XXIII

205 14 53
                                        

Francia

—Por mí me quedaba a disfrutar la tarde contigo

—Aunque quisiera no podría

Su respuesta se me hizo extraña.

—¿Por qué no?

Estaba casi segura de que Carolina preferiría pasar tiempo conmigo que hacer otra cosa. Talvez era algo de la universidad que no podía aplazar o un asunto familiar.

—Saldré con Otto y alguien que quiere presentarme

—¿Alguien?

—Una chica que conoció hace un mes

—¿Es su novia?

Carolina se rió ¿Qué de lo que había dicho era gracioso?

—Quiere presentarmela porque según él, nos podríamos entender MUY bien

Alcé una ceja.

—O sea que te está buscando novia

—Digamos que es lo que intenta

—Pero no es lo que tú quieres y si es posible te quedarías en algo no serio con ella

Para que te digo que no si sí

Nos miramos, a veces no lograba entenderla, su manera de ver las cosas.

—No te voy a cambiar, si es lo que piensas

—No pensaba en eso, pero gracias por aclararlo

—¿En qué piensas?

—En ti y en mí como unas casanovas

—Te gusta, no lo niegues

—Es un poco raro. Sobre todo cuando no eres tú quien decide salir con quien quieres y es tu primo baboso el que te consigue citas

—Claro, por ti te quedarías sólo con Margot

—Margot es algo aburrida, pero no creo que sea tan intensa como Karen ¡Por el dios de Krypton! Me ha enviado mensajes desde que le escribí para vernos hoy, fotos y hasta me ha llamado. En serio quiero que las cosas queden hasta aquí, salir con ella hoy y no más

Ella se rió.

—Ahora cuando halagues a una chica procura hacerlo lejos de Mario

—Creeme, ganas no me faltan, ni de...

Detuve mi monólogo contra mi primo. Mi teléfono sonó, era un mensaje de Karen.

—Que ya está lista y ya puedo pasar por ella

—Suerte

Me dio dos palmaditas en el hombro, como dándome ánimos.

—Si algo sale mal Mario lo pagará

Me puse de pie y ella también.

—Sólo disfrútalo

Nos despedimos con un corto beso y conduje a la casa de Karen con un mantra en la cabeza.

Disfrútalo

Cuando vi salir a Karen de su casa me quedé impresionada, se veía muy bonita, nada que ver a cómo se veía con su traje de enfermera.

—¿Me veo bien?

Preguntó sonriente.

—Definitivamente

Respondí honesta, haciendo que ella sonriera más y me diera un beso en la mejilla.
Eran como las seis y media y el tráfico estaba pesado.

—Cosas que odio de la ciudad

Otras PersonasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora