Las vacaciones se acabaron.
Un mes y medio de dormir, comer y ver películas... entre otras cosas.
La escuela comenzaba de nuevo, otro semestre, más tareas, y mucha flojera.
Y yo estaba tan, tan, tan entusiasmada.
Se notaba en mis ganas de levantarme por la mañana.
–Vamos, pequeña, despierta. –suaves besos eran dejados en mi hombro, subiendo por mi cuello, pasando por mi mejilla hasta llegar a mis labios. –Ya vamos tarde, Kae.
Murmuré algo incoherente, que fue cortado cuando sentí algo cálido subir por mi pierna, haciéndome unas ligeras cosquillas. Busqué bajo el edredón y encontré una mano que no era mía, haciendo su camino hasta mi cadera. Jalé dicha mano cálida y la abracé, buscando calor.
Tenía frío, mucho frío. La falta de ropa no ayudaba.
–Kaelin. –su voz se volvió más firme. –Levántate, ya. Vamos a llegar tarde.
Sonreí contra la almohada.
–Mentiroso.
–Vamos, levántate.
–No.
Cubrí mi cabeza con el edredón y me enrosqué en una bola debajo, intentando alejarme de sus quejidos. Quería dormir, ¿era mucho pedir? El mundo no se acabaría si llegaba tarde a la escuela, o si faltaba el primer día.
Algo extraño se metió debajo del edredón, olisqueando mi pierna, una helada y húmeda nariz tocando mi piel. Alejé mi pierna de eso y unos segundos después Choco se acurrucó contra mi estómago, ofreciéndome más calor.
– ¿Él es bienvenido y yo no? –el tono dolido en su voz me hizo gruñir.
–Sí. –me revolví más en la cama, encontrando la camiseta de Alex y poniéndomela por la cabeza. Justo cuando tocó mis muslos, el edredón fue levantado de un extremo, y unos helados pies se presionaron contra mi muslo desnudo, haciéndome aullar. – ¡No!
Luego les siguió todo el cuerpo de Alex, escondiéndose conmigo bajo el cómodo edredón. Choco bajó de un salto de la cama, obviamente molesto por no dejarlo dormir.
– ¿Ya despertaste? –preguntó el chico a mi lado con burla. Sus ojos verdes brillaban con humor y malicia.
–Ni siquiera son las cuatro de la mañana, Alex. –me quejé. –Está oscuro afuera, ¡hace menos de tres horas que nos metimos a la cama!
– ¿Y?
– ¡¿Y?! ¡Tengo sueño!
–No me grites. –frunció el ceño. –Estoy aquí frente a ti.
Suspiré y pateé una de sus piernas, quitándola de mi camino para acurrucarme a su costado, mi cabeza descansando en su pecho. Nos quedamos en silencio un rato, sólo nuestras respiraciones e escuchaban en toda la habitación, adormeciéndome.
Ya estaba más dormida que despierta cuando una mano comenzó a acariciar mi cabello suavemente.
–Kae, levántate, quiero mostrarte algo.
–Es muy temprano. –susurré. Me apretujé más a su cuerpo y lo escuché gemir. Eso me hizo sonreír. –Debemos levantarnos en menos de dos horas, Alex. Quiero dormir un poco.
–Lo sé, pero es importante.
Gruñí. ¿Qué podría ser tan importante? Mi cama era demasiado cómoda, Alex era demasiado cómodo. Dudaba seriamente que algo fuese lo suficientemente importantee para alejarme durante un minuto siquiera.
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Cómeme con chocolate
Novela Juvenil¿Qué haces cuando la persona que más quieres te ha dejado sola?
