No podía abrir los ojos, no me podía mover, sólo escuchaba voces, murmullos lejanos que se perdían con la inconsciencia.
La piel de gallina llegó. No me gustaba no saber dónde estaba, no me gustaba no poder abrir los ojos. También hacía mucho frío en la habitación, podía asegurarlo, mi cuerpo temblaba.
¿Estaba en un hospital?
"Por supuesto que estás en un hospital, estúpida, nos caímos por las escaleras, ¿a dónde esperabas que nos llevaran? ¿Al cine?"
No tengo la suficiente energía para discutir contigo.
Sólo gruñó como respuesta.
Esperen... probablemente estaba drogada.
Mis ojos se abrieron de golpe y los cerré inmediatamente al ver la brillante luz que apuntaba justo a mi rostro. Una voz masculina maldijo, y luego la luz se había ido, pude darme cuenta del cambio detrás de mis parpados.
Cautelosamente abrí los ojos de nuevo, mi mirada desenfocada por toda la habitación blanca, el sino de un monitor incrementó el dolor de cabeza. Unos preocupados ojos verdes se encontraron con los míos y tragué saliva.
Alex se acercó hasta quedar a mi lado, sin quitar su mirada de mi rostro. Era un poco incómodo, ¿quién sabe cómo luciría yo en este momento?
Ni siquiera quería saberlo.
Cálidos labios dejaron un casto beso en el dorso de mi mano.
Inmediatamente entré en pánico. Mierda, ¿dónde estaban mis pulseras?
–Qué bueno que despertaste, Kae. Estaba muy preocupado. –dijo con voz ronca.
– ¿Qué pasó? –pregunté, dos segundos después hice una mueca. Jesús, mi voz sonaba horrible, parecía un pato sufriendo.
– ¿No recuerdas nada? –el ceño fruncido sólo lo hizo lucir más preocupado. Y guapo.
–Caí por las escaleras. –tenía que dejar de hablar, por el bien de todos.
Él asintió.
–Pero no caíste, no por completo. Te quedaste hecha un ovillo a la mitad de las escaleras, temblando e inconsciente. Encontré a Allison intentando levantarte cuando llegué a su casa, yo... -carraspeó, apartó la mirada y la ubicó en el monitor detrás de mí. –Estaba muy asustado. –admitió en voz baja.
Mi corazón se estrujó, pero las mariposas en mi estómago hicieron cosas locas.
–Lo siento. –susurré.
Su ceño se profundizó.
– ¿Por qué? Tampoco es como si te hubieras lanzado a propósito. –una mirada cautelosa. – ¿Cierto?
Comencé a reír, negando con la cabeza, pero incluso reír dolía. Quité la fría y dura manta que cubría la mitad de mi cuerpo, entonces me di cuenta de la fea bata de hospital que tenía puesta.
Haciendo una mueca de dolor, intenté sentarme, pero la punzada aguda de dolor que me dejó sin aire me hizo recapacitar sobre mi idea. Había tubos, extraños cables en mis manos que picaban. Moría por rascarlos.
Alex estuvo a mi lado en menos de un segundo, tomando mi mano y diciendo palabras tranquilizadoras. Mierda, quería llorar. Patético, pero cierto. Sentía mucha impotencia, y eso que sólo no pude sentarme.
Era peor que el dolor después de hacer abdominales.
"¿Y tú cuándo has hecho abdominales?"
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Cómeme con chocolate
Teen Fiction¿Qué haces cuando la persona que más quieres te ha dejado sola?
