un contrato por cumplir —dijo Nam un poco desilusionado, disimulando una que otra emoción.

—No prometo ser tu amigo, no soy bueno en eso, pero puedo tratar de no ser tan intimidante. —Lo miró de reojo y la culpa empezó a tocar su mente. «Kim Nam Joon es un no rotundo». — Nam Joon...

—¿Sí? —contestó animado.

—No quiero que me odies si al final la disquera no te elige —susurró.

Nam recordó la importancia de la oportunidad que la vida le ofrecía e incluso sintió remordimiento por el tiempo que estuvo perdiendo, pero se sentía como una nueva persona que abría los ojos ante un nuevo mundo. Podría decirse que estaba agradecido de esos errores cometidos que lo llevaron a tenerle confianza a su jefe temporal.

—Yo no podría odiarte. No me has tratado muy bien que digamos y aún así me hiciste caer en tus encantos —rió por su imprudencia y no poder controlarla. Jin se sonrojó, pero lo tomó con gran humor, riéndose hasta ahogarse con su saliva.

—No creo que haya sido el momento adecuado, pero tu rostro al saber que la regaste, valió la pena —dijo limpiándose las lágrimas por tanto reír.

—Lo lamento, suelo ser muy imprudente. Suga no me deja ver películas antes que él porque siempre le doy spoilers.

—Muy bien, anotado: "No ver las películas después de ti".

—No creo que esa sea la lección —sonrió apenado—. Por cierto, traje lonche. ¿Quiere? —Asintió tranquilamente con una media sonrisa, recargando su barbilla en su mano. Quedó estremecido por la risa que quería escaparse de su interior a todo pulmón, después de ver la loncherita tan tierna en la que Nam llevaba su almuerzo.

La musa secreta [NamJin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora