Escondí el rostro entre mis manos y sentí las lágrimas en la parte posterior de mi garganta.
Lo arruiné.
Lo arruiné por completo.
Arruiné la única oportunidad que tenía de ser feliz con la chica que quería, la misma chica que me tenía vuelto loco. Y que abandoné después de tomar su virginidad.
Ni siquiera tenía una patética excusa.
Simplemente me asusté cuando dijo que me amaba. No estaba listo para eso, o al menos eso creía. Siempre que una persona me quería, terminaba lastimada, y ella no fue la excepción, hice todo lo posible para que lo fuera, pero todo resultó mal.
Quería estar con ella, maldición.
Quería despertar a su lado y verla sonreír. Todos los días del resto de mi miserable vida.
Pero como fui un cobarde mierda, esa oportunidad se había ido para siempre.
Sentado en una cafetería a menos de un kilómetro de la cabaña, me sentía como la mierda que en verdad era. Sólo un sentimiento me llenaba: desprecio.
Me odiaba a mí mismo, pero sabía que eso no arreglaría nada.
Sólo quería regresar y abrazarle, susurrarle que todo estaría bien y que no me iría, pero ya había hecho eso una vez, y sabía que ella no me creería de nuevo.
Suspiré cuando una sombra se precipitó a mi lado. La silla frente a mí fue ocupada por alguien, pero no estaba de humor para levantar la cabeza. Un carraspeo familiar me sacó de mis pensamientos y levanté la mirada.
Mi boca se abrió cuando me encontré con la mirada curiosa y el ceño fruncido de John. Bueno, esto era una sorpresa. Hice una mueca. Si él se enteraba de lo que le hice a su hija... sí, probablemente me castraría.
Y yo no siquiera me negaría, lo dejaría hacerlo. Lo merecía.
– ¿Qué estás haciendo aquí? –pregunté con voz ronca.
–Te ves como la mierda. –respondió.
Asentí. Eso lo sabía. No dormí nada durante la noche, las pesadillas me seguían, y sólo soñaba con ella, la noche que pasamos juntos, luego la imaginaba llorando y me despertaba bañado en sudor frío. Era horrible, pero me lo busqué yo solito.
Además, tenía varios días sin afeitarme, y la ligera capa de barba no ayudaba mucho. Tenía ojeras, barba y estaba seguro de que mi postura encorvada daba una exacta impresión de vete a la mierda.
Al menos no olía mal.
No, borren eso, apestaba como persona.
John me miró detenidamente.
–Creo que necesitas dormir.
– ¿En serio? –gruñí.
Él entrecerró los ojos.
–Llevan aquí más de un par de días, y veo que no has dormido mucho, ¿qué han estado haciendo?
Sentí el calor trepar por mi rostro y eché una rápida mirada en su dirección. Mi boca se abrió, pero la cerré inmediatamente.
Él hizo una mueca.
– ¿Sabes qué? No me respondas.
Bueno, eso era más fácil, porque, ¿cómo le decía al hombre que dejé a su hija después de quitarle la virginidad? Con eso sólo me ganaría un golpe en alguna parte muy importante de mi cuerpo. Que no era precisamente la cabeza... al menos no la que estaba sobre mis hombros.
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Cómeme con chocolate
Teen Fiction¿Qué haces cuando la persona que más quieres te ha dejado sola?
