Capitulo 47.

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Gruñí con frustración y maldije en voz baja.

Era el mayor imbécil de todo el mundo.

No sólo pro lo acababa de hacer, sino por todo lo anterior a eso.

Y no hablaba sólo por hablar, todos lo sabían. Joder, ¿podría perdonarme alguna vez? Inmediatamente supe la respuesta, y no me gustó.

Mantuve mis manos en la espalda en un intento por evitar zarandear o cometer un asesinato hacia la puta zorra de mierda que me sonreí desde el otro lado de la mesa. Tenía cierta inclinación hacia la segunda, y la verdad me costaba mucho contenerme.

Scott, un chico de la escuela, me miró y palmeó mi espalda.

–Lo hiciste bien.

Apreté los dientes y resistí el impulso de golpearlo.

Shelly sonrió en mi dirección. Una sonrisa lasciva. Me tragué las ganas de vomitar que llegaron repentinamente y apreté los puños detrás de mí. En realidad no sabía qué veían los chicos en ella, tenía dos teorías: o estaban muy desesperados, o ella los violaba.

Ninguna me parecía lo suficientemente buena para acostarse con ella.

Y en mi caso... bueno, no era algo que me gustara recordar, y hasta fingía que nunca sucedió, pero... yo estaba imaginando a otra chica cuando pasó. Una chica que seguramente me odiaba en este momento.

Era plana como una tabla, por todas partes. Sin mencionar que su actitud no ayudaba... además que todos la odiaban y estar dentro de ella era como entrar en una cueva sin fondo.

–Tranquilo, Alex. –dijo la tabla. –Estoy segura de que esa estúpida chica te perdonará y podrás acostarte con ella. –tomó mi mano por encima de la mesa y aparté la mía con asco. Ella puso los ojos en blanco. –No arruinamos tus planes por completo.

Joder, sólo quería saber si estaba bien. Quería saber que me perdonaría.

Me arrastraría si era necesario, sólo necesitaba escuchar su voz diciéndome que todo estaba bien. No, borren eso, la necesitaba diciéndome que se quedaría conmigo a pesar de toda la mierda que tenía encima.

Y esa mierda tenía nombre: Shelly.

Ya eran más de las tres, yo apenas y podía estar quieto en un solo lugar. Me arrepentí en cuanto la puerta de ese maldito armario se cerró, pero ya todo estaba hecho. El baile seguramente ya había acabado desde hacía un rato.

Una imagen de su rostro lleno de lágrimas invadió mi mente y me sentí como el pedazo de mierda que en verdad era.

Tragué saliva y desvié la mirada.

Sólo quería irme de ese maldito lugar y buscarla. Rogarle que me perdonara y luego... bueno, eso ya era tener demasiada suerte. Y dudaba contar con ello.

Probablemente me odiaba.

Necesitaba que me perdonara. Diablos, no podía perdonarme yo mismo, ¿cómo podría ella hacerlo siquiera?

Ni siquiera me atrevía a decir su nombre.

–De todos modos no sé por qué te interesa ella. –dijo Shelly mientras acariciaba mi pierna con si pie. Retiré mi pierna y me senté más recto en mi lugar. Ella me miró fijamente. –Es sólo una niña, Alex. Yo sé cómo complacerte.

En realidad no lo sabía, pero decir sólo empeoraría la situación.}

Shelly aún estaba resentida conmigo por haberla dejado desnuda en mi cama, a mitad de un orgasmo y sin cerrar la puerta al salir, pero en ese momento yo tenía a otra persona más importante en mente. Sólo había una chica que podía hacer reaccionar a mi cuerpo de esa manera. Esa otra persona había salido llorando de mi casa, y me odiaba a mí mismo por ello. Pero esa misma persona también acababa de ser lastimada por mí, de nuevo.

Cómeme con chocolateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora