Me revolví inquieta en mi silla y miré alrededor de la cafetería con nerviosismo.
Puedo hacer esto. Puedo hacer esto. Puedo hacer esto.
Lo he hablado con Madison millones de veces, y siempre llegamos a la misma conclusión: Nada.
Pero hoy es el día. Estoy muy nerviosa, no sé qué esperar, no sé qué pasará.
Suspiré y jugueteé con el dobladillo de mi camiseta. Esta mañana estaba tan nerviosa, que no podía ni ponerme la ropa. Me despertó el calor, y corrí a abrir la ventana, pero la maldita cosa no cedió, así que tuve que encender el ventilador, y mi cabello se hizo un desastre, aún después de la ducha. Estuve luchando con la ventana durante casi veinte minutos, hasta que me rendí.
No podía ponerme la ropa, las manos me temblaban y tenía la mente en otro lugar. Me puse la camiseta con las costuras por fuera, y los vaqueros también.
Esta mañana fue un completo desastre.
Pisé a Choco al menos seis veces, me tropecé por las escaleras más de dos, y volqué mi plato con cereal otras tres ocasiones, así que simplemente dejé de intentar hacer cosas.
Choco y el cereal sufrieron y ellos no tenían la culpa de nada.
Una sombra se interpuso entre la ventana y yo. Parpadeé furiosamente.
Mi corazón empezó a latir ferozmente y la respiración se me atascó en la garganta. De pronto era difícil respirar.
No levanté la mirada. El pánico se creció en mi interior.
–Kaelin.
La sombra se movió y un hombre estuvo frente a mí, con la mano extendida, esperando que la estrechara.
Me aclaré la garganta.
–Hola. –susurré.
John se sentó en la silla frente a mí, al otro lado de la mesa, y me permití inspeccionarlo.
Su cabello era ligeramente blanco, canoso. Tenía unas cuantas arrugas en su rostro, en la esquina de los ojos. No era feo. Era alto, más alto que Alex. Los vaqueros y la camisa a cuadros no mostraban que estuviera en sus cuarentas.
Sacudí la cabeza y lo miré. Él me estaba mirando fijamente, también, inspeccionándome. Me mordí el labio con nerviosismo y desvié la mirada. Él se aclaró la garganta.
–Te pareces a tu madre.
Dejé escapar una respiración lenta y temblorosa.
–Lo siento. –pareció apenado. –Luces hermosa.
Le sonreí tímidamente y carraspeé.
–Yo...sólo… yo sólo… yo...
Suspiré y me tapé la cara con ambas manos.
No puedo hacer esto.
–No sabes por qué me llamaste. –dedujo y sonrió tristemente. Asentí. –Yo sí.
Ahora tenía toda mi atención.
– ¿En serio? –pregunté y él asintió sonriendo. –Entonces dime, porque como que estoy teniendo un pequeña crisis.
Su sonrisa se amplió.
–Eres igual a mí. Tienes mi carácter. –suspiró cuando arqueé una ceja. –Quieres respuestas.
Me mordí el labio y asentí. Sí, creo que eso resume bien el por qué lo llamé.
– ¿Qué quieres saber?
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Cómeme con chocolate
Teen Fiction¿Qué haces cuando la persona que más quieres te ha dejado sola?
